PLANIFICAR: EL SECRETO DEL ÉXITO

Que el inicio de 2026 nos encuentre usando las estrategias adecuadas para nuestra iglesia local.

Por Felipe Lemos, periodista y director de la Asesoría de Comunicación de la División Sudamericana.

Se sabe. La palabra «planificación» no aparece de manera literal en los textos de la Santa Biblia. Sin embargo, el concepto está presente desde el comienzo de las Sagradas Escrituras. En el Génesis, la secuencia de la creación del mundo presupone una planificación inteligente. La propia complejidad de la naturaleza y de los seres vivos apunta a un plan previamente elaborado. Y, por supuesto, detrás de esta planificación es razonable considerar la existencia de un planificador que intencionalmente pensó en cómo organizar la vida.

Rafael Christ (doctor en Física) recuerda que, incluso en procesos amplios relacionados con el origen del universo, es posible percibir el elemento de planificación. En una entrevista para el Portal Adventista, comenta: «Desde la teoría del Big Bang hasta la teoría de formación de estructuras, podemos ver indicios de planificación. En especial, cuando pensamos en los ajustes necesarios para que el universo tenga el aspecto que tiene».

En la Biblia, también hay diversos proverbios sapienciales que aluden a la importancia de planificar y prepararse para tomar decisiones. Además, Jesús utilizó el concepto de planificación en sus parábolas al hablar de la seriedad de seguirlo. Cuando enseñó sobre la abnegación le dijo a sus discípulos lo registrado en Lucas 14:28 (NVI): «Porque, ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?». El cálculo mencionado remite directamente a la idea de planificación y organización previa. Es decir, seguir a Jesús implica una planificación que conduce a pasos consistentes en la vida.

Desde la perspectiva bíblica, la planificación va mucho más allá de un evento o de un programa específico. Hombres y mujeres inspiradores de las Sagradas Escrituras adoptaron y recomendaron este principio como guía de vida. Por tanto, es natural que las organizaciones humanas también apliquen ese ideal.

En el caso de la Iglesia, comprometida en servir a la sociedad de diversas maneras, la planificación se vuelve esencial.

Organización estructural

A medida que una institución crece y se vuelve más compleja, sus procesos necesitan ser más claros, medibles y eficaces. El objetivo es alcanzar los resultados esperados. Y en el caso de una iglesia, esos resultados involucran asuntos espirituales profundos.

Por esa razón, la Iglesia Adventista del Séptimo Día —con más de 23 millones de miembros en todo el mundo— ha adoptado la planificación como principio de gestión. A nivel global, el Comité Ejecutivo de la Asociación General votó, en octubre de 2024, el Plan Estratégico 2025-2030 llamado «Yo iré» (I Will go, en inglés). Este plan está organizado en cuatro prioridades: Comunión con Dios, Identidad en Cristo, Unidad a través del Espíritu Santo y Misión para todos.

Así, el liderazgo de la División Sudamericana (DSA), dio inicio al desarrollo del Planeamiento Estratégico Integrado. La idea está basada en los escritos de Elena de White, quien en el libro Liderazgo Cristiano, enfatiza la necesidad de orden y dirección planificada en las actividades. Ella escribió:

«Es esencial trabajar con orden, siguiendo un plan organizado y un objetivo definido. Nadie puede instruir correctamente a otros a menos que se asegure de que el trabajo se realice sistemáticamente y en orden, de modo que se complete en el momento adecuado».

Elena White también destaca la importancia de que todos los involucrados comprendan y cooperen en la ejecución de los planes. Ella orienta:

«Planes bien definidos deben ser presentados abiertamente a todos los que tengan que ver con ellos, y debe haber certeza de que fueron comprendidos. Luego, se debe exigir que todos los que están al frente de los diversos departamentos cooperen en la ejecución de esos planes. Si este método se adopta y sigue con interés y buena voluntad, se evitará mucho trabajo sin propósito definido y roces innecesarios».

Construcción colaborativa

El proceso de construcción de la planificación estratégica de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en América del Sur ocurre de manera colaborativa y participativa. También es una respuesta a inquietudes identificadas en investigaciones realizadas con pastores. El punto de partida fue en julio de 2024, cuando más de cuatro mil pastores —administradores, directores de departamentos y distritales— participaron de un sondeo sobre desafíos institucionales.

A partir de esa información, la administración de la División Sudamericana identificó temas como planificación, transparencia, eficiencia, cantidad de programas y definición de roles en los diferentes niveles jerárquicos.

Luego se realizaron reuniones entre la DSA y las Uniones, que son los niveles intermedios de la estructura administrativa, para definir la estrategia general. El pastor Douglas Menslin fue nombrado asistente de presidencia para el Desarrollo del Liderazgo y Planeamiento Estratégico, con la misión de asegurar el avance del proceso hasta la iglesia local. También actúa como director asociado de la Red de Educación Adventista.

Así, uno de los primeros pasos para el avance del proyecto fue la definición de los roles de los distintos niveles administrativos. La División Sudamericana actúa a nivel estratégico; las uniones en los niveles estratégico y táctico; las asociaciones y misiones de manera táctica y operativa y los distritos pastorales trabajan, esencialmente, en el ámbito operativo.

Prioridades estratégicas

De este modo, quedaron definidas las prioridades estratégicas que orientarán el trabajo de la Iglesia Adventista en Sudamérica durante el próximo quinquenio. Estas se concentran en cuatro frentes principales: Identidad, Discipulado, Liderazgo y Nuevas generaciones.

«Las prioridades estratégicas son la columna vertebral que sostiene la planificación. Representan las principales preocupaciones y desafíos para los cuales esperamos alcanzar resultados concretos», explicó el pastor Stanley Arco, presidente de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en América del Sur.

Estas prioridades están conectadas con acciones integradas, es decir, programas y proyectos desarrollados de forma coherente en prácticamente todas las congregaciones adventistas de la región. Entre ellos se mantienen muchos ya habituales: 10 Días de clamor y 365 días de oración, Impacto Esperanza, Evangelismo de Semana Santa y Semana de la Primavera.

Mentoría

El secreto para que la planificación avance con eficacia es el acompañamiento constante del liderazgo en todos los niveles. La propuesta de mentoría, iniciada en 2025 y prevista hasta 2026, tiene como objetivo asegurar que la planificación se concrete y no quede solo en la teoría.

Según el pastor Douglas Menslin, la mentoría ayudará en la implementación y evaluación del planeamiento, definiendo metas, objetivos e indicadores claros. Con la orientación de los directores de departamento de la DSA, líderes de todos los ministerios actuarán como mentores, acompañando y ejecutando el plan en cada nivel administrativo.

Así, el rol del director de departamento se amplía: deja de limitarse a la promoción de programas y eventos, y pasa también a formar y guiar nuevos líderes.

Enfoque en el discipulado

Una de las principales intenciones de la planificación estratégica es optimizar los recursos y garantizar mayor eficiencia en la misión de predicar el evangelio. El pastor Stanley Arco sostuvo que la planificación colaborativa busca evitar desperdicios y cambiar el enfoque de los eventos al discipulado. «Queremos dejar un legado para los que vengan después de nosotros, y que encuentren ese camino ya trazado», afirmó el Pr. Arco, refiriéndose a los próximos cinco años. «Una buena planificación es aquella que produce con más enfoque e impacto».

El líder sudamericano también observa que, muchas veces, la Iglesia dedica más atención a la producción de eventos que al acompañamiento espiritual de las personas. Para él, el gran propósito de planificar con metas y objetivos definidos es glorificar el nombre de Dios.

Esta es una de las razones por las cuales el proceso de planificación debe entenderse también como un movimiento espiritual. «Podemos utilizar las mejores técnicas, pero no alcanzaremos resultados plenos si nuestra estrategia no está guiada por el poder del Espíritu Santo», concluyó el Pr. Arco.

Fortalecimiento de la unidad

Al ser un esfuerzo colaborativo, la planificación integrada necesita ser comprendida y aplicada en la base: la iglesia local.

Uno de los grandes desafíos para avanzar juntos es la diversidad de proyectos y programas en las congregaciones, además de la necesidad de evaluar cuidadosamente qué iniciativas contribuyen a las metas estratégicas. Todo debe hacerse en sinergia entre los diferentes niveles de la organización adventista (desde la División Sudamericana hasta las iglesias locales).

En la Unión Norte Brasileña (UNB), por ejemplo, la planificación ya comenzó a desdoblarse en acciones prácticas. Entre abril y octubre de 2025, administradores y líderes de departamentos de las sedes regionales de la Iglesia Adventista en Pará, Maranhão y Amapá invirtieron más de 130 horas en reuniones dedicadas al tema.

El grupo elaboró el calendario de 2026 y los materiales de trabajo de cada área, resultando en un calendario más reducido y estratégico. «De los 52 sábados del año, 26 fueron dedicados a la iglesia local. Esto es algo inédito», celebró el pastor Mark Wallacy, secretario ejecutivo de la UNB.

El resultado fue bien recibido por el presidente regional, el pastor André Dantas: «Veo una iglesia unida, feliz y con expectativas de crecimiento saludable. Fuerte en la Palabra, estudiando, viviendo y enseñando la Palabra. Mi alegría es ver una iglesia viva, dentro y fuera del templo».

Cambio de paradigma

Para el pastor Marlinton Lopes, presidente de la Unión Sur Brasileña (USB) al momento de redactar este artículo, el nuevo ciclo estratégico trajo consigo un cambio de paradigma. Él evaluó: «Esta planificación nos trajo claridad de propósito y unidad de dirección. Toda la Iglesia (en cada nivel de su estructura) sabrá hacia dónde avanzar, siempre caminando en armonía con una visión común».

En la sede que atiende al sur de Brasil, la implementación involucra el estudio, el diagnóstico, los acuerdos de desempeño y el seguimiento continuo. El plan es estudiado en todos los niveles para garantizar una comprensión común de las cuatro prioridades estratégicas.

Los campos y distritos pastorales analizan qué resultados desean alcanzar y definen metas, indicadores y responsabilidades medibles, basados en datos realistas y comparables. Por eso, en la USB el acompañamiento es permanente. Las reuniones semestrales y trimestrales de evaluación, apoyadas por informes mensuales, promueven el aprendizaje y los ajustes constantes.

Según el Pr. Lopes, la idea es que cada distrito elabore su propio plan estratégico, con revisión individual y seguimiento a lo largo del tiempo. Sin embargo, él reconoce que aún hay desafíos: Una comprensión clara de los roles jerárquicos, ampliación de la mentoría, equilibrio entre unidad y autonomía regional, y fortalecimiento de la cadena de gestión para evitar la sobrecarga de los pastores distritales.

Formación de líderes

Un efecto positivo del planeamiento estratégico será la formación continua de líderes. En la Asociación Paulista Central (APaC), esta propuesta ya está en marcha.

La administración del campo, en asociación con los directores de departamento, elaboró un portafolio de acciones para cada ministerio, alineadas con las prioridades estratégicas: identidad, liderazgo, nuevas generaciones y discipulado. El material será distribuido a las iglesias locales para orientar el desarrollo de actividades en todo el territorio.

«Con base en esta nueva dirección, la APaC está optimizando programas consolidados, como la Universidad Missionow, que ofrece cursos gratuitos de formación para líderes y voluntarios. La plataforma incluirá formaciones específicas sobre identidad profética y estilo de vida adventista, fortaleciendo el sentido de misión y pertenencia de los miembros», argumentó el pastor Erlo Braun, presidente de la APaC al momento de escribir este artículo.

Por su parte, el secretario ejecutivo de la Unión Peruana del Sur, el Pr. Farí Choque, comentó que «el planeamiento estratégico es una herramienta esencial para que cualquier organización mantenga clara su misión y se adapte a los desafíos de cada realidad local». Así, explicó que, en la sede que atiende la región sur del Perú, el proceso se está viviendo de forma participativa.

«Ahora iniciamos una etapa igualmente importante: la ejecución del plan. En ella, los pastores, como líderes espirituales en cada distrito, tendrán un papel fundamental al orientar y capacitar a sus congregaciones en la implementación de las acciones propuestas. Asimismo, los miembros de la iglesia participarán activamente, transformando los objetivos estratégicos en experiencias reales de servicio, discipulado y misión en sus comunidades», resaltó.

Para el pastor Stanley Arco, «fortalecer la predicación del evangelio requiere unidad y planificación integrada. Recordemos que la planificación estratégica no está concluida: se completa cuando la iglesia local toma las prioridades, planifica cómo alcanzar los objetivos dentro de su realidad y lo pone en práctica».

Mirando el futuro

Mirando hacia adelante, el liderazgo adventista sudamericano reconoce que el camino aún es largo, pero los primeros pasos ya se han dado.

En 2026, está prevista una etapa de calibración de los indicadores y plazos entre la División y las Uniones, con el objetivo de alinear los procesos. En mayo del mismo año, se llevará a cabo la primera evaluación semestral de la implementación; y en julio se presentará un informe de los primeros meses de operación del Planeamiento Estratégico Integrado.

Una cosa parece segura: Con el poder del Espíritu Santo, esfuerzo colectivo y de la unidad de acción en torno a una planificación cohesionada y espiritual vendrán grandes resultados para la Iglesia Adventista en Sudamérica.

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