¿Se inventó la doctrina del Santuario solo para explicar por qué Jesús no regresó en 1844?
La afirmación se difundió ampliamente en 1979. ¿Era bíblica la doctrina del Santuario, o solo una excusa conveniente para evitar la vergüenza? La Comisión de Daniel y Apocalipsis, junto con el Instituto de Investigaciones Bíblicas, abordó el tema con la publicación de siete volúmenes. En ellos se demostró que se trata de una enseñanza bíblica sólida. El descubrimiento adventista temprano es acertado: la «purificación del Santuario» de Daniel 8:14, en lugar de describir que Cristo limpiaría la Tierra al momento de su segunda venida, apunta a la purificación del Santuario en el cielo mediante una obra de juicio.
Daniel 2, 7 y 8 cuentan la misma historia básica, y cada capítulo aporta más detalles. Cuatro metales de una imagen representan los cuatro reinos de Daniel 2. Cuatro animales impuros representan los mismos reinos en Daniel 7, pero con la adición de un pequeño cuerno que surge de la cuarta bestia (Dan. 7:8). Entonces comienza un juicio celestial, con la participación del «Anciano de días» (vers. 9) y de «uno como un hijo de hombre» (vers. 13).
Daniel 8 repite la misma secuencia, pero omite Babilonia, porque este imperio estaba cerca de su final cuando se le da la visión. Esta vez, dos animales puros –un carnero y una cabra– representan a Medo-Persia y Grecia. El pequeño cuerno de Daniel 8 proviene de uno de los cuatro vientos, o direcciones, y apunta a Roma. Muestra la Roma pagana en su conquista terrenal (horizontal) (Dan. 8:9, 10) y la Roma papal en su ataque (vertical) al cielo, al Príncipe de los ejércitos y al lugar del Santuario divino (vers. 11, 12). Un animal limpio habría sido inapropiado para simbolizar a Roma, con la «prevaricación asoladora» (vers. 13) o la «abominación desoladora» (Dan. 11:31; 12:11; ver también Mat. 24:15).
La respuesta del cielo al ataque del Papado, al Santuario y al pueblo de Dios (simbolizada por «la multitud» y «las estrellas» [Dan. 12:3]) aparece en Daniel 8:14: Después de 2300 «tardes y mañanas», el Santuario sería purificado. Esto apunta a un día de expiación celestial. En el servicio del Santuario se usaban tanto un carnero como un macho cabrío, y en ese orden (Lev. 16:3, 9). Ese día, el Santuario era purificado de los pecados confesados durante el año. La sangre del macho cabrío del Señor era rociada primero en el Lugar Santísimo, sobre y delante del propiciatorio, para expiar la ley quebrantada dentro del arca.
Cuando se comparan Daniel 7 y 8, Daniel 8:14 describe claramente el mismo juicio celestial. Ese juicio no solo trata sobre las bestias y el cuerno pequeño (Dan. 7:11, 12, 26; 8:13, 25), sino que también concierne al pueblo de Dios (Dan. 7:9, 10, 13, 14, 22, 27; 8:13, 24, 25).
El punto de partida de este juicio está relacionado con la profecía de las setenta semanas de Daniel 9. Ambos períodos se centran en la obra expiatoria de Cristo: las setenta semanas señalan su sacrificio en la cruz, y los 2300 días señalan su ministerio de expiación en el Santuario celestial.
Antes de que Cristo regrese como «Rey de reyes y Señor de señores» (Apoc. 19:16), los súbditos de su reino tienen que ser identificados claramente por medio de este juicio celestial, que comenzó en 1844.
Solo entonces él podrá «recompensar a cada uno según sea su obra» (Apoc. 22:12).
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Clinton Wahlen es director asociado en el Instituto de Investigaciones Bíblicas.



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