EL SANTUARIO Y LA MISIÓN DE LA IGLESIA

24/02/2025

La relevancia de una de las creencias más importantes de toda la Biblia.

Por Roy E. Graf

Desde los primeros días, los pioneros adventistas comprendieron la importancia de la doctrina bíblica del Santuario celestial como un elemento central que dio forma a su sistema de creencias. En palabras de Elena White, “el asunto del Santuario […] reveló todo un sistema de verdades […], un conjunto armonioso” (El conflicto de los siglos, p. 419)

Por esta razón, ella y otros pioneros adventistas reconocieron que la doctrina del Santuario posee muchas implicaciones fundamentales para la misión de la Iglesia; incluso vieron la necesidad de proclamar la verdad presente del Santuario celestial según lo destaca el mensaje de los tres ángeles de Apocalipsis 14:6 al 12. Dado que ellos reconocían la centralidad de este mensaje para la misión de la Iglesia, los pioneros dieron un gran énfasis a la instrucción doctrinal de los que llegarían a ser miembros de la Iglesia. Esto incluyó un énfasis en particular en el Santuario, el Juicio Investigador y la preparación para la segunda venida de Cristo.

Sin embargo, con el transcurrir del tiempo, algunos adventistas han dado menos atención al papel del Santuario como factor fundamental que modela nuestra comprensión de la misión y guía nuestra práctica. Así, han imitado enfoques misioneros que se concentran casi exclusivamente en que las personas se decidan por Cristo al comienzo de su experiencia cristiana, con escasa preocupación por el crecimiento espiritual y el discipulado subsiguientes. Ese enfoque a menudo carece de un énfasis en la decisión de asumir un compromiso significativo con las doctrinas bíblicas y el estilo de vida. Esto ha contribuido a que los miembros nuevos a veces no estén profundamente arraigados en la fe adventista y que decidan dejarla más adelante, además de frustraciones de diversos tipos en la vida cotidiana de la Iglesia.

Hacia una compresión de la misión desde la perspectiva del Santuario

Según se mencionó, los pioneros articularon las doctrinas adventistas en torno a la doctrina del Santuario. Mi convicción es que la comprensión y la práctica adventistas de la misión también deberían ser articuladas desde esta perspectiva. El Santuario está en el centro de los mensajes de los tres ángeles de Apocalipsis 14:6 al 12, el primero de los cuales anuncia que la hora del Juicio ha llegado. Los adventistas consideramos tradicionalmente los tres mensajes como el énfasis de nuestra predicación.

¿Cómo puede una comprensión bíblica y adventista del Santuario ayudar a cambiar este escenario? Veamos cuatro aspectos:

1-El Santuario modela la comprensión bíblica de la salvación

El enfoque tomado en relación con la misión está estrechamente vinculado con nuestra manera de comprender la salvación. En la Biblia, la comprensión de la salvación se ve articulada en torno a lo que denomino el patrón relacional del Santuario. El Santuario es más que una estructura física real en el Cielo. Dios se relaciona con el mundo a través de esa compleja estructura mediante la cual habita en el universo con sus criaturas, recibe adoración de parte de ellos y conduce el Plan de Salvación hacia su resolución final.

Dentro de este marco, el Santuario modela y manifiesta la comprensión bíblica de la salvación. La salvación requiere un proceso de expiación; es decir, un proceso por el cual Dios busca reconciliar a los seres humanos caídos consigo mismo y erradicar el problema del pecado (2 Cor. 5:19-21; Apoc. 21:4, 5). Desde esta perspectiva, la Expiación no es tan solo lo que Cristo hizo en la Cruz. Abarca todo el plan divino para eliminar el pecado.

En el ámbito individual, la aplicación de este plan de salvación también es un proceso, no un evento único como podrían creer algunos. El proceso abarca, entre otras cosas, la justificación y la santificación. La justificación es el perdón divino (Rom. 4:6-8), que se requiere continua y diariamente, cada vez que alguien peca (1 Juan 2:1; 1:9). Este perdón se obtiene mediante la intercesión continua de Cristo en el Santuario celestial (Mar. 11:24-26; Juan 14:13). La santificación, a su vez, permite que el creyente cultive una vida de santidad, gracias a la obra del Espíritu Santo enviado por Cristo desde el Santuario celestial como su representante (Apoc. 5:6). Sin justificación no hay verdadera santificación (Rom. 6; 8). Pero sin santificación tampoco hay justificación (Col. 1:21-23).

Esta perspectiva bíblica de la salvación como proceso que -a la luz del Santuario-, abarca tanto la recepción continua del perdón divino como el crecimiento en la santidad, implica que la misión del discipulado también debería incluir un proceso (Col. 2:6). No es correcto enfocarse tan solo en que las personas acepten a Cristo y se bauticen. Los miembros nuevos deberían ser capacitados antes y después del bautismo. Así como hay un proceso previo al perdón que incluye reconocimiento, arrepentimiento y confesión de los pecados (Sal. 51:4; Luc. 18:13; Hech. 2:38; 3:19; Sal. 32:5) y un proceso subsiguiente de crecimiento en santidad y estilo de vida cristiano (Rom. 6:22), el discipulado debería incluir la preparación prebautismal y posbautismal para apoyar ese proceso.

2-El Santuario modela el contenido del mensaje

Comprender el mensaje bíblico de salvación es sumamente importante para alcanzar a personas que no están familiarizadas con ese mensaje. La actividad de Cristo en el Santuario celestial articula el Plan de Salvación. Por ello, la obra de Cristo es un gran tema en el Nuevo Testamento (Hech. 5:31; Rom. 8:34; Heb. 7:25; 8:1; 1 Tim. 2:5; 1 Juan 2:1; Apoc. 5:7, 8). En consecuencia, la actividad de Cristo en el Santuario ahora debería moldear el contenido del mensaje del pueblo remanente para hoy (según lo detalla Apoc. 14:6-12).

Si Cristo está intercediendo por los creyentes en el Juicio Investigador, ese tema debería ser una parte significativa del mensaje adventista. Por ello, no puede entenderse la misión adventista actual solo a la luz de la Gran Comisión de Mateo 28:18 al 20. También debería ser entendida a la luz de los tres mensajes angélicos, que constituyen la verdad presente para este tiempo.

Eso implica que el cumplimiento de la misión y el proceso del discipulado tienen que incluir una sólida preparación doctrinal de los nuevos creyentes, que permita que cada persona entienda el mensaje del Santuario y el Juicio a fin de realizar un compromiso consciente y práctico con ese mensaje. En el Santuario celestial, Dios trata con voluntades humanas que tienen que tomar decisiones inteligentes, no basadas en el sentimentalismo o el arrebato emocional momentáneo. No sorprende, por lo tanto, que el Nuevo Testamento destaque ampliamente la necesidad de enseñar doctrinas y la centralidad de la Palabra en ese proceso (1 Tim. 4:13, 16; 6:3; 2 Tim. 3:15, 16; 4:2, 3; Tit. 1:9; 2:1, 7).

3-El Santuario modela la visión de la Iglesia

Los que aceptan el mensaje del evangelio llegan a ser parte de la Iglesia, que es un templo espiritual y una comunidad compuesta por habitantes espirituales del Santuario celestial (1 Cor. 3:16; Apoc. 11:1; 21:3) que han entrado en un vínculo de pacto con Dios por el cual se comprometen a obedecer su Ley de amor (Jer. 31:31-33; Apoc. 12:17; 14:12).

Los miembros de la Iglesia pertenecen a una comunidad sacerdotal y misionera, una nación santa, cuya tarea es anunciar “las virtudes de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Ped. 2:9; véase Éxo. 19:6). Mediante esa proclamación, en su función como sacerdotes misioneros, atraen a otros hacia Cristo, el Sumo Sacerdote del Santuario celestial (Heb. 8:1, 2), del cual reciben el poder de vivir vidas santas en obediencia a los requisitos del Pacto. El pueblo remanente del tiempo del fin se distingue por ello (Apoc. 12:17; 14:12).

Los creyentes ya son, en cierto sentido, ciudadanos de la nueva Jerusalén y adoradores que pertenecen a su Santuario por la fe (Gál. 4:26; Efe. 2:18, 19; Fil. 3:20; Heb. 11:10, 16; 12:22; 13:14), donde Cristo los representa como su Precursor (Heb. 6:20). En la Tierra Nueva, los creyentes habitarán en la Nueva Jerusalén, considerada “el tabernáculo de Dios”, en cuyo centro, Dios y el Cordero continuarán recibiendo adoración por la eternidad (Apoc. 21:3; 22:3).

En este contexto, el bautismo es una señal de aceptación de los términos del Pacto y de entrada a la comunidad del Pacto, sacerdotal y misionera, así como la circuncisión era la señal del pacto en el Antiguo Testamento (Col. 2:11, 12) de que alguien pertenecía a la comunidad sacerdotal y misionera de Israel (Éxo. 19:5, 6). Por lo tanto, tiene que ser tomado muy en serio.

El que se bautiza públicamente expresa que quiere ser miembro de la comunidad, acepta los términos del Pacto expresado en los Mandamientos (Rom. 6:1-6), y desea ser un sacerdote misionero como parte del sacerdocio de todos los creyentes (1 Ped. 2:9). El sábado es, a su vez, la señal de permanencia y continuidad en el Pacto, así como de fidelidad a sus términos (Éxo. 31:17; Apoc. 14:6, 7). Esto implica que todo el que acepta el bautismo tiene que ser instruido adecuadamente sobre el compromiso que asume al participar en ese rito.

4-El Santuario modela los eventos proféticos que guían la misión

Por último, la actividad del Santuario modela los eventos proféticos que guían la misión adventista. La actividad del Santuario está vinculada con la primera venida de Cristo (Dan. 9:24-27; Gál. 4:4) y también con su segunda venida (Dan. 7:13, 14; Mat. 25:31). La misión del tiempo del fin de la Iglesia remanente (Apoc. 12:17) es cooperar para preparar a un pueblo para la venida de Cristo (Apoc. 14:6-12). Dios reúne a la Iglesia en Cristo, que es su cabeza (Efe. 1:22, 23) y Sumo Sacerdote (Heb. 8:2). La Iglesia entonces está constituida por todos los que aceptan pertenecer a la comunidad del Pacto y ser parte de su sacerdocio universal misionero para el tiempo del fin (Apoc. 1:6; 5:10). A su vez, los que se unen a la comunidad del Pacto se comprometen a ser misioneros donde Dios los designe, “esperando y apresurando la venida del día de Dios” (2 Ped. 3:12, LBLA). En cooperación con el poder divino, el pueblo de Dios tiene que hacer su parte para apoyar el avance de la obra final de predicación del evangelio (Mat. 24:14), mientras Cristo concluye su obra en el Santuario celestial (Heb. 9:28). De esta manera, las actividades del Santuario brindan el marco para los eventos finales y guían la misión del remanente final dentro de ese marco.

Conclusión

El Santuario articulaba las doctrinas y la misión del adventismo en el pasado. En tiempos recientes, sin embargo, algunos han enfatizado la experiencia inicial de los que están siendo discipulados a expensas de su preparación doctrinal y el estilo de vida cristiano. Esto conlleva el serio riesgo de que la Iglesia pierda su identidad y diluya su mensaje distintivo al mundo. En el pasado, el Santuario fomentó el descubrimiento de “que la mano de Dios había dirigido el gran movimiento adventista” y le indicó “cuál era su deber de allí en adelante” (Elena de White, El conflicto de los siglos, p. 419). Es tiempo de permitir que el Santuario vuelva a modelar la comprensión adventista de su mensaje y misión.

Artículos relacionados

Música de Vivos en Jesús

When God Speaks When God Speaks (PLAYBACK) God is Our Creator (PLAYBACK) En el principio Partitura para descargar Partitura - Versículo para memorizarDescarga

“NO SE LIMITEN A LEER LA BIBLIA, ESTÚDIENLA EN PROFUNDIDAD”

“NO SE LIMITEN A LEER LA BIBLIA, ESTÚDIENLA EN PROFUNDIDAD”

Entrevista al arqueólogo adventista Rodrigo Silva. Entrevista: Pablo Ale. Fotos: Renzo Goncalvez. Con 3 millones de seguidores en YouTube y 2,8 millones de seguidores en Instagram, Rodrigo Silva es, sin duda, uno de los líderes digitales más trascendentes que tiene...

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *