… para los hombres
En una cultura confusa sobre la masculinidad –en la que la hombría es catalogada como dominación o se descarta como innecesaria– las Escrituras ofrecen una mejor manera. Jesús no es solo nuestro Salvador; es nuestro modelo. La Biblia no presenta la masculinidad como agresión, desapego emocional o autopromoción. En cambio, revela hombres moldeados por el carácter de Dios: hombres de valor y bondad, convicción y humildad, fortaleza y entrega.
Para los adventistas, que esperamos el pronto regreso de Jesús, el llamado a la masculinidad piadosa es urgente. Nuestros hogares, iglesias y comunidades necesitan hombres cuyas vidas se alineen con el diseño del cielo. ¿Qué significa ser un hombre de Dios? ¿Y cómo pueden los padres criar niños que se conviertan en líderes espirituales, esposos fieles y discípulos de Cristo? La respuesta más clara se encuentra en Jesús, el verdadero modelo para los hombres.
La masculinidad bíblica se parece a Jesús; no es ni dura ni dominante, ni pasiva o desconectada. Es una convicción valiente guiada por el amor.
MARCAS BÍBLICAS DE UN HOMBRE DE DIOS
Un hombre moldeado según el modelo bíblico es un hombre de convicción, responsabilidad, compasión y humildad.
Un hombre de convicción: Daniel «se propuso en su corazón» (Dan. 1:8). Antes de estar ante reyes, se mantuvo firme en privado. Un hombre piadoso ancla su vida en las Escrituras, no en los cambiantes vientos de la cultura. De igual manera, Josué declaró: «Yo y mi casa serviremos a Jehová» (Jos. 24:15). La masculinidad bíblica brinda dirección espiritual.
Un hombre de responsabilidad: Desde el Edén, la responsabilidad fue marca de la hombría (Gén. 2:15). Pablo escribe: «Si alguno no provee para los suyos […], ha negado la fe» (1 Tim. 5:8). La provisión incluye liderazgo espiritual, presencia emocional y ejemplo moral. Incluso en la cruz, Jesús se aseguró de que alguien cuidara a su madre (Juan 19:26, 27). Un hombre de Dios no evade la responsabilidad, sino que la abraza.
Un hombre compasivo: Jesús lloró (Juan 11:35). En las Escrituras, el amor limita a la fuerza. David perdonó al rey Saúl (1 Sam. 24), y José perdonó a sus hermanos (Gén. 45), demostrando que la verdadera fuerza perdona y restaura.
Un hombre humilde: «El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor» (Mat. 20:26). El Hijo de Dios lavó los pies de otros (Juan 13:5), porque la masculinidad bíblica se inclina para servir.
FUNCIONES MASCULINAS DE LOS PADRES
Si Cristo es el modelo de la adultez, los padres están llamados a vivir en forma deliberada. Las Escrituras revelan que la paternidad piadosa implica múltiples funciones sagradas; que cada una refleja el carácter de Cristo. Consideremos, por ejemplo, las siguientes funciones:
- El sacerdote
Job intercedió por sus hijos (Job 1:5). Como sacerdote del hogar, un padre camina con Dios, dirige la adoración y ora por su familia. - El profeta
Abraham fue elegido para guiar a su casa en los caminos del Señor (Gén. 18:19). Un padre pronuncia verdad, ánimo y bendición. Incorpora la Palabra de Dios a la vida cotidiana. - El rey
La declaración de Josué (Jos. 24:15) refleja un liderazgo noble. Un rey lidera bajo la autoridad de Dios: no por control, sino por dirección humilde. - El consejero
Proverbios utiliza repetidamente la frase «Hijo mío» (Prov. 1:8, 10, 15; 2:1; 3:1, 11, 21, etc.). Los padres inician conversaciones honestas sobre integridad, pureza y vocación. Escuchan con atención y guían con sabiduría. - El guerrero
«Vestíos de toda la armadura de Dios» (Efe. 6:11). Un padre permanece espiritualmente alerta, protegiendo a su familia mediante la oración y el discernimiento. - El constructor
«Si Jehová no edifica la casa…» (Sal. 127:1). Los padres moldean el carácter eterno, no solo el éxito terrenal. - El amante
«Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia» (Efe. 5:25). El amor visible de un padre por su esposa crea seguridad y enseña a los hijos a amar de forma sacrificial. - El amigo
Jesús dijo: «Os he llamado amigos» (Juan 15:15). Los padres que disfrutan de pasar tiempo con sus hijos y buscan conocer sus corazones construyen una confianza duradera. - El sirviente
Cristo tomó «la forma de siervo» (Fil. 2:7). El liderazgo en el hogar significa sacrificio personal. - El mayordomo
Desde el Edén en adelante, la administración definió la responsabilidad (Gén. 2:15). Por tanto, los padres tienen que ser ejemplo de una mayordomía fiel del tiempo, el dinero y la misión.
Es cierto que ningún hombre cumple todas esas funciones a la perfección, pero todo padre puede buscarlas con oración y de manera deliberada.
NIÑOS QUE SE CONVIERTEN EN HOMBRES
Salmos 127:4 dice que los niños son como flechas. Las flechas necesitan ser moldeadas y afiladas. Los hijos no aprenden sobre masculinidad bíblica, sino que son discipulados en ella. Pablo escribió: «Sed imitadores míos, así como yo lo soy de Cristo» (1 Cor. 11:1). Los hijos observan atentamente. Observan cómo los padres tratan a sus esposas, responden al estrés y priorizan la adoración. El currículo más potente es el ejemplo de un padre.
Aquí hay tres áreas específicas que pueden ayudar a los hijos a convertirse en personas completas.
Enseñe responsabilidad desde pequeño. El valor de David para enfrentarse a Goliat se forjó mientras cuidaba ovejas (1 Sam. 17). La responsabilidad genera confianza y resiliencia, así que ¡deles trabajo a sus hijos! Enséñeles a cumplir. Permita que las consecuencias sigan su curso. Asumir responsabilidades los prepara para ser líderes más adelante. Las investigaciones muestran que la mayor determinación del éxito de un hombre es si, de niño, realizó tareas domésticas, aprendió habilidades prácticas e incorporó disciplina y responsabilidades.
Transmita identidad a sus vidas. En el bautismo de Jesús, el Padre declaró: «Este es mi Hijo amado» (Mat. 3:17). La identidad precedió al ministerio. Dígale a sus hijos quiénes son en Cristo: creados a imagen de Dios (Gén. 1:27), llamados a la pureza (1 Tim. 4:12) y diseñados para el amor sacrificial (Efe. 5:25). Una identidad segura protege contra la confusión cultural.
Prepárelos para lanzarse a la adultez. La orientación práctica –un «plan de adultos»– puede enseñar habilidades para la vida, administración financiera, ética de trabajo, disciplinas espirituales y madurez relacional. Sin una formación deliberada, muchos jóvenes permanecen sin desarrollarse y en la inmadurez. Las Escrituras modelan transiciones significativas, como la bendición de Jacob a sus hijos (Gén. 49) y el traspaso de liderazgo de Moisés a Josué (Deut. 31:7, 8). Esos momentos marcaron su disposición para el liderazgo. Tener ritos de paso intencionados y comunicados con claridad: «Estás entrando en la adultez con Dios».
LA URGENCIA DEL MOMENTO
Malaquías profetizó que antes del día del Señor, Dios volvería «el corazón de los padres hacia los hijos» (Mal. 4:5, 6). Esa promesa cobra urgencia hoy. Padres, no necesitan intentarlo solos. Busquen recursos bíblicos fundamentados –libros, videos de formación, conferencias y ministerios de confianza– que ofrezcan orientación práctica para criar jóvenes piadosos. El crecimiento se cultiva, no es accidental. Participar del ministerio para los hombres en su iglesia local puede ser un gran apoyo. Proverbios 27:17 nos recuerda que «el hierro con hierro se afila». Cuando los hombres se reúnen para orar, confesar, estudiar y animarse mutuamente, las familias se fortalecen y las iglesias son reavivadas. Si su congregación carece de un ministerio de hombres activo, quizá Dios lo esté invitando a que ayude a comenzar uno.
Nuestros hijos crecen en medio de confusión moral y definiciones distorsionadas de la masculinidad. Pero el diseño del cielo no ha cambiado. La masculinidad bíblica no es fanfarronería; es obediencia fiel. No es dominación; es liderazgo de servicio. No es represión emocional; es la fuerza liderada por el Espíritu. Se parece a Jesús.
Los hombres que siguen a Cristo crecen en sabiduría. Buscan el favor de Dios antes que los aplausos de los hombres. Se arrepienten rápidamente, perdonan liberalmente y lideran con valentía.
Que Dios levante entre nosotros hombres como José: puros ante la tentación. Hombres como Daniel: firmes en sus convicciones. Hombres como David: rápidos para arrepentirse. Hombres como Pablo: celosos por la misión. Y sobre todo, hombres que reflejen a Jesús: el Hombre perfecto.
La iglesia no necesita una reinterpretación de la masculinidad cultural. Necesita el renacimiento de una masculinidad cristiana. Padres, el futuro está en sus manos, y en las de Dios. Construyan según el modelo, que es Jesús.
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Marty Miller es fundador y presidente de Blueprint for Men, una organización sin fines de lucro dedicada a los hombres (blueprintformen.org).



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