EL VERBO DE LA CERCANÍA

¿Qué implica «conocer» a Dios?

El verbo hebreo yada‘ es uno de los quince verbos más usados en el Antiguo Testamento. Su significado básico es «conocer» y aparece 943 veces en el texto hebreo. Este verbo tiene diferentes sentidos y matices. En esta ocasión, se explora el uso de este verbo en el Antiguo Testamento y su aplicación en la vida de todo creyente.

El sentido esencial de yada‘ apunta a saber o conocer cierta información sobre alguna cosa o persona. Por ejemplo, en 2 Samuel 24:2, la Biblia declara: «Dijo el rey a Joab, general del ejército: “Recorre todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Beerseba, y cuenta al pueblo, para que yo sepa [yada‘] el número de la gente”». Se nota aquí que el interés del rey es tener información acerca de la cantidad de hombres que tendría a disposición en el ejército. El mismo uso se percibe cuando Saúl fue a consultar a la mujer de Endor. Cuando el rey llegó ante la mujer, ella le dijo: «Tú sabes [yada‘] que Saúl ha cortado del país a los médiums y a los espiritistas» (1 Sam. 28:9).

Otro significado del término va más allá de lo cognitivo e implica reconocer o diferenciar la naturaleza de una cosa. Por ejemplo, al referirse a los ninivitas se afirma que «no disciernen [yada‘] entre su mano derecha y su mano izquierda » (Jon. 4:11). Definitivamente, ellos podían diferenciar entre la izquierda y la derecha, pero no reconocían (o no sabían diferenciar) entre lo bueno y lo malo. Este sentido también se puede ver en otros casos, como cuando David cortó parte de la vestidura a Saúl y le dijo: «Yo corté la orilla de tu manto y no te maté. Reconoce [yada‘], pues, que no hay mal ni traición en mi mano, ni he pecado contra ti» (1 Sam. 24:11). Así, este nivel de conocimiento no solo implica información, sino que apunta a reconocer intenciones del corazón o de aspectos morales.

Un tercer significado apunta al conocimiento a nivel experiencial o relacional. Es decir, conocer algo por experiencia y no solo por observación. Un pasaje claro que alude a este tipo de conocimiento se encuentra en Génesis 4:1, que dice así: «Adán conoció [yada‘] a su esposa Eva, que concibió y tuvo a Caín». En este pasaje, el verbo «conocer» se refiere a la intimidad entre Adán y Eva, que dio como resultado el nacimiento de Caín. Este «conocer» requiere no solo conocerse a nivel cognitivo, sino también reconocer el sentir o la intención del otro, así como desarrollar un conocimiento vivencial. Entonces, la intimidad entre ambos es posible al llegar a un nivel de intimidad que no es puramente carnal, sino emocional y hasta espiritual.

En cuanto a la relación del ser humano con Dios, es posible que alguien diga como Faraón, «¿Quién es el Señor para que yo obedezca su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco [yada‘] al Señor» (Éxo. 5:2). Seguramente, no tenía el nombre de Dios entre sus dioses y no habría escuchado de él antes.

En cuanto al segundo nivel de conocimiento, el pueblo de Israel, en muchas ocasiones, no reconoció a Dios a pesar de conocer los preceptos divinos. En Isaías 1:3 se declara, «el buey conoce [yada‘] a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; pero Israel no conoce [yada‘], mi pueblo no tiene discernimiento». En este pasaje no se niega que el pueblo sea ignorante de Dios en el sentido de que no tengan información acerca de Dios. Al contrario, en el versículo 4 se dice que los integrantes del pueblo «dejaron al Señor, despreciaron al Santo de Israel, le dieron la espalda». Es decir, tenían conocimiento acerca de Dios, pero no lo reconocieron como su Dios y Señor. Así, no basta con saber acerca de Dios; es necesario reconocerlo como tal.

Finalmente, la clave para una vida próspera requiere conocer a Dios no solo a nivel de conocimiento intelectual, sino que implica vivir con él y experimentar su presencia. Es decir, tener una relación cercana o íntima con el Señor.

De hecho, en Jeremías 9:24 se alude a este nivel de conocimiento sobre Dios cuando se declara: «Alábese en esto el que se haya de alabar: en entenderme y conocerme [yada‘], que yo soy el Señor, que actúo con bondad, justicia y rectitud ». Aquí se muestra que conocer a Dios se refiere a experimentar lo que él hace y no limitarse a lo que se dice de él.

Por tal motivo, Dios hace la siguiente invitación: «Conozcamos [yada‘] al Señor, insistamos en conocerlo [yada‘]» (Ose. 6:3). Esto implica entrar en relación con él al punto de que se cumpla lo que dice el salmista: «Estén quietos, y conozcan [yada‘] que Yo soy Dios» (Sal. 46:10). Esto significa que debemos dejar que Dios se manifieste como tal y así conocerlo en la experiencia y en la vida diaria como resultado de una relación íntima y cercana con él.

Invierte tu tiempo en saber de Dios, reconocerlo como tu Señor y relacionarte con él hasta el punto en que se manifieste en tu vida.

¡Maranata!

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