Necesitamos estar donde se encuentra la misión
Hace unos años, mientras nos preparábamos para mudarnos a Portland (Maine) para mi nuevo cargo, un buen amigo se me acercó con una preocupación. Habíamos decidido vivir en la ciudad de Portland, en lugar de ir a un pueblo cercano, creyendo que sería la mejor manera de servir y ministrar a sus habitantes. Sin embargo, a mi amigo le preocupaba esto: la baja calidad de vida que tendríamos y la falta de obediencia al consejo divino de vivir fuera de las ciudades.
No tomó en cuenta que Portland, a pesar de ser la ciudad más grande de ese estado, tiene menos de setenta mil habitantes. Por otro lado, nos instalamos en un barrio suburbano que en realidad es más rural que donde vivíamos en el distrito anterior (Bangor es la tercera ciudad más grande de Maine).
Me resulta un desafío la forma limitada en que a menudo abordamos y leemos escritos inspirados. Esto, en última instancia, socava nuestra disposición y capacidad de participar en la gran y hermosa misión a la que Dios nos ha invitado.
Primero, seamos claros: hubo ocasiones en que Elena White desalentó a la gente de vivir en ciudades. Así, en 1899, señaló que «como pueblo que guarda los mandamientos de Dios, debemos salir de las ciudades. Tal como lo hizo Enoc, debemos trabajar en las ciudades, pero no vivir en ellas».1 Pero también hubo otras ocasiones, como explicaré más adelante, incluidas después de 1899, en las que animó a la gente a que siguiese viviendo en las ciudades para llegar a ellas de forma más efectiva.
Necesitamos entender su consejo en un contexto histórico. Ella escribió durante un período de transición, marcado por un enorme crecimiento urbano, en parte como resultado de la rápida inmigración. Eso provocó un hacinamiento urbano, altos niveles de pobreza y un aumento vertiginoso de la criminalidad. De manera similar, escribió mucho antes de la invención de Internet y la telefonía inteligente, así que la única forma en que la mayoría de la gente podía encontrarse con muchos de los vicios de los que ella hablaba, era ingresando a una ciudad. Ahora, una persona puede entregarse con la misma facilidad a esos vicios por medio de sus teléfonos móviles ya sea que viva en un lugar apartado de Alaska al igual que alguien que vivía en un burdel en San Francisco en 1900.
Quizá igual de importante es notar que Elena White siempre quiso que la gente utilizara sus escritos empleando el «sentido común» y tomando consejo principalmente de las Escrituras. Y en el caso específico de la evangelización, instó a la gente a «estudiar […] el campo» para entender la mejor manera de alcanzarlo.2
Su consejo en contexto
Al ver tanto nuestro contexto del siglo XXI como el ejemplo de Jesús, necesitamos acompañar a las personas si esperamos llegar a sus corazones y guiarlos en la fe. Eso es, al fin y al cabo, lo que hizo Jesús encarnado. Juan nos dice que «el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (Juan 1:14). O, como lo expresa The Message, Jesús se hizo carne y «se mudó al vecindario».3 En especial en un mundo que se ha vuelto cada vez más escéptico con el cristianismo –hay quienes quieren comerciar la fe como astutos vendedores–, lleva mucho tiempo ganarse la confianza de la gente y, por lo tanto, mucho tiempo hasta que los habitantes de la ciudad estén dispuestos a escuchar nuestras convicciones. Primero tenemos que acercarnos a ellos, vivir a su lado y ganarnos el derecho de compartir a Jesús con ellos.
La verdad es que muy pocas personas están tan abiertas a la evangelización automática como en el pasado. Y en esta era de inteligencia artificial, cuando la gente se vuelve cada vez más escéptica respecto a la veracidad de lo que ve en una pantalla, nada supera el poder de la conexión «de persona a persona», que crece a lo largo del tiempo.
Afortunadamente, dentro de la historia adventista no carecemos de ejemplos hermosos y poderosos de ello. Como ha señalado George Knight, esto es precisamente lo que hicieron el veterano adventista Stephen N. Haskell, junto con su esposa Hetty, en 1901, a los 69 años. Se mudaron a Manhattan –en el corazón de Nueva York–, alquilaron un apartamento en el sexto piso en la calle 57th West, a solo unas pocas cuadras del Parque Central, y se dedicaron a discipular a sus vecinos. Hetty explicó la ventaja de vivir en la ciudad, señalando que «podían dar dos estudios bíblicos en una tarde […] tan solo cruzando la calle […]. Difícilmente podrían haber dado uno si hubieran tenido que atravesar toda la ciudad». Tras quince meses de trabajo,
pudieron informar que cincuenta o sesenta personas se habían unido a la fe, lo que llevó al inicio de una nueva congregación adventista.4
Haskell quería saber qué pensaba Elena White sobre todo eso, por supuesto, especialmente porque ella había dado consejos unos años antes sobre la importancia de que los adventistas no vivieran en ciudades. «Hermano [Haskell] –le aseguró ella–, el Señor le ha dado una oportunidad en la ciudad de Nueva York, y su trabajo misionero allí debe servir de ejemplo de lo que debería ser el trabajo misionero en otras ciudades. Ud. debe mostrar cómo hay que llevar adelante la obra, cómo hay que sembrar la semilla, y finalmente cómo hay que reunir la cosecha […]. Su obra en Nueva York ha comenzado en forma correcta. Usted debe convertir a esta ciudad en un centro de la obra misionera […]. No debe permitirse que nada interrumpa la obra».5
Por supuesto, no todo el mundo está llamado a vivir en una ciudad, y cada persona necesita tomar en cuenta lo que cuesta hacerlo. Pero si queremos llegar a otras personas con el evangelio, tenemos que estar donde ellas están. Además, como denominación, necesitamos reconocer el costo económico de vivir en una ciudad y pensar en formas creativas de ayudar a financiar a misioneros que sienten que Dios los ha llamado a vivir en lugares tan costosos. (En realidad este es tema para otro momento).
En definitiva, si queremos ser serios a la hora de participar realmente en la misión de Dios en el mundo, necesitamos usar las «mejores prácticas», y en 2026, la mejor manera de llegar a la gente en una ciudad es vivir a su lado en la ciudad, ganándose con paciencia su confianza y luego señalando al Espíritu que nos ha hecho personas de confianza.
1 Elena White, El evangelismo (Miami, Florida: Asoc. Publ. Interamericana, 1994), p. 61.
2 Ibíd., p. 96.
3 De The Message, copyright © 1993, 2002, 2018 por Eugene H. Peterson. Utilizado con permiso de NavPress, representado por Tyndale House Publishers, una división de Tyndale House Ministries. Todos los derechos reservados.
4 Véase George R. Knight, «Another Look at City Mission», Adventist Review, Edición Norteamericana, Diciembre 2001, pp. 25-29.
5 Elena White, El evangelismo, pp. 385, 386.
________________________________________
Shawn Brace es escritor, pastor y fundador de iglesias en Portland, Maine, Estados Unidos. Actualmente cursa un doctorado en Historia Eclesiástica en la Universidad de Oxford.



0 comentarios