El mensaje de año nuevo para adultos en una canción de niños.
Al recordar esta canción que tanto cantábamos cuando éramos niños, nos vienen a la mente imágenes de rocas, arena, viento y lluvia. También las de los dos hombres que, llenos de energía, se lanzaron a construir sus casas.
Se lanzaron a construir con visiones diametralmente opuestas de la vida. Y así les fue también. Las bases de sus proyectos, el fundamento sobre el cual construyeron, marcaron la diferencia. Uno pudo hacer frente con serenidad a las tormentas, mientras que el otro habrá quedado aplastado cuando se le cayó el techo encima – con la violencia despiadada del gesto destructor con el que terminábamos la canción.
Pero el mensaje de esta canción es en realidad el mensaje que Jesús dirigió a los adultos que se encontraban con él al comienzo de su ministerio. Allí, sobre las altas colinas a la orilla del lago de Galilea, una multitud lo escuchaba, sin perderse palabra alguna. Tenían sed de una vida mejor y encontraron en el mensaje de Jesús el impulso de algo muy diferente de lo que estaban acostumbrados a escuchar.
Cuando Jesús terminó su discurso, «las multitudes se admiraban de su enseñanza, porque les enseñaba como uno que tiene autoridad» (Mateo 7:28-29 LBLA).
¿Y con qué terminó su famoso discurso (Mateo 5-7)? Precisamente con la historia de los dos hombres de nuestra canción. Cualquiera que haya leído una buena historia o apreciado un dicho sabio o una buena predicación sabe que el final es sumamente importante. Muchas veces, es lo único que recordamos.
Y una de las razones del impacto de un buen final es la capacidad que tiene de inspirarnos para un buen comienzo. Un buen final alimenta nuestra reflexión, trae resolución a las tensiones, inspira a la acción.
Sí, como los finales memorables son puntos de partida para buenos comienzos, los invito a atesorar estas palabras de Jesús al comenzar este nuevo año. Porque esta historia fue escrita también para nosotros.
«Por tanto, cualquiera que oye estas palabras mías y las pone en práctica, será semejante a un hombre sabio que edificó su casa sobre la roca; y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; pero no se cayó, porque había sido fundada sobre la roca. Y todo el que oye estas palabras mías y no las pone en práctica, será semejante a un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena; y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; y cayó, y grande fue su destrucción» (Mateo 7:24-27 LBLA).
¿Qué nos motiva de este final ahora que estamos comenzando un nuevo año?
Estamos viviendo tiempos en los que construir sobre la arena es una invitación constante. Hoy es muy fácil tercerizar casi por completo nuestros procesos mentales. También es muy fácil dejar que nuestro tiempo se esfume con nuestros dispositivos electrónicos. Y también es muy fácil pensar que hacer esfuerzos es tal vez solo para atletas.
Pero el vacío que nunca está lejos de tanto facilismo también crea en nosotros el deseo de algo mejor. El deseo de una vida con sentido. ¿Y quién entra en escena para llenar nuestro corazón cansado y aburrido? Jesús.
Elena de White nos recuerda que nuestra relación con Cristo purifica nuestra mente y nuestras emociones, genera una vida prudente y crea en nosotros un carácter sano (ver Testimonios para la iglesia, Tomo 4, capítulo 31).
¿Qué quieres construir este año? ¿Hacia dónde quieres ir? Construir sobre la roca es muy diferente que construir sobre la arena. Las herramientas son diferentes, los tiempos son diferentes, los costos son diferentes. Que Dios nos ayude a reflexionar en lo que esto significa para cada uno de nosotros. Y que las palabras tan llenas de significado de Jesús nos motiven a algo diferente, que nos llenen y que nos ayuden a ser bendición.
¡Bendecido año nuevo, construyendo sobre la roca!



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