DESDE IRÁN A LA LIBERTAD SUPREMA DE DIOS

06/04/2026

Huyó por temor y terminó descubriendo al Dios del amor.

Su huida de Irán no fue un viaje cuidadosamente planeado; fue un intento desesperado por sobrevivir. Durante años, vivió bajo el peso de la violencia doméstica, el control religioso y un miedo que moldea la vida diaria de muchas mujeres en su tierra natal. Por fin tomó una decisión: arriesgarlo todo en busca de seguridad para ella y su hijo.

Un día, un pastor visitó el centro. Llevaba una Biblia y hablaba de un Dios de amor, que no controla, no intimida, no despoja a las personas de dignidad, sino que las busca allí donde se encuentran.

Para Raha1 fue una revelación. En la tradición religiosa que conocía desde la infancia, Dios era principalmente un juez estricto, y las mujeres tenían menos valor, tanto social como teológicamente. Ahora, por primera vez, escuchó hablar de un Dios que ve el dolor, conoce los nombres de las personas y se acerca a la experiencia humana.

Poco después, Raha y su hijo fueron trasladados a otro centro de refugiados. Su primera pregunta al llegar fue si había alguien allí que leyera la Biblia. En ese centro había una voluntaria llamada Ania –una adventista que trabajaba para una fundación local–. Cuando supo la pregunta de la refugiada quiso conocerla. Su encuentro pronto se convirtió en una conversación que las conmovió a ambas.

Raha no preguntó sobre doctrinas; preguntó por Dios y sobre quién es realmente. Tras varias reuniones, en voz muy baja preguntó si podía asistir a un culto de la iglesia.

Ese sábado, varias congregaciones se reunieron para el culto en un salón de convenciones alquilado. Entre cientos de personas, justo en la entrada, Raha conoció a Marek Micyk –un pastor que nunca había visto antes.

Tras el culto, todos se reunieron en casa de Ania para continuar la conversación. Raha hablaba algo de inglés, pero para expresar sus pensamientos con precisión, habló con Micyk a través de su teléfono celular, traduciendo cuidadosamente frase por frase al persa. Fue entonces que escuchó palabras que cambiarían para siempre su forma de pensar sobre Dios: «No tienes que ganarte el favor de Dios. Él es quien se acerca para encontrarte e invitarte a conocerlo».

Las palabras la conmovieron profundamente. Tras un momento de silencio, dijo que desearía tener un megáfono gigante dirigido a todo Irán, para contar a la gente lo que acababa de descubrir sobre Dios.

Desde ese momento, comenzaron conversaciones en línea sobre el plan de salvación. Finalmente se halló un pastor de Alemania que hablaba persa (o farsi) y que estudió la Biblia con Raha y su hijo. Durante meses, los preparó para el bautismo.

Por fi n, se fi jó una fecha para la ceremonia. Fue un sábado, al aire libre. El cielo estaba nublado y empezaba a llover. No obstante, como muchos han presenciado en otras ocasiones, cuando los candidatos entraron al agua, las nubes se disiparon y apareció el sol.

«La historia de Raha es un recordatorio de que Dios a menudo actúa en silencio, más allá del foco mediático, para llegar a centros de refugiados, en conversaciones mediadas por un traductor electrónico, en los corazones de quienes huyeron del
miedo y encontraron esperanza –dijo Micyk–. También es la historia de una iglesia que está presente dondequiera que alguien empieza a hacer preguntas sobre Dios, y que responde no con teoría, sino con amor».

1 Por cuestiones de seguridad, es un nombre ficticio.

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Unión Asociación Polaca, para Adventist Review

Publicado en la Adventist Review de marzo 2026

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