¿Se refiere esa historia al estado de los muertos?
¿Describe la historia de Jesús sobre el rico y Lázaro lo que sucede cuando morimos?
Es una pregunta muy importante, ya que es el único lugar en la Biblia que podría sugerir que las personas van al cielo o al infierno cuando mueren. La historia de Jesús sobre el hombre rico y Lázaro (Luc. 16:19-31) describe vívidamente a un rico que vive lujosamente y en suntuosos banquetes, sin importarle el futuro y pensando solo en la dicha presente. Por el contrario, el pobre Lázaro, lleno de heridas e indigente, está tendido a la puerta de la casa del rico, ansiando «saciarse de las migajas» que caen de su mesa (vers. 21). Cuando mueren, Lázaro es «llevado por los ángeles al seno de Abraham» (vers. 22), mientras que el hombre rico es descrito como «en tormentos» (vers. 23).
Vale la pena destacar varios puntos. En primer lugar, el contexto más amplio del capítulo trata sobre el uso de los recursos económicos de cada uno, y Jesús comienza esa historia de la misma manera que en su parábola anterior (Luc. 16:19; cf. Vers. 1), lo que sugiere que la historia no debe tomarse necesariamente en forma literal. Más bien, refleja ideas populares de la época sobre el más allá, no muy diferentes de la noción actual, y poco bíblica, que dice que Pedro guarda las puertas del cielo y decide quién puede entrar. Muchos detalles poco realistas indican que esta historia no debe ser tomada en forma literal. Por ejemplo, el rico está tranquilo mientras es atormentado, una gota de agua podría calmarle la sed, y la supuesta existencia espiritual incluye partes del cuerpo.
En segundo lugar, la palabra griega hadēs (vers. 23), aunque traducida en algunas versiones como «infierno», se refiere –al igual que su homólogo hebreo sheol– a la tumba donde todos los muertos van a «descansar» con sus padres. Héroes como Moisés (Deut. 31:16), David (2 Sam. 7:12) y Salomón (1 Reyes 11:43) descansan con sus padres, pero también lo hacen reyes malvados como Jeroboam (1 Reyes 14:20), Omri (1 Reyes 16:28) y Acab (1 Reyes 22:40). «Los muertos nada saben» (Ecl. 9:5); descienden «al silencio» (Sal. 115:17). Tanto el malo como el bueno «duermen» en la tumba (Juan 11:11-14; 1 Cor. 15:51) hasta la resurrección (Dan. 12:2; Juan 5:28, 29).
Muchos detalles poco realistas indican que esta historia no debe ser tomada en forma literal.
En tercer lugar, la parábola no dice realmente que uno esté en el cielo y el otro en el infierno, lo que sería contrario a la clara enseñanza bíblica de que las personas reciben su recompensa en la segunda venida de Jesús y no antes (Mat. 16:27; 2 Cor. 5:10; Apoc. 22:12). Ambos hombres están representados (en términos judíos tradicionales) en hadēs, o la tumba (Hech. 2:27; 13:36; Apoc. 1:18). Jesús utiliza ideas erróneas populares según las cuales una zona del Hades («el seno de Abraham») era para los justos y otra («en tormentos») para los malvados, pero no se pretendía que fuera una descripción literal del más allá.
Las conclusiones de esta parábola son: (1) quienes realmente lo necesitan, como Lázaro, necesitan recibir misericordia; (2) La «gran sima» refleja la enseñanza bíblica de que solo en esta vida se determina el destino de uno; (3) tenemos que escuchar las Escrituras como el testimonio fundamental del camino de la salvación (Luc. 16:29-31); y (4) la parábola de Jesús nos llama a asegurar nuestro destino eterno en el presente.
Clinton Wahlen es director asociado del Instituto de Investigaciones Bíblicas
Publicado en la Adventist Review de abril 2026



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