REY Y SACERDOTE

16/03/2026

La misión de Cristo en el santuario celestial.

El día de Pentecostés, Cristo no solo fue entronizado como rey; también fue ungido como sumo sacerdote en el santuario celestial.

Ranko Stefanovic sostiene que en el libro de Apocalipsis existe un fuerte énfasis en el rol de Jesús como rey, pero es la epístola a los Hebreos la que describe el aspecto sacerdotal de su exaltación. Por eso, allí leemos «que tenemos un Sumo Sacerdote que se sentó a la diestra del trono de la Majestad en el cielo; y es ministro del santuario, de aquel verdadero santuario que levantó el Señor y no el hombre» (Heb. 8:1-2).

La profecía de Salmo 110:4 indicaba que el Mesías no solo sería entronizado como rey, sino que también sería declarado sacerdote. Allí se declara que el sacerdocio del Mesías no sería según el modelo aarónico, sino según el de Melqusiedec. ¿Por qué? Porque en Génesis 14 Melquisedec aparece como el personaje a quien Abraham le entregó los diezmos después de una batalla. Lo interesante en esta historia —y que sirve de modelo para el Mesías— es que Melquisedec fue rey de Salem, y sacerdote del Dios Altísimo (Gén. 14: 18). Es decir, tenía ambos roles. Cristo también tendría ambos roles en favor de los pecadores (Heb. 4:14-5:10; 6:20).

Así, Hebreos se explaya en demostrar la superioridad del sacerdocio de Melquisedec sobre el aarónico, al mostrar que el mismo Abraham, el patriarca de toda la nación judía, le dio los diezmos (Heb. 7:1-10). A partir del ungimiento de Cristo, hubo un cambio en la ley del sacerdocio (vers. 11-13), pues el sacerdocio aarónico quedó abrogado para dar paso a la realidad del sacerdocio de Cristo: un sacerdocio mejor (vers. 14-17), un sacerdocio superior (vers. 14-22) y un sacerdocio continuo e inmutable (vers. 23-25), con un sumo sacerdote sin pecado (vers. 26-28).

Según Richard Davidson, de acuerdo a Hechos 2:33, el derramamiento del Espíritu Santo sobre los discípulos fue la señal terrenal de que Jesús había inaugurado su función como Sacerdote- Rey en el santuario celestial. Después de que Cristo ascendió, fue ungido con «óleo de alegría» (Heb. 1:9). David describe un servicio de ungimiento de este tipo: «¡Cuán bueno y delicioso es que los hermanos habiten juntos en armonía! Es como el buen perfume sobre la cabeza, que desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el cuello de su vestido» (Sal. 133: 1-2, RVR 95). Aquí se refiere al ungimiento de Aarón al empezar sus funciones como sumo sacerdote en el santuario terrenal (Lev. 8:12). Para Israel, esto fue un motivo de gran regocijo, porque ya tenían quien los representase ante Dios en el santuario.

De la misma manera, el ungimiento de Jesús en el santuario celestial fue un momento de gran regocijo. Y siguiendo las imágenes del Salmo 133, el aceite del ungimiento celestial, que simbolizaba el Espíritu Santo según Zacarías 4:1- 6, fue derramado sobre la cabeza de Jesús. Elena de White lo explica así: «El derramamiento pentecostal era la comunicación del cielo de que el Redentor había iniciado su ministerio celestial. De acuerdo con su promesa, había enviado el Espíritu Santo del cielo a sus seguidores como prueba de que, como sacerdote y rey, había recibido toda autoridad en el cielo y en la tierra, y era el Ungido sobre su pueblo» (Los hechos de los apóstoles, p. 32).

Cuando Cristo termine su función en el lugar santísimo del santuario celestial, cesará su obra redentora, se habrá cerrado el tiempo de gracia, el destino de cada ser humano de este mundo estará ya decidido, y él vendrá por aquellos que lo hayan aceptado como Salvador para llevarlos al reino de los cielos. Como dice Pablo en Hebreos 9:28, «Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para quitar los pecados de muchos. La segunda vez no vendrá para cargar el pecado, sino para salvar a cuantos lo esperan».

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