PROTESTAR EN LA IGLESIA

25/05/2026

Cómo responder cuando la iglesia se equivoca

En mis tres décadas de trabajo denominacional he visto mi cuota de escándalos en la iglesia. Recuerdo al responsable de una Asociación que pensaba que redirigir un poco los fondos de la Asociación hacia «emprendimientos más rentables» aportaría más ingresos a la iglesia (no fue así). Luego estaba el directivo de una Unión que unilateralmente no actuó conforme a los reglamentos de la iglesia, en parte porque sabía que los únicos electores que podían hacerle rendir cuentas eran los que elegían personalmente sus amistades. Y es difícil olvidar al líder que ensalzaba las virtudes de la castidad y la integridad, mientras cultivaba una relación ilícita. No somos una iglesia sin errores.

A la luz de ello, ¿qué debería hacer un miembro cabal de la iglesia? ¿Existe una forma adecuada de «protestar» cuando los líderes de la iglesia hacen algo malo? Algunos optan por ignorar la situación, esperando que las cosas mejoren con el tiempo. Otros eligen responder, pero lo hacen de tan mala manera que la situación se agrava en lugar de resolverse. En casos extremos, una intervención inadecuada puede llevar a un caos duradero y a la división de la iglesia y a que los miembros se distraigan tanto que los mensajes de Jesús y los tres ángeles ya no se compartan con quienes necesitan desesperadamente escucharlos. Los errores mal abordados rara vez conducen a resultados beneficiosos.

Qué no hacer

Sostengo que protestar con éxito (y de ser posible solucionar) por los yerros cometidos por los líderes de la iglesia suele comenzar evitando algunos desaciertos comunes. Lo invito a considerar los siguientes tres puntos:

1- Evite asumir automáticamente que entiende el error cometido –o que se ha cometido un error. Lo que usted piensa (o se enteró, o leyó, etc.) que hizo un líder de la iglesia puede ser totalmente cierto. Pero nunca asuma que los informes de segunda mano o incluso lo que presenció usted personalmente conforman la totalidad de la historia. Cualquiera que haya sido miembro del jurado en un juicio sabe que incluso los testigos presenciales de un delito pueden aportar puntos de vista sustancialmente diferentes sobre la misma situación. Sea sabio: reserve su juicio hasta que los hechos estén expuestos en su totalidad.

2- Resístase a hacer uso de redes sociales y otros medios públicos para difundir lo que piensa sobre una situación en desarrollo (y tenga cuidado con lo que otros dicen allí también). Proverbios 18:8 expresa: «Las palabras del chismoso son como bocados suaves»: es decir, ¡a los seres humanos nos encantan los chismes jugosos! ¿Y qué puede ser más jugoso que un líder de iglesia que haga algo malo? Pero Proverbios 16:28 también nos dice: «El hombre perverso promueve contienda; y el chismoso separa a los mejores amigos». Pablo va aún más allá y enumera a los chismosos en la misma frase que menciona a los homicidas y a los sexualmente inmorales (Rom. 1:29, 30), todos ejemplos de quienes no heredarán el cielo. Por tanto, chismorrear es un pecado grave y también puede descarrilar rápidamente los esfuerzos de resolución.

Recuerdo tristemente una vez que un líder de la iglesia cometió un error real, pero nada comparable con lo que afirmaban los chismes. Los legos en el tema comenzaron a pedir que rodaran cabezas, cuando solo hacía falta una palmada en las manos. Esto, en última instancia, y de forma muy injusta, dañó la reputación iglesiageneral del liderazgo de la iglesia ante la feligresía. Al mismo tiempo, una mala decisión, injustamente inflada por los rumores, puede dificultar aún más el desempeño de cualquiera que le toque liderar a la iglesia en el futuro. Por favor, piénselo dos veces antes de añadir su voz a ese proceso de difamación.

3- No use el diezmo como arma. Desde hace más de un siglo, adventistas desanimados de todo el mundo han decidido ocasionalmente que una forma eficaz de protestar contra los males de la sede de la Asociación/Unión/División es retener el diezmo. En mi opinión, esa es una elección extremadamente mala por al menos dos razones.

En primer lugar, rara vez funciona. Al principio de mi ministerio, algunos miembros influyentes y enfadados con la Asociación me aseguraron que «¡el único lenguaje que esos sinvergüenzas entienden es el del dinero!» Desde entonces, sin embargo, he aprendido que pocos son los que reteniendo su diezmo, pueden generar suficiente presión como para que la dirección de la iglesia ceda en este o aquel tema. El adventismo es una entidad global auténtica e interconectada que por lo general no está económicamente sujeta ni siquiera a cientos de miembros que retengan el diezmo. Si un líder de algún nivel es realmente tan malo como dicen los que retienen sus diezmos, probablemente no se dejará convencer (aunque se ejerza una presión financiera), debido a pura terquedad y egocentrismo.

En segundo lugar, incluso si la retención del diezmo «funciona» y los líderes equivocados se vuelven más abiertos al cambio, es probable que otros inocentes sufran daños colaterales reales. Cuando el total del diezmo disminuye, otros líderes cristianos de ese nivel de la iglesia tienen que adaptarse a ello. Esto a menudo se manifiesta en ministerios o pastores que tienen que ser despedidos aun cuando casi siempre no tengan nada que ver con el problema que motivó la retención del diezmo. Para mí, esto tiene implicaciones tanto en el mundo real como eternas.

Imagine, por ejemplo, que una iglesia planea establecer una nueva congregación en una zona no alcanzada tan pronto como llegue el nuevo pastor prometido. Pero entonces, debido al enojo de los miembros en otras partes de la Asociación por una decisión realmente mala que tomó un directivo, se retiene el diezmo y ese nuevo pastor nunca es asignado.1 Estoy plenamente convencido de que las dos partes serán responsables en el juicio final por la cosecha perdida: tanto el directivo que se equivocó en la Asociación, como quienes retuvieron sus diezmos.2

Pasos hacia una resolución saludable

Gracias a Dios, en mi experiencia hay al menos cuatro pasos que se pueden tomar para protestar y a menudo resolver situaciones negativas causadas por los líderes de la iglesia.

1- Ore pidiendo el Espíritu y sabiduría. Por favor, no confunda esto con un cliché: es esencial. Los líderes de la iglesia, cuando están equivocados, pueden causar grandes daños colaterales; pero también usted puede hacerlo al enfrentar de forma inapropiada las acciones de ellos. Necesitamos estar llenos del Espíritu Santo de Dios y del don de su sabiduría si queremos abordar los temas de liderazgo como él lo haría.

2- Tome la decisión de amar al líder que yerra como Cristo lo ama. Quienes se saltan este paso son, lamentablemente, numerosos y fáciles de identificar. Son los que protestan como el mundo, fomentando la división, inventando apodos peyorativos para los líderes que no les gustan, y acusándolos libremente de todo tipo de males y errores.

En sorprendente contraste, las Escrituras nos dicen: «Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian» (Luc. 6:27). Elena White escribió: «Quisiera llamar la atención a las parábolas de la oveja perdida y el hijo pródigo. Quisiera que estas parábolas pudieran influir sobre mi corazón y mi mente. Pienso en Jesús. ¡Qué amor y ternura manifestó hacia el que erró, el hombre caído! Por eso pienso en el severo juicio que alguien pronuncia sobre su hermano que ha fracasado ante la tentación, y ello me enferma».3

Está claro que la actitud que tiene Jesús hacia los pecadores –de estar dispuesto inclusive a dar su vida por ellos– debería ser también la nuestra. El hecho de que un líder de la iglesia tenga que ser justamente exigido a tener una norma más elevada no nos da permiso para tratarlo con desprecio o apatía. Por el contrario, el amor abnegado es el estándar mínimo de los que intervienen cuando un líder de la iglesia no logra ser ejemplo de Cristo.

3- Pida a los demás de manera apropiada que muestren claridad. Para algunos, este paso puede sonar sospechosamente a chismorreo; pero bien hecho, no es fomentar el chisme,4 sino una expresión honesta del deseo de abordar con ternura una situación potencialmete grave. Debido a que el líder suele tener responsabilidades que abarcan territorios grandes, puede que exista una distancia relacional significativa entre el líder y un miembro de iglesia. Esa distancia puede fácilmente distorsionar la percepción, llevando incluso a que miembros sinceros perciban comportamientos incorrectos donde no los hay.

Para evitar ese error, y para ahorrar tiempo y energía emocional, he comprobado que una pregunta sencilla hecha a otros cristianos que son (a) maduros y capaces de discreción piadosa y (b) están situados de tal forma que acaso sepan la respuesta a mis preguntas, puede ayudarme a encaminarme por el camino correcto. Y de hecho, a veces he hallado que ese paso revela un malentendido, que el líder no es culpable del error y que mi preocupación ha terminado. Pero otras veces, me ha indicado que es probable que se haya cometido una injusticia.

4- Aplique los pasos de Mateo 18 lo mejor que pueda. De nuevo: cualquier pagano puede acudir a su plataforma digital favorita y lanzar acusaciones contra los líderes. Pero los cristianos necesitan demostrar un calibre completamente diferente. En mi experiencia, Mateo 18:15-17, si bien no se aplica directamente a los pecados públicos, se aplica en principio a casi todas las situaciones de resolución de conflictos.5 Esto significa que el trabajo de abordar a un líder que yerra tiene que tratar de perseguir al menos tres ideales.

En primer lugar, resuelva el problema en la esfera más pequeña posible, involucrando al menor número de personas. Esto ayuda a manejar mejor la presión sobre la situación, y a proteger la reputación pública de la iglesia, según resulte apropiado. En segundo lugar, al ampliar el círculo de responsabilidad, en la medida en que dependa de usted, elija solo a las personas de mayor calidad espiritual. Y en tercer lugar, recuerde que el propósito siempre es redimir, cada vez que sea posible. La restauración, no la crucifixión, es el objetivo.

Al implementar la primera parte de Mateo 18, hable directamente con el líder en cuestión, de ser posible mediante una reunión en persona, o de no serlo, por videollamada o llamada telefónica, o de ser necesario, por correo electrónico (ya que es lo menos personal y transmite menos matices relacionales). Cuando se comunique por correo electrónico, escriba solo lo necesario (los correos innecesariamente largos suelen no leerse). Si una junta fue la que cometió el daño, pida comunicarse directamente con quien la presidió.

Recuerde abordar siempre a los líderes en esa instancia como si no fueran culpables de lo que sospecha de ellos y plantear sus preocupaciones de esa manera. La cultura local, por supuesto, entra en juego aquí, y la forma en que uno aborda a los líderes de la iglesia puede variar drásticamente de un lugar a otro. En Estados Unidos, tras intercambiar saludos, podría comenzar con frases tales como: «Muchas gracias por su tiempo. Quiero hablar con usted por algo que ha pasado hace poco, y quería acudir directamente a usted para saber su versión de los hechos».

Fíjese en mi mensaje: vengo en mi nombre, no como parte de una banda de miembros descontentos; voy al líder en lugar de basarme en el rumor; valoro la comprensión del líder y busco su punto de vista en lugar de forzar el mío. Esas tácticas pueden ayudar a que él se tranquilice, sabiendo que busco en primer lugar dialogar y entender, en lugar de perseguir.

¿Requiere valor ese tipo de conversación directa pero empática? ¿Puede un líder, confrontado con cariño, ponerse a la defensiva? ¡Sí y sí! Pero en decenas de situaciones a lo largo de mis años de ministerio, siempre he considerado que ese primer paso en Mateo 18 vale la pena. En ocasiones, cuando he enfrentado con cortesía a un líder de la iglesia, este se ha alegrado de que lo respetara lo suficiente como para hablar directamente con él. A veces he aprendido que el supuesto error nunca ocurrió o que fue bastante diferente de lo que pensaba. Otras veces, los líderes han admitido el error, se han disculpado y han procedido a rectificar la situación. Y he comprobado que, aunque la situación no se resuelva, aun así, obtuve información valiosa que más adelante me ayudó a resolver alguna otra situación.6

Si el líder es culpable e impenitente, el principio de Mateo 18 nos llama a ampliar el círculo. Recomiendo añadir a su conversación con el líder que yerra uno o dos ancianos maduros de algún lugar del campo de influencia. Si ven algún progreso, reúnanse tantas veces como sea necesario.

Si el progreso se detiene, el siguiente paso es ampliar el ámbito para incluir a personas con autoridad genuina. Casi todas las Uniones de la Iglesia Adventista poseen protocolos oficiales para la resolución de quejas7 que es necesario seguir. Lo ayudarán a saber con mayor precisión cómo se puede aplicar Mateo 18 en su región. Seguirlos fielmente ayudará a que los demás confíen en sus esfuerzos de intervención y brindará la mayor probabilidad de una resolución saludable.

No obstante, ¿qué pasa si…?

¿Qué pasa si todos sus esfuerzos no llevan a una solución? En mi experiencia, he visto al menos dos posibilidades.

En primer lugar, es posible que usted esté equivocado. Si ha agotado Mateo 18 y los protocolos locales para la resolución de quejas, y la situación aún no se ha resuelto a su satisfacción, puede ser que usted esté equivocado y necesite echarse atrás. Nunca tenga miedo de escuchar a quienes responden de forma diferente a usted, en especial a medida que avanzan los pasos de resolución y aumenta el número de personas implicadas. La sabiduría celestial es algo que aún está presente en el pueblo de Dios. Asegúrese de no estar fuera de ella.

En segundo lugar, en casos raros, un líder que yerra tiene un control político tan fuerte sobre su campo de influencia que siente poco temor de rendir cuentas como resultado de ese status. ¿Qué debería hacer usted entonces?

He estado en esa situación antes. Es desagradable y no conozco soluciones fáciles. Pero sí sé al menos tres cosas. En primer lugar, Dios no ha muerto: sigue mirando e interesándose, trabajando activamente para llegar a una solución, por muy desalentadoras que parezcan las cosas. Él puede sacar algo bueno de cualquier situación.8 En segundo lugar, si la situación es realmente grave, no se rinda. Siga orando periódicamente por el líder que yerra. Siga buscando formas amables de que se haga responsable. Y en tercer lugar, si es un líder electo de la iglesia (y suponiendo que ya completó los pasos de resolución detallados antes, en la medida de sus posibilidades), haga escuchar su voz con cariño y respeto en el próximo ciclo electoral. Puede llevar años. Pero en mi experiencia, los esfuerzos piadosos de las personas piadosas acaban conduciendo a un cambio piadoso.

Valor, sabiduría y amor

Protestar con propiedad contra los errores de los líderes de la iglesia rara vez es fácil. Pero si pedimos el valor, la sabiduría y el amor de Cristo, incluso las situaciones más complejas tienen buenas posibilidades de resolverse. Que Dios nos conceda ese trío virtuoso, para que podamos afrontar con justicia los desafíos externos –e internos– de su iglesia en estos últimos días.

1 Formulo este escenario como hipotético. Tenga la seguridad de que hay historias reales que podría contar en los últimos 30 años, de no ser porque es mejor el anonimato.
2 Puede resultar tentador para algunos discutir aquí sobre si el «alfolí» mencionado en las Escrituras (Mal. 3:10) es realmente la sede de la Asociación local. Para mí, ese punto, aunque resulta algo interesante en algunos contextos, en última instancia es irrelevante. Los hechos son que, en términos administrativos, la Iglesia Adventista está diseñada para financiar ministerios locales mediante una estructura basada en Asociaciones. Por lo tanto, no se puede redirigir el diezmo sin afectar negativamente –y de forma impredecible– a otros ministerios locales que son inocentes de las malas conductas de otros.
3 Elena White, Testimonios acerca de la conducta sexual, adulterio y divorcio (Buenos Aires: Asoc. Casa Editora Sudamericana, 1993), p. 271.
4 Escuché a un sabio definir el chisme como «hablar con quienes no forman parte de la solución al problema».
5 Hay excepciones a esto. Por ejemplo, si el líder en cuestión ha infringido la ley de forma grave (mediante violencia física, agresión sexual, blanqueo de capitales, etc.), lo más probable es que las autoridades legales tengan que intervenir lo antes posible.
6 También me dio el valioso punto de ser capaz de afirmar que había hablado directamente con el líder acusado en caso de que eso se convirtiera en un punto de controversia más adelante.
7 Para conocer esos protocolos, contáctese con el secretario de su Unión o Asociación, que probablemente tenga acceso a ellos.
8 «Sabemos, además, que a los que aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados» (Rom. 8:28).

_________________

Shane Anderson es pastor principal de la iglesia Pioneer Memorial, en el campus de la Universidad Andrews en Berrien Springs, Míchigan, Estados Unidos.

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