Una guía de lectura de Elena White para los ansiosos
Desde que tengo memoria, los escritos de Elena White estaban a mi alrededor. Mi padre leía sus devocionales durante el culto familiar; sus citas aparecían en cuestionarios de clases bíblicas; y también aparecía en presentaciones de PowerPoint de la iglesia. Siempre estuvo presente en mi vida. Como adventista de cuarta generación, heredé el Espíritu de Profecía.
Y nunca dudé de que estaba inspirada. Ese no fue el problema.
El problema fue que sabía que era inspirada.
Eso significaba que no podía descartar sus fuertes palabras como si fuesen ideas u opiniones culturales obsoletas. Si era inspirada, entonces todo lo que decía sobre el juicio, la responsabilidad, la salud y la pérdida de tiempo era importante. Y para un alma ansiosa, perfeccionista y sensible como yo, eso resultaba abrumador.
Este artículo es para los agobiados del corazón. Los que han cerrado sus libros porque era demasiado para ellos. Los que quieren valorar sus escritos, pero se estremecen.
Podía leer el libro de Levítico con curiosidad. Podía luchar con la violencia del Antiguo Testamento y los mensajes aparentemente contradictorios de Santiago y Pablo. Podía leer las reprimendas de Jesús sin inmutarme. ¿Pero las palabras de Elena White? Parecía que me perforaban.
Fíjese en esta cita de Palabras de vida del gran Maestro: «Se nos hará individualmente responsables si hacemos una jota menos de lo que podríamos efectuar con nuestra capacidad. El Señor mide con exactitud toda posibilidad de servicio. Hemos de dar cuenta tanto de las facultades no empleadas como de las que se aprovechan. Dios nos tiene por responsables de todo lo que llegaríamos a ser por medio del uso debido de nuestros talentos. Seremos juzgados de acuerdo con lo que debiéramos haber hecho, pero no efectuamos por no haber usado nuestras facultades para glorificar a Dios. Aun cuando no perdamos nuestra alma, en la eternidad nos daremos cuenta del resultado de los talentos que dejamos sin usar. Habrá una pérdida eterna por todo el conocimiento y la habilidad que podríamos haber obtenido y no obtuvimos».1
No sé cuántas capacidades no utilizadas he dejado atrás. ¿Docenas? ¿Cientos? ¿Miles? ¿Con cuántas personas me he cruzado? ¿Cuántas veces he evitado una conversación? ¿Cuántas veces no he estudiado la Biblia? ¿Cuántas veces no he comido bien? Así que, decidí dejar de leerla. Sabía que todo tenía que ver con Cristo, pero no era así.
Y sin embargo…
Tuve mentores que amaban sus escritos y me querían a mí. Tenía amigos que tomaban en serio su consejo y aún disfrutaban del gozo de la salvación. No eran personas crédulas. Eran perspicaces, llenos del Espíritu, y con fundamento teológico.
Así que les hice algunas preguntas y me respondieron con amor y llenos de gracia. Oré mientras rememoraba sus palabras y poco a poco, el temor dio paso a la belleza.
Pero no todo el mundo tiene mentores como yo. La gente se aleja de Dios porque se lastima innecesariamente con sus palabras, que son agudas. Pero si no cortan para sanar, algo estamos haciendo mal. Este artículo es para los agobiados del corazón. Los que han cerrado sus libros porque era demasiado para ellos. Los que quieren valorar sus escritos, pero se estremecen.
Debo agregar que soy una persona muy sensible,2 lo que significa que siento las cosas profundamente, tanto emocional como espiritual e incluso físicamente. Entonces, si bien esto es para todos, en especial es para los que sienten lo mismo que yo.
He llegado a creer que los escritos de Elena White no solo son seguros para el corazón ansioso: son esenciales. Pero solo cuando se los lee correctamente; y para eso es esta guía.
Comencemos.
¿Está seguro de que Elena White escribió eso?
A la gente le encanta citar a Elena White. En sermones, en Facebook, en discusiones. Su nombre se invoca a menudo, pero con menos frecuencia se cita la fuente. Yo también he sido culpable de ello. A veces confiamos en lo que hemos escuchado sin verificar su exactitud; pero eso es peligroso. No podemos luchar con lo que realmente escribió si estamos reaccionando a algo que no escribió. Incluso una cita verdadera, sacada de contexto, puede distorsionar su significado.
Vale la pena decirlo claramente: algunas citas que andan por ahí son ficticias, fabricadas. Otras son reales, pero han sido malentendidas. Por ello, el primer paso es simple: hallar la fuente. Léala en contexto. Compruebe a quién está dirigida; qué provocó el comentario y qué más dijo al respecto. No se puede aplicar lo que no existe.
Las palabras duras son para los obstinados, no para los sensibles
Elena White no escribió en el vacío. Escribió a personas reales, en situaciones específicas, con puntos ciegos muy reales. A veces esas personas eran perezosas, o se creían moralmente superiores. Otras veces eran tenazmente desobedientes y cuando ella lo percibía, no se contenía.
Pero si usted ya está cargado de culpa, y se pregunta si está decepcionando a Dios; si ya está haciendo su mejor esfuerzo y siente que no es suficiente, entonces esas palabras probablemente no estuvieron dirigidas a usted.
Eso es lo que dijo Jaime White sobre los escritos de Elena:
«[La señora White] trabaja con esta desventaja: hace fuertes llamamientos, que unos pocos sienten en lo más íntimo, y entonces toman posiciones fuertes y se van a los extremos. Entonces, para salvar la causa de la ruina, como consecuencia de esos extremos, se ve obligada a presentar reproches a los extremistas, de manera pública. Esto es mejor que dejar que todo se haga añicos; pero la influencia tanto de los extremos como de los reproches es terrible sobre la causa, y trae sobre la señora White una carga triple. Aquí está la dificultad: lo que ella puede decir para instar a los retrasados, lo toman los listos como un impulso para ir más allá de lo que corresponde. Y lo que ella puede decir para advertir a los listos, celosos e incautos es tomado por los retrasados como una excusa para quedarse demasiado atrás».3
Eso es exactamente lo que solía pasarme. Una advertencia destinada a sacudir a los apáticos me aplastaba. Una reprimenda destinada a denunciar la hipocresía me hacía caer en un espiral, por más que ya me había arrepentido.
He aquí una la conclusión práctica: si usted lee algo que siente demasiado duro, haga una pausa. Investigue para saber a quién fue dirigido. Pregunte por qué se escribió. Pregúntale al Espíritu si se aplica a usted, o si está siendo mal aplicado por su propia responsabilidad excesiva. Y recuerde: el hecho de que algo sea inspirado no significa que haya sido para usted en este momento.
Contexto, contexto, contexto
Algunas de las citas de Elena White parecen extremas. Lo mismo sucede con algunos versículos bíblicos, como el que dice: «Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras y no solamente por la fe» (Sant. 2:24).
Tomado así solo, parece ser lo opuesto al evangelio.
El problema es que sabía que era inspiradaPablo escribe exactamente lo opuesto: «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe […]. No por obras, para que nadie se gloríe» (Efe. 2:8, 9).
Pero cuando leemos ambos en contexto, queda claro: Santiago está escribiendo a personas que afirmaron tener fe mientras vivían de manera egoísta. Pablo está escribiendo a personas que creían que podían ganar la salvación por medio de sus acciones. Ambos estaban abordando problemas diferentes. Y ambos tenían razón.
El mismo principio se aplica a Elena White.
En un momento dado, escribió con vehemencia en contra de gastar dinero en bicicletas. Eso suena absurdo hoy, hasta que sabemos más. En ese momento, las bicicletas eran artículos de lujo que costaban más que el ingreso anual de muchos de sus lectores. Las familias se endeudaban tratando de mantenerse al día con la tendencia, y muchos dejaron de donar para la misión porque querían adquirir el último modelo.
Por eso, escribió: «Han sucedido muchas cosas extrañas en Battle Creek con la fiebre de la bicicleta, que ha disgustado mucho al Señor y ha deshonrado profundamente la causa de la verdad presente. Dios responsabiliza a quienes han gastado dinero en ello».4
En contexto, esa no fue una prohibición universal de las bicicletas. Fue una advertencia específica sobre las distracciones, las deudas y las prioridades fuera de lugar. Si Elena White estuviera viva hoy, podría escribir algo similar sobre teléfonos inteligentes o la necesidad de ser vistos en todos los medios sociales.
Entonces, antes de descartar o entrar en pánico por una cita, investigue: ¿Qué estaba pasando? ¿A quién le estaba escribiendo? ¿Qué problema estaba tratando de resolver?
Usemos el cerebro
Dios nunca nos pidió que dejemos que Elena White pensara por nosotros. Ella dio principios; a veces, aplicaciones. Pero nunca tuvo la intención de que aplicáramos todo en todas partes sin pensar. Ella misma lo dijo en una reunión de la junta escolar en la que la gente justificaba reglamentos rígidos con la frase: «Elena White lo dijo». Pero ella los frenó, diciéndoles: «Dios quiere que tengamos sentido común, y que razonemos con sentido común. Las circunstancias alteran las condiciones. Las circunstancias cambian la relación de las cosas».5
En otras palabras: no «copie y pegue» a ciegas. No todo lo que dijo se aplicará directamente a su vida. Pero no por ello tiene que descartarlo. Significa que tiene que hacer un alto, orar, estudiar y reflexionar. ¿Cuál es el principio? ¿Cuál es el tema del que estaba hablando? ¿Cómo podría aplicarse eso hoy? Y si su aplicación conduce a la culpa, el miedo o los extremos, verifique su interpretación. Dios no es el autor de la confusión o el fanatismo. Usemos el cerebro. Dios nos lo ha dado por una razón.
Volvamos a esa cita de Palabras de vida del gran Maestro:
«Se nos hará individualmente responsables si hacemos una jota menos de lo que podríamos efectuar con nuestra capacidad […]. Dios nos tiene por responsables de todo lo que llegaríamos a ser por medio del uso debido de nuestros talentos […]. Aun cuando no perdamos nuestra alma, en la eternidad nos daremos cuenta del
resultado de los talentos que dejamos sin usar».6
Si mi ansiosa interpretación de esa cita fuera correcta, entonces Jesús debería haber pasado cada momento despierto predicando, sanando y buscando personalmente a cada alma que podía encontrar; pero no lo hiz; también descansó; se tomó tiempo libre. Incluso salió de una ciudad mientras la gente todavía lo buscaba (Mar. 1:37, 38). ¿Estaba siendo descuidado? ¿Perezoso? No. Estaba dejándose guiar.
Así que claramente, esa cita no puede significar que «hay que hacer todo». Lo que sí significa es esto: estoy llamado a obedecer a Jesús; a darle todo de mí; a entregarle mis talentos para que los use; pero no para terminar agotado tratando de probar algo que él jamás me pidió que probara. Ese párrafo no fue escrito para los de corazón tierno que ya pierden el sueño preguntándose si están haciendo lo suficiente. Fue escrito para los indiferentes. Los que entierran sus talentos por conveniencia, no por agotamiento.
Para personas como yo, que llevan el peso del mundo y asumen que somos responsables, hay otras citas que nos hablan en forma más directa:
«Alejad la sospecha de que las promesas de Dios no son para vosotros».7
«Como la rama depende del tronco principal para su crecimiento y fructificación, así también vosotros necesitáis el auxilio de Cristo para poder vivir una vida santa. Fuera de él no tenéis vida».8
«Ningún hombre está seguro cuando vive para agradar a los hombres, y no busca primeramente la manera de obtener la aprobación de Dios».9
«Los sentimientos no son evidencia del desagrado de Dios».10
Y aun el párrafo que sigue a la cita de Palabras de vida del gran Maestro dice esto:
«Pero cuando nos entregamos completamente a Dios y en nuestra obra seguimos sus instrucciones, él mismo se hace responsable de su realización […]. La verdadera humildad cumple el propósito de Dios dependiendo de su fuerza».11
Ese es el cambio: no es menos urgencia, sino más Jesús; menos miedo, y más fe; menos presión para hacer de todo, y más entrega a aquel que hace lo que más importa.
Algunos de los escritos de Elena White todavía me presentan desafíos. Algunos todavía me golpean, pero con una lente más clara, arraigada en el contexto, los principios y la persona de Jesús, he llegado a amarlos. Ahora la leo de manera diferente.
Si usted se ha sentido herido por sus palabras, lo entiendo. Pero no se aleje. Vuelva a mirarlas. Busque el principio. Busque a la persona. Es posible que lo que encuentre lo sorprenda.12
Elena White, Palabras de vida del gran Maestro (Mountain View, Cal.: Pacific Press Publ. Assn., 1971), p. 297.
2 https://hsperson.com/
3 En Review and Herald, 17 de marzo de 1868. (Énfasis añadido).
4 Carta 19 de Elena White, 1897.
5 Elena White, Mensaje selectos (Miami, Fl.: Asoc. Publ. Interamericana, 2000), tomo 3, p. 247.
6 Elena White, Palabras de vida del gran Maestro, p. 297.
7 Elena White, El camino a Cristo (Nampa, Id.: Pacific Press Pub. Assn., 1993), p. 52.
8 Ibíd., p. 68.
9 Elena White, Patriarcas y profetas (Mountain View, Calif.: Pacific Press Pub. Assn., 1954), p. 704.
10 Elena White, Daughters of God (Hagerstown, Md.: Review and Herald Pub. Assn., 1998), p. 146.
11 Elena White, Palabras de vida del gran Maestro, p. 297.
12 Nota de la autora: Esta no es una guía completa. Es lo que me ha ayudado a mí. Pero si usted quiere seguir explorando, le recomiendo Reading Ellen White, de George R. Knight, y el breve artículo «Reglas básicas de interpretación» del Patrimonio White. Ambos ofrecen herramientas para leer sus escritos de manera responsable y redentora. Comience siempre con oración. Manténgase siempre arraigado en las Escrituras. Y siempre, siempre busque a Jesús.
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Callie Buruchara es capellana de un colegio con internado y profesora de Biblia en Virginia, EE. UU.



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