Siempre pensé que el ayuno era algo religioso, pero últimamente escuché que ahora se recomienda para mi salud. Entonces, ¿es religioso, un asunto de salud, o ambos? ¿Cómo me ayuda el ayuno?

El ayuno, una práctica religiosa desde hace siglos, también ha sido una práctica de salud durante mucho tiempo. Para responder a sus preguntas con una profundidad razonable, abordaremos los aspectos de salud física ahora y los aspectos psico-espirituales en una columna futura.

El ayuno es la abstinencia voluntaria de todos los alimentos sólidos y líquidos, excepto el agua (un mínimo de 2,5 litros por día), generalmente durante un período de tiempo predeterminado. El ayuno hídrico (en el que solo se consume agua) ha sido empleado por muchos en todo el mundo para “limpiar” o “desintoxicar” los sistemas del cuerpo y como un “activador de saltos” metabólicos e inmunológicos antes de hacer cambios a nuevas prácticas alimentarias más sanas.

El ayuno puede ayudar a prevenir enfermedades malignas y aumentar la eficacia de las terapias contra el cáncer. Incluso puede reducir la osteoporosis y la actividad de las enfermedades autoinmunes. Estudios recientes han demostrado que el ayuno hídrico, controlado por un médico y supervisado durante una semana, tiene efectos beneficiosos sobre el control del azúcar en la sangre, los marcadores de lípidos en la sangre, el peso corporal y la presión arterial.

Las dietas diseñadas para imitar el ayuno, realizadas por personas con diabetes y prediabetes durante cinco días al mes durante tres meses reducen los marcadores de riesgo asociados con el envejecimiento, las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y el cáncer. Las personas cuyo estilo de vida incluye el ayuno periódico pueden revertir la diabetes tipo 2 y la hipertensión, y pueden tener una mejor salud cardíaca que quienes no la padecen.

Durante el ayuno hídrico, se consumen los carbohidratos almacenados y, en su lugar, se utiliza grasa (como cetonas) para obtener energía; las células dañadas por la edad se reciclan en un proceso llamado autofagia (“comerse a sí mismo”); y se liberan en el sistema inmunológico los factores de crecimiento que promueven el desarrollo de músculo magro sano, nuevas células cerebrales y células activas renovadas. El uso de cetonas para obtener energía favorece la descomposición de los depósitos de grasa en el hígado y alrededor de los órganos internos, y puede producir resultados favorables en el metabolismo. El ayuno puede ser una práctica razonable de promoción de la salud física en lugares donde la comida es abundante y el consumo excesivo es común, pero no donde las personas están desnutridas. No es aconsejable que practiquen este ayuno las mujeres embarazadas y las personas que toman medicamentos o que tienen un trastorno alimentario, o padecen afecciones médicas graves. Siempre se debería observar la prudencia, el buen juicio y la consulta y la supervisión médica. Sin embargo, lo que se come entre ayunos sigue siendo el principal problema nutricional: una dieta equilibrada, basada en plantas y nutricionalmente sana no tiene sustituto. Un estilo de vida que promueva la salud en general es clave, y en algunos casos puede mejorarse mediante una restricción calórica intermitente cuidadosa y juiciosa.

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