Nilson França era el más joven de tres hijos. Nació en 1971 en Várzea do Poço, estado de Bahía, Brasil. Por no recibir cuidados básicos, desarrolló lesiones graves en sus piernas. La situación era tan seria que su madre decidió dejarlo afuera de la casa. Cavó un hoyo, levantó una cubierta de lona, extendió algunos paños y lo puso allí. Quedó abandonado día y noche, y era amenazado por los perros de los vecinos; lo defendía una perrita que siempre estaba cerca de él.

Permaneció en aquel hoyo algunos años, desnutrido y sin condiciones para hablar ni caminar. Su historia comenzó a cambiar cuando Arlinda apareció en su casa. Ella no podía tener hijos y buscaba un niño para adoptar. Su madre le ofreció uno de los niños más grandes, pero ella preguntó por el tercero. Oyó que era solo “un poco de carne” que esperaba morir. Arlinda lo adoptó, cuidó de su salud, y después de algunos meses, él se recuperó.

Nilson recién conoció esta historia cuando ya era un joven y poco antes de su bautismo, en 1993. Aceptó a Jesús con intensidad y se convirtió en evangelista. Llevó a muchas personas al bautismo y estableció nuevas iglesias. Hasta que enfrentó una crisis familiar que destruyó su matrimonio. Su vida espiritual se enfrió, abandonó la iglesia y se relacionó con lo peor de su ciudad.

Cada año, el pastor Daniel Ríos, que lo había guiado al bautismo, lo visitaba en su sitio. Le llevaba un libro misionero, conversaban y oraban juntos; hasta que perdieron contacto. Daniel logró encontrarlo en las redes sociales y le envió un mensaje, llamándolo a volver a los caminos del Señor. Representó un largo peregrinaje de retorno, pero Nilson fue rescatado y Daniel tuvo el privilegio de rebautizarlo en 2014.

Nilson experimentó un giro radical. Fue rescatado de un hoyo literal, y también del de la destrucción espiritual. Continúa firme en la fe, y es nuevamente un evangelista. Ya llevó a decenas de personas al bautismo e instituyó nuevas iglesias. Entre sus hijos en la fe hay tres pastores adventistas: Gilson Souza Oliveira, Paulo Emanuel Rios Silva y Daniel Lima Almeida Rios, todos de la Unión del Este de Brasil.

¡Nuestro Dios es especialista en giros radicales! Algunos ejemplos bíblicos nos dan esta certeza: Abraham y Sara tuvieron un hijo en su vejez; José pasó de esclavo a gobernador; David derrotó al gigante Goliat; Elías, solo, venció a los profetas de Baal; Sadrac, Mesac y Abed-nego salieron vivos del horno de fuego ardiente; Daniel fue rescatado ileso del foso de los leones; Pablo y Silas fueron librados de la prisión. El giro más significativo, sin embargo, ocurrió en el Calvario: cuando Cristo murió en la cruz, la aparente derrota y destrucción fue transformada en sublime victoria y salvación.

Estos giros radicales no son un privilegio del pasado o exclusivos de los héroes de la fe. Continúan ocurriendo hoy, y fueron un énfasis de los 10 Días de Oración que tuvieron lugar en febrero. El énfasis fue el rescate de amigos que se apartaron de Jesús, y las historias como la de Nilson se multiplicaron. Otras serán pronto conocidas, como resultado de un movimiento continuo de oración, de involucramiento personal de muchos misioneros y de la cosecha de evangelismo de Semana Santa, en abril.

Más que giros radicales, estas historias son verdaderos milagros que también están a nuestra disposición. Necesitamos confiar menos en lo que vemos, entendemos o hacemos, y más en lo que Dios es capaz de realizar. Él puede actuar en nuestra vida personal, familiar, emocional, profesional, social, espiritual y, especialmente, en la transformación de las personas por las cuales oramos o trabajamos para llevar a Jesús, incluso las más difíciles. Él «es hoy la fortaleza de su pueblo […] Debemos recordar que los seres humanos son sujetos a errar, y que aquel que tiene todo el poder es nuestra fuerte torre de defensa. En toda emergencia, debemos reconocer que la batalla es suya. Sus recursos son ilimitados, y las imposibilidades aparentes harán tanto mayor la victoria» (Profetas y reyes, p. 150).

Según Albert Einstein, solo hay “dos formas de vivir la vida. Una es creer que no existen los milagros. La otra es creer que todas las cosas son un milagro”. Los giros radicales de Dios nos llevan a la segunda opción. Podemos afirmar con seguridad que “todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13). Nada es imposible para Dios. ¡Créelo!

Sobre El Autor

Pastor de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, que actualmente sirve como presidente de la División Sudamericana. Tiene 47 años y es oriundo del estado de Río Grande do Sul, Brasil.

Artículos Relacionados

Deja un comentario: