Tiempo estimado de lectura: 17 minutos.

El ayuno intermitente ha sido abordado por muchos libros recientes, y se ha estudiado en animales y seres humanos. Básicamente, el ayuno intermitente es un término amplio que se centra en cuándo come una persona, no en la cantidad de calorías o tipos de alimentos. Siempre incluye un período de abstinencia voluntaria de alimentos, y sus defensores abordan el tema de diferentes maneras. El enfoque más popular es el de 16/8, que requiere ayuno durante 16 horas y una ventana de tiempo de ocho horas cuando se puede comer cualquier cosa en cualquier momento. Otra versión, ayuno de días alternos, alterna períodos de ayuno de 24 horas con días en los que se come libremente. El enfoque 5:2 limita el ayuno a solo dos días a la semana, mientras que la Dieta del Guerrero sigue un ayuno de 20 horas con una gran comida consumida por la noche. En todos estos programas, el estómago obtiene un período de descanso regular durante el ayuno.

El ayuno intermitente, dicen los defensores, ayuda a la mayoría de las personas a perder peso y a mantener ese descenso durante un largo período de tiempo, combate ciertas enfermedades como la diabetes y las enfermedades cardíacas, permite dormir más y mejor, y ralentiza el proceso de envejecimiento. Cuando Elena de White abogó por dos comidas al día, ¿estaba respaldando lo que hoy llamamos ayuno intermitente? Su plan permite un ayuno diario/nocturno de aproximadamente 16 a 18 horas, pero sin nada entre esas dos comidas o después de ellas. Veamos lo que dijo la hermana White acerca de dos comidas al día:

“Nuestra comida sencilla, tomada dos veces por día, es disfrutada con verdadero gusto. No tenemos carne, torta, ni ningún alimento procesado sobre nuestra mesa. […] Preparamos nuestros alimentos solo con poca sal, y hemos abandonado toda clase de especias. Desayunamos a las siete, y tomamos nuestro almuerzo a la una. […] En ocho meses, perdí más de once kilos de peso. Estoy mejor así. Me siento más fuerte de lo que me he sentido en años”.[1]

Elena de White, Spiritual Gifts, t. 4, p. 154. La primera parte de la cita se encuentra en Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 537.

Un viernes de noche, el 5 de junio de 1863, Elena de White tuvo su primera visión importante sobre la salud. Esto fue quince días después de la organización oficial de la Iglesia Adventista, el jueves 21 de mayo de 1863.[2] Los White estaban visitando la pequeña granja del hermano Aaron Hilliard, que estaba junto a la carretera en Otsego, Míchigan, a unos 48 km al noreste de Battle Creek. El grupo acababa de realizar el culto de recepción de sábado a la puesta del sol. Cerca del final de su sesión de oración, Elena puso sus manos sobre James y suplicó por su salud. De repente, su conmovedora exclamación: “¡Gloria! Gloria! ¡Gloria!”anunció otra visión. Durante cuarenta y cinco minutos no dijo nada y luego respiró hondo, indicando que su visión había terminado. Esa visión fue el núcleo del mensaje adventista de salud. Durante ese año y el siguiente escribió sus recuerdos en el librito Spiritual Gifts [Dones espirituales], incluida la declaración anterior sobre dos comidas al día.

La pequeña compañía de creyentes adventistas en 1864 estaba muy enferma y necesitaba el mensaje de salud que ella les comunicó. José Bates era probablemente el único pionero de la iglesia saludable. Casi todas las semanas había un obituario que mostraba que alguien (un niño, un trabajador, un miembro) había fallecido prematuramente. Cuando Elena de White compartió su visión con la Iglesia, tanto los líderes como los laicos adoptaron este nuevo estilo de vida llamado “reforma pro salud”, que incluía una dieta vegetariana basada en plantas, sin cafeína, alcohol ni tabaco, alimentos sencillos y el plan de dos comidas diarias. La salud de los obreros y los miembros comenzó a mejorar de inmediato.

En 1864, la teoría de los gérmenes todavía estaba en el futuro. No había radiografías, antibióticos ni antihistamínicos. La diabetes y las enfermedades del corazón no eran una preocupación en aquel entonces. Los miembros notaron que la nueva reforma de la dieta y la salud los liberaba de los dolores de cabeza y la dispepsia (indigestión) y les ofrecía una nueva vida. Lentamente, a lo largo de los años, el interés en dos comidas al día fue disminuyendo considerablemente dentro de la Iglesia Adventista.

La Dra. Hana Kahleova ha realizado dos estudios recientes sobre el impacto que tienen la frecuencia y el horario de las comidas en el aumento de peso. Estos estudios validan el concepto de dos comidas al día que se le dio a Elena de White. En su primer estudio, la Dra. Kahleova colaboró ​​con colegas de su propia institución, el Comité de Médicos para la Medicina Responsable, así como del Instituto de Medicina Clínica y Experimental, y el Instituto de Endocrinología, con sede en Praga, República Checa. Este fue un pequeño estudio cruzado, pero mostró que el Índice de masa corporal (IMC) se incrementaba a medida que las comidas aumentaban de dos a seis.[3]

Los resultados de su estudio más reciente se publicaron en The Journal of Nutrition [Revista de Nutrición], y fueron escritos por el Dr. Gary Fraser, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Loma Linda (LLUSPH, por sus siglas en inglés). La Dra. Kahleova presentó los hallazgos en la Conferencia Internacional sobre Nutrición en Medicina, en Washington D. C., el 29 de julio de 2017.[4]

El estudio fue dirigido por la Dra. Kahleova. Fue amplio e integral, e incluyó a 50.660 personas adultas del “Adventist Health Study 2” [Segundo Estudio de Salud entre los Adventistas], todas de 30 años o más. La atención se centró en el posible vínculo entre cuándo y con qué frecuencia comen las personas, y su IMC. Los participantes tenían varios tipos y tamaños corporales, y sus hábitos alimenticios y resultados de salud fueron monitoreados durante un período promedio de siete años. Al principio, se les pidió a los participantes que completaran un cuestionario que detallara su historial médico, prácticas alimentarias, actividad física y otra información relevante. A medida que el estudio continuó, los participantes completaron formularios de seguimiento, declarando cualquier evento de salud importante. El cuestionario de seguimiento final informó cuan a menudo los participantes consumían sus alimentos de manera habitual, y a qué hora del día.

El estudio tuvo varios hallazgos principales. En primer lugar, demostró que las personas que consumían regularmente solo dos comidas al día tenían una disminución en su IMC. (Es decir, perdieron más peso. Obsérvese en la declaración anterior de Elena de White que ella perdió más de 11 kilos en ocho meses cuando cambió al plan de dos comidas al día). Por el contrario, aquellos que consumían más de tres comidas al día aumentaron su IMC. Cuantas más comidas hacían al día, incluyendo meriendas, mayor era el aumento de peso.  Los investigadores también encontraron que las personas que desayunaban regularmente tendían a perder más peso que las personas que optaban por saltarse el desayuno. Más importante aún, los participantes que tenían al desayuno como su comida principal tuvieron una gran disminución del IMC, en contraste con aquellos que hacían de su última comida la más abundante.

Además, los investigadores descubrieron que saltarse la cena por completo y tener un ayuno prolongado de 18 o 19 horas durante la noche contribuyó a la pérdida de peso. Otras buenas prácticas de alimentación, observaron los investigadores, incluyen dejar cinco o seis horas entre el desayuno y el almuerzo, y abstenerse de meriendas durante todo el día. ¡Se parece mucho al consejo de salud de Elena de White! Es sorprendente que en 1863 Elena de White pudiera realmente proveer el remedio para la diabetes y otras enfermedades que eran casi desconocidas en ese momento. Muchos profesionales de la salud recomiendan el ayuno intermitente (muchos que quizá abogan por el consumo de café, permitirse alimentos poco saludables y prácticas intemperantes) como el tratamiento más nuevo para la diabetes y otras enfermedades.

En 2015, 30,3 millones de estadounidenses (el 9,4 % de la población) tenía diabetes (422 millones en todo el mundo). El porcentaje de estadounidenses mayores de 65 años que tienen diabetes se mantiene en niveles epidémicos, en un 25,2 % (12 millones) de personas mayores. En 2015, 84,1 millones de estadounidenses mayores de 18 años tenían prediabetes. La diabetes sigue siendo la séptima causa principal de muerte en los Estados Unidos en 2015, y estas estadísticas aumentan a un ritmo alarmante cada año. Lo primero que los médicos le indicaán a un diabético recién diagnosticado es perder peso. Pero bajar de peso es una gran lucha para la mayoría. La mayoría de las personas que comienzan el plan de dos comidas al día pierden una cantidad significativa de peso y mantienen este descenso. Un estudio publicado recientemente en Gran Bretaña mostró que todos los participantes que perdieron 14 kilos o más vieron que su diabetes entraba en remisión.[5]

Los horarios para la comida son importantes

Para aquellos que desean comenzar un programa de dos comidas al día (ayuno intermitente al estilo adventista), se deben seguir ciertos principios.

Principio 1

Debes decidir cuándo consumiras tus dos comidas y adherirte meticulosamente a ese horario. Escríbelo y planifica estas dos comidas. Nota que Elena de White y su familia comían regularmente a las 7 y a las 13 horas. Si ese momento no es bueno para ti, selecciona el momento más adecuado y no te desvíes. Este fue mayormente su horario durante más de 40 años. Cuanto más temprano en el día, mejor.

“La regularidad en las comidas es de vital importancia. Debe haber una hora señalada para cada comida, y entonces cada cual debe comer lo que su organismo requiere, y no ingerir más alimento hasta la comida siguiente. Son muchos los que comen a intervalos desiguales y entre comidas, cuando el organismo no necesita comida, porque no tienen suficiente fuerza de voluntad para resistir a sus inclinaciones. Los hay que cuando van de viaje se pasan el tiempo comiendo bocadillos de cuanto comestible les cae a mano. Esto es muy perjudicial. Si los que viajan comiesen con regularidad y sólo alimentos sencillos y nutritivos, no se sentirían tan cansados, ni padecerían tantas enfermedades”.[6]

Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 200.

“En ningún caso debiera haber irregularidad en las comidas. Si se come el almuerzo una hora o dos antes del tiempo usual, el estómago no está preparado para la nueva carga; porque no ha digerido el alimento ingerido en la comida anterior y no tiene fuerza vital para la nueva hora. Así se sobrecarga el organismo”.[7]

Conducción del niño, p. 367.

“Tampoco deben demorarse las comidas por una o dos horas, a fin de acomodarse a las circunstancias, o para que pueda realizarse una cantidad de trabajo. El estómago exige el alimento a la hora de costumbre. Si la familia se atrasa, disminuye la vitalidad del organismo, y finalmente baja tanto que el apetito desaparece por completo. Si se ingiere entonces una cantidad de comida, se imposibilita para asimilarla y el alimento no puede convertirse en buena sangre.[8]

Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 200.

“Si todos comieran a intervalos regulares, sin probar nada entre las comidas, estarían listos para sus comidas y encontrarían placer en comer lo que los restaura para su esfuerzo”.[9]

Conducción del niño, p. 367.

Principio 2

Debe haber al menos cinco horas entre la primera comida y la segunda.

“El estómago requiere atención cuidadosa. No debe mantenerse en funcionamiento continuo. Den a este órgano tan maltratado, y del cual tanto se ha abusado, algo de paz y descanso. Una vez que el estómago ha hecho el trabajo de una comida, no se le imponga más labor antes que haya tenido oportunidad de descansar y antes que la naturaleza haya provisto suficiente jugo gástrico para poder absorber más comida. Debieran transcurrir por lo menos cinco horas entre dos comidas, y debiéramos recordar que si se quiere realizar una prueba, se comprobará que dos comidas resultan más saludables que tres”.[10]

Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 193.

“Después de que se participe de la comida regular, el estómago debiera descansar durante cinco horas. No debería introducirse en el estómago ni una partícula de alimento hasta la comida siguiente. En este intervalo el estómago realizará su obra y estará entonces en condiciones para recibir más alimento”.[11]

Conducción del niño, p. 368.

“En muchos casos la sensación de debilidad que da ganas de comer proviene del excesivo recargo de los órganos digestivos durante el día. Éstos, después de haber digerido una comida, necesitan descanso. Entre las comidas deben mediar cuando menos cinco o seis horas, y la mayoría de las personas que quieran hacer la prueba verán que dos comidas al día son mejores que tres”.[12]

El ministerio de curación, p. 234.

Principio 3

No se debe picotear entre comidas. A pesar de lo que escuchas, no existen los “bocadillos saludables”. Los snacks saludables son un oxímoron. La industria farmacéutica, los profesionales de la salud sin escrúpulos y las industrias alimentarias impulsan las meriendas o comidas entre horas porque lleva más dinero a sus bolsillos. Pon un punto final después de la segunda comida. Ve a cepillarte los dientes. Cuando probé consumir de 6 a 8 mini comidas, que era la recomendación para los diabéticos, todo lo que obtuve fue indigestión, acidez estomacal y aumento de peso.

“Me asombra saber que, después de toda la luz que se les ha dado en este lugar, muchos comen entre comidas. No debieran ingerir ni un solo bocado entre sus comidas regulares. Coman lo debido, pero en una sola comida, y luego esperen hasta la siguiente”.[13]

Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 333.

“Generalmente no se enseña a los niños la importancia de cuándo, cómo y qué deben comer. Se les permite satisfacer sus gustos a voluntad, comer a toda hora, a servirse de fruta cuando les da la gana, y esto, acompañado de pasteles y tortas, pan, mantequilla y fiambres que consumen constantemente, los vuelve golosos y dispépticos. Los órganos digestivos, como molino que se hace trabajar sin cesar, se debilitan, se exige la fuerza vital del cerebro, para que auxilie al estómago en su recargo de trabajo, y así las facultades mentales se debilitan. El estímulo anormal y el desgaste de las fuerzas vitales los vuelve nerviosos, impacientes por la restricción, dominados por su voluntad e irritables”.[14]

Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 202.

“Es una costumbre común entre la gente del mundo comer tres veces por día, además de ingerir alimentos a intervalos irregulares entre las comidas; y la última comida es generalmente la más pesada y se la ingiere a menudo antes de acostarse. Esto es invertir el orden natural, pues una comida copiosa no debe nunca ser ingerida tan tarde. Si estas personas cambiasen sus hábitos y comiesen sólo dos veces por día, sin ingerir nada entre las comidas, ni siquiera una manzana, una nuez, ni fruta alguna, el resultado se vería en forma de un buen apetito y de un notable mejoramiento de la salud”.[15]

Consejos sobre el régimen alimenticio, pp. 202, 203.

“Tres comidas por día y nada entre ellas, ni siquiera una manzana, debe ser el límite absoluto. Los que van más lejos violan las leyes de la naturaleza y sufrirán la penalidad”.[16]

Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 202.

¿Cuándo debo consumir mi última comida?

Principio 4

Deja que el estómago descanse por la noche. Su trabajo del día debe estar terminado antes de irte a la cama. Se ha reconocido la necesidad de un buen desayuno, pero las cenas tempranas (la última comida del día) no se han aceptado tan fácilmente. La última comida debe ser de cuatro a cinco horas antes de acostarte. Las nuevas investigaciones sobre el ayuno intermitente demuestran que el ayuno diario durante la noche de 15 a 19 horas es lo que restaura el azúcar en la sangre a la normalidad. Elena de White a menudo dijo que se le había mostrado que los ayunos cortos eran muy beneficiosos. Los alimentos que permanecen en el estómago durante la noche hacen que el estómago trabaje toda la noche y pierda el descanso necesario.

“A las personas de hábitos sedentarios les resultan particularmente perjudiciales las cenas tardías y el desarreglo que ocasionan es muchas veces principio de alguna enfermedad que acaba en muerte”.[17]

Conducción del niño, p. 369.

“Muchos tienen el hábito perjudicial de comer justamente antes de dormir. Tal vez han tenido tres comidas regulares; sin embargo, ingieren una cuarta comida porque experimentan una sensación de languidez. La complacencia de esta práctica equivocada la ha convertido en un hábito, y piensan que no podrán dormir si no comen antes. En muchos casos, esa languidez se debe a que los órganos digestivos ya han sido recargados severamente durante el día con la digestión de alimento perjudicial ingerido con demasiada frecuencia y en cantidad excesiva. Los órganos digestivos que han sido recargados de esta manera, se fatigan y necesitan un período de completo descanso para recobrar sus energías exhaustas. Nunca debería ingerirse una segunda comida hasta tanto el estómago haya tenido tiempo de descansar del trabajo de digerir la comida anterior. Si es necesario tomar una tercera comida, esta debería ser liviana y debería tomarse varias horas antes de acostarse.

“Pero en el caso de muchas personas, el pobre y cansado estómago puede quejarse en vano de cansancio. Se introduce en él una nueva cantidad de alimento que pone en movimiento los órganos digestivos para volver a realizar el mismo ciclo de trabajo durante las horas de sueño. El sueño de tales personas por lo general es perturbado por pesadillas, y en la mañana despiertan cansadas. Sienten una sensación de languidez e inapetencia. En todo el organismo se experimenta una falta de energía. En poco tiempo los órganos digestivos están agotados porque no han tenido tiempo para descansar”.[18]

Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 194.

Principio 5

No debe haber una gran variedad de alimentos en ninguna comida y los alimentos no deben ser demasiado procesados. Muchos de los productos que compramos en el supermercado son muy complejos, con muchos ingredientes. Si el producto envasado tiene más de tres ingredientes, debe evitarse. ¿Qué hay de malo con solo un tomate en rodajas en tu plato? ¿O maíz en la mazorca? ¿O arroz integral cubierto con porotos negros? Delicioso y sencillo. Consume alimentos integrales.

“Cuando nos retiramos a descansar, el estómago ya debería haber realizado todo su trabajo, porque él también necesita tener descanso como cualquiera otra parte del cuerpo. El trabajo de digestión no debería efectuarse durante ningún lapso de las horas de sueño. Después que el estómago recargado ha realizado su tarea, queda exhausto, lo que provoca una sensación de languidez. Muchos se engañan en esto pensando que es la falta de comida la que produce esa sensación, e ingieren más alimento, sin permitir que el estómago descanse; y con esto la languidez desaparece momentáneamente. Y cuanto más se complace el apetito, tanto más insiste en ser gratificado. […] El remedio para tales personas consiste en que coman con menor frecuencia y en menos abundancia, que se conformen con alimentos sencillos y que coman dos veces, o a lo más, tres veces al día. El estómago debe tener períodos regulares de trabajo y descanso; por esto el comer irregularmente y entre las horas de comida constituye una violación muy perniciosa de las leyes de la salud. El estómago puede recobrar su salud gradualmente si se practican hábitos regulares y si se ingiere alimento apropiado”.[19]

Mensajes selectos, t. 2, p. 479.

Principio 6

Haz del agua tu ayudante. Bebe dos vasos al levantarte (el agua tibia es mejor), que actúa como un limpiador interno. Se deben consumir de seis a ocho vasos de agua durante todo el día entre las dos comidas. Cuando tengo hambre, el vaso de agua tibia me da una sensación de saciedad. Toda función química y física de la vida se lleva a cabo en un medio acuoso. Un buen cerebro está compuesto principalmente por agua (85 %). Una persona puede confundir la sed con el hambre.

Elena de White desaconseja beber agua con las comidas, especialmente “el agua o la limonada heladas, tomadas en las comidas, detendrán la digestión hasta que el organismo haya impartido suficiente calor al estómago de manera que pueda reasumir su tarea. […] Cuanto más líquido se lleve al estómago con las comidas, tanto más difícil será la digestión de los alimentos; porque todo el líquido deberá ser absorbido en primer lugar”.[20]

Muchas personas beben más bebidas gaseosas que agua. Evita las gaseosas, porque contienen al menos diez cucharaditas de azúcar y otros productos químicos, y en realidad aumentan la sed. ¿Lavas tus platos con bebidas gaseosas? ¿Por qué lavarse el estómago con un líquido tan pegajoso? Sigue bebiendo agua pura todo el día. Las mujeres del Estudio Adventista de Salud que bebieron la mayor cantidad de agua tenían el menor riesgo de sufrir un ataque cardíaco mortal. El Dr. Chan descubrió que los participantes en el Estudio de Salud Adventista que consumían mayormente otras bebidas en vez de agua, como jugos de frutas, refrescos, café y té, aumentaron el riesgo de un ataque cardíaco mortal dos veces y media; y los hombres, en un 50 %.[21] El agua es el único líquido que permite que tu estómago descanse. Los otros líquidos necesitan ser digeridos en cierta medida.

Principio 7

Deja que el ejercicio sea tu amigo. El azúcar en la sangre es utilizada por los músculos grandes de las piernas después de una comida y es bastante beneficioso para la digestión.

“Una corta caminata después de una comida, con la cabeza erguida y los hombros echados atrás, realizando así un ejercicio moderado, resulta de gran beneficio”.[22]

Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 118.

“El estómago enfermo se aliviará con el ejercicio. […] si se alimentaran moderadamente e hicieran un ejercicio saludable con ánimo alegre, recuperarían la salud y ahorrarían tiempo y dinero”.[23]

Mensajes selectos, t. 2, p. 470.

“El ejercicio ayuda a la digestión. Salir a caminar después de comer –con la cabeza erguida, los hombros enderezados y haciendo un moderado ejercicio– será de gran beneficio. La mente se apartará de uno mismo y se concentrará en las bellezas de la naturaleza. Cuanto menos se preste atención al estómago después de una comida, mejor”.[24]

Consejos sobre la salud, pp. 52, 53.

“El ejercicio es importante para la digestión, y para gozar de una condición saludable del cuerpo y la mente. Usted necesita ejercicio físico. Usted se mueve y actúa como si fuera de madera, como si no tuviera elasticidad. Lo que usted necesita es el ejercicio sano y activo. Esto vigorizará la mente. Usted ni debe estudiar ni debe hacer ejercicio violento inmediatamente después de una comida completa”.[25]

Consejos sobre el régimen alimenticio, pp. 117, 118.

Mi testimonio personal

Me gustaría agregar mi testimonio personal. Estaba sentado en el consultorio de mi médico hace casi tres años, mientras él revisaba los resultados de laboratorio de mi análisis de sangre. “¡Tienes diabetes!”, escuché con incredulidad. Mi médico continuó: “Hay cuatro cosas que pueden estar afectando para llevarte allí: 1) Te estás volviendo viejo. 2) Eres afroamericano y las tasas son mucho más altas entre este grupo. 3) Tiene antecedentes familiares de diabetes: tu padre, tu abuela y otras personas de tu familia tenían diabetes. 4) Acabas de pasar por un estrés terrible hace poco y este fue probablemente el desencadenante”.

Mi esposa de 54 años acababa de fallecer, el 7 de noviembre de 2015. Mi médico me dio más consejos: “Lo mejor sería que consumas pequeñas comidas —minicomidas— a lo largo del día, para mantener estable el azúcar en la sangre y eliminar los picos de insulina. No hay picos de insulina cuando consumes comidas pequeñas a intervalos cortos. Consumir de cuatro a seis comidas pequeñas al día en realidad aumenta tu metabolismo y ayuda a acelerar tu sistema para quemar grasa. Eso te ayudará a perder peso”.

Por un corto tiempo intenté seguir sus consejos, pero esas minicomidas me dieron ardor estomacal e indigestión, y seguí aumentando de peso. Compré un cuaderno para llevar un registro exacto de mis niveles de azúcar en sangre, y aprendí a pincharme el dedo y a usar el monitor de azúcar en sangre. Después de mucha oración, fui al Espíritu de Profecía, y las declaraciones sobre dos comidas diarias me llamaron la atención. En febrero de 2016 yo pesaba 89 kilos. Establecí mi horario de comidas para poder desayunar a las 10 de la mañana, y consumir mi última comida a las 17. Cada vez que tenía hambre, bebía un vaso de agua. Empecé a perder peso. Para julio de 2017 había perdido casi quince kilos. Mis hijos estaban un poco preocupados, porque decían que me veía débil, así que intenté recuperar a propósito algo más de dos kilos. Nunca me tuvieron que prescribir medicamentos para la diabetes.

Aunque nací en una familia adventista adventista del séptimo día, no me hice vegetariano hasta que ingresé al departamento de Salud y Temperancia en 1983. Leí el libro El ministerio de curación y quedé convencido de que una dieta basada en plantas era lo mejor para mí, y que tenía que ser un ejemplo en mi trabajo. Oré mucho, pero el Señor me fortaleció para abandonar completamente la carne. Le dije a la gente que no comía nada que se moviera o que lo había hecho.

Siempre fui goloso, y ahora que estaba siguiendo el consejo de Elena de White de las dos comidas diarias, mi atención se dirigió a otra cita del Espíritu de Profecía. Decidí eliminar de mi dieta también el azúcar de mesa y el azúcar agregado. (“Por la luz que me ha sido dada, sé que el azúcar, cuando se usa copiosamente, es más perjudicial que la carne”).[26] El desafío del azúcar fue más difícil para mí que adoptar las dos comidas al día, pero con mucha oración y lucha, siento que el Señor me dio una victoria. No necesito un postre después de mis comidas. He aprendido a amar los arándanos, los dátiles, las uvas y otras frutas que satisfacen mi gusto por lo dulce. Una o dos veces al mes, puedo comer una rebanada de pastel de frutas, pero no tengo antojos por los dulces (especialmente el chocolate) como solía hacerlo.

En mi última visita al médico, mi hemoglobina A1C era de 5,4, ¡lo que indica que ya no tengo diabetes y mi análisis de sangre en todas las áreas era normal! Tengo un reloj Fitbit que monitorea mi actividad física, y me aseguro de dar 10.000 pasos al aire libre todos los días y de levantar pesas aproximadamente tres veces por semana. He cortado todas las bebidas excepto el agua, que bebo copiosamente entre mis dos comidas. Creo que la mayoría de los médicos tratan los síntomas (el azúcar en sangre) y no la causa: un estómago y un sistema digestivo con exceso de trabajo y sin descanso. Una vez que estos órganos descansan, el cuerpo puede curarse por las leyes que Dios ha incorporado en nuestro cuerpo. Aquí está mi historial de pérdida de peso y disminución de la hemoglobina A1C:

Hemoglobina A1C Peso en kilos Fecha
89 Febrero de 2016
6,6 85 Junio de 2016
6,1 82 Septiembre de 2016
5,8 80 Enero de 2017
5,4 75 Julio de 2017

Lo más sorprendente para mí fue que había estado tomando medicamentos para el colesterol durante más de 30 años y medicamentos para la presión arterial alta durante unos 15 años. ¡Ya no estoy tomando medicamentos recetados! (Por cierto, todos los vegetarianos a largo plazo deben verificar su nivel de homocisteína. El mío era extremadamente alto y me aconsejaron que tomara vitaminas B12 y B6 y ácido fólico a diario, lo que lo ha llevado a la normalidad. También mi nivel de vitamina D era bajo, y ahora tomo vitamina D3 a diario durante los meses de invierno).

Mi médico dice que siempre tendré diabetes, pero está en remisión. En cada visita al consultorio, me hace muchas preguntas sobre Elena de White y la salud en la Biblia. “No puedo creer que algo tan simple como dos comidas al día y reducir el azúcar puede producir tan buenos resultados –me dice–. Es contraintuitivo. Realmente creo que tres comidas generosas y varios refrigerios entre medio son el camino que seguir para evitar que tu nivel de azúcar en sangre se dispare, pero sigue haciendo lo que estás haciendo. Te está dando resultados”. Y le dará resultados a cualquiera que tenga la determinación de probarlo. Ahora que me estoy acercando a los ochenta años, por la gracia y el poder de Dios, tengo planes de seguir con mi nuevo estilo de vida. Ahora que estoy acostumbrado, es fácil mantenerlo y realmente no será difícil seguirlo por el resto de mi vida. Me ahorra tiempo en la preparación de alimentos en la cocina y es más barato. Estoy agradecido de que ahora tenemos varios estudios buenos que validan el estilo de vida adventista de reforma plena.

Cierro con dos citas de Elena de White:

“Si los adventistas del séptimo día practicaran lo que profesan creer, si fueran sinceros reformadores de la salud, verdaderamente serían un espectáculo para el mundo, los ángeles y los hombres”.[27]

Consejos sobre la salud, p. 579.

“Debieras recordar que si deseas realizar una prueba, comprobarás que dos comidas resultan más saludables que tres”.[28]

Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 193.

DeWitt S. Williams es doctor en Educación, magíster en Salud Pública y especialista en Educación para la Salud. Prestó 46 años de servicio a la Iglesia Adventista, y finalmente se desempeñó como director del Ministerio de la Salud en la División Norteamericana. Viajó a más de un centenar de países y en todo Estados Unidos dando conferencias sobre la importancia de la buena salud. Ha sido pastor y misionero, y es autor o coautor de nueve libros.

Este artículo fue publicado originalmente en Spectrum el 18 de diciembre de 2018. Publicado con permiso.


Referencias:

[1] Elena de White, Spiritual Gifts, t. 4, p. 154. La primera parte de la cita se encuentra en Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 537. Todas los énfasis son agregados por el autor.

[2] White, Story of our Health Message, p.76.

[3] “Eating two larger meals a day (breakfast and lunch) is more effective than six smaller meals in a reduced-energy regimen for patients with type 2 diabetes: a randomised crossover study”, Kahleova, H., Belinova, L., Malinska, H. et al. Diabetologia (2015) 58:205. https://doi.org/10.1007/s00125-014-3411-9

[4] “Meal Frequency and Timing Are Associated with Changes in Body Mass Index in Adventist Health Study 2”, Hana Kahleova et al, Journal of Nutrition, 1 de septiembre de 2017, vol. 147, no. 9, pp. 1722-1728.

[5] “Primary care-led weight management for remission of type 2 diabetes (DiRECT): an open-label, cluster-randomised trial”, Lean, Michael E. J. et al., The Lancethttp://dx.doi.org/10.1016/S0140-6736(17)33102-1

[6] Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 200.

[7] White, Conducción del niño, p. 367.

[8] Ídem, Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 200.

[9] Conducción del niño, p. 367.

[10] Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 193.

[11] Conducción del niño, p. 368.

[12] White, El ministerio de curación, p. 234.

[13] White, Testimonios para la iglesia, t. 2, p. 333.

[14] Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 202.

[15] Consejos sobre el régimen alimenticio, pp. 202, 203.

[16] Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 202.

[17] Conducción del niño, p. 369.

[18] Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 194.

[19] White, Mensajes selectos, t. 2, p. 479.

[20] Consejos sobre el régimen alimenticio, pp. 121, 122.

[21] J. Chan, “Water, Other Fluids, and Fatal Coronary Heart Disease”, American Journal of Epidemiology, 2002, 155:827-833.

[22] Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 118.

[23] Mensajes selectos, t. 2, p. 470.

[24] White, Consejos sobre la salud, pp. 52, 53.

[25] Consejos sobre el régimen alimenticio, pp. 117, 118.

[26] Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 362.

[27] Consejos sobre la salud, p. 579.

[28] Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 193.

Sobre El Autor

Doctor en Educación, magíster en Salud Pública y especialista en Educación para la Salud. Prestó 46 años de servicio a la Iglesia Adventista, y finalmente se desempeñó como director del Ministerio de la Salud en la División Norteamericana. Viajó a más de un centenar de países y en todo Estados Unidos dando conferencias sobre la importancia de la buena salud. Ha sido pastor y misionero, y es autor o coautor de nueve libros.

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