Era tan solo un día más en el ministerio de Cristo. Como siempre, las multitudes querían oír sus palabras y experimentar sus milagros. Pero esta vez eran tantos que el barco tuvo que alejarse de la playa. En este contexto, viendo la planicie de Genesaret en días de plantación y cosecha, Jesús presentó la parábola del sembrador (Mat. 13:1-23). Es una ilustración misionera preciosa, con tres mensajes especiales que se destacan.

El sembrador que salió a sembrar es el personaje principal de la parábola. Normalmente enfatizamos la calidad del suelo o el resultado de la semilla, pero si aquel no hubiera salido, nada habría sucedido. Podemos aprender una lección: muchas veces empleamos demasiado tiempo filosofando y discutiendo sobre aquellos temas, cuando deberíamos poner nuestros mejores esfuerzos en preparar más sembradores, pues cuanto más gente se involucre, más frutos se cosecharán.

Algunas semillas no dieron resultados. De los cuatro tipos de suelo mencionados por Jesús, tres tenían condiciones inadecuadas. El primero estaba junto al camino, el segundo era rocoso y el tercero estaba entre espinos. En todos ellos, la semilla no dio el resultado esperado. Pero a pesar de eso, el sembrador intentó alcanzar a todos ellos. Al presentar esta realidad, Cristo se refería primeramente a su propio ministerio, pues a pesar de lanzar semillas en muchos corazones, no todos aceptaron. Hoy también tenemos el desafío de esparcir semillas en todo lugar con movimientos que sean simples, osados, relevantes y abarcadores. No podemos limitarnos a ideas complejas y métodos caros, que busquen alcanzar solamente el suelo ideal. La misión debe ser para todos y en todo lugar. No siempre tendremos el resultado esperado; pero, como Cristo, debemos seguir esparciendo semillas.

En el suelo fértil, la semilla se multiplicó. Esta dio fruto “una a ciento, otra a sesenta y otra a treinta por uno” (Mat. 13:8, Reina-Valera actualizada). Jesús esperaba una gran cosecha y la midió en números; los utilizó tanto en la presentación como en la explicación de la parábola (vers. 8 y 23), recordando que no tenemos que tener miedo de usarlos para medir el alcance y el crecimiento de la misión, siempre y cuando no sea un fin en sí mismo.

Debemos evitar los extremos de la numerolatría y de la numerofobia, pero buscar con equilibrio, consagración, dedicación y osadía los grandes resultados que el Señor garantiza a los sembradores, por el poder del Espíritu Santo. Después de todo, “Dios tendrá hombres que aventurarán cualquier cosa para salvar almas […] trabajando aún con fe, con lágrimas y paciente esperanza, sembrando a lo largo de todas las aguas, confiando que el Señor producirá el crecimiento” (Elena de White, El evangelismo, p. 65). Cuanto más esparzamos la semilla, más encontraremos suelos fértiles y corazones preparados.

Hay muchas maneras en que podemos ser sembradores hoy, pero una de las que más me impresionan es la distribución de libros misioneros. Estos son como semillas, que van a cualquier lugar y alcanzan todo tipo de corazón. Hace unos meses, el Impacto Esperanza dejó eso todavía más claro. En 2018 participé de la entrega de libros en Unaí (Minas Gerais, Brasil). Allí me encontré con Marcelo, que usaba muletas y estaba viviendo un momento difícil en su vida. Oramos juntos, le pedí sus datos de contacto y se los entregué a los jóvenes del proyecto “Un año en Misión” que trabajaban en la ciudad. En noviembre de ese año tuve la alegría de bautizarlo. Este año participé del Impacto Esperanza en la región central de Brasilia. Al pasar dentro de un centro comercial, escuché a alguien que dijo: “Feliz sábado”. Busqué a quien había hablado y me encontré con Sandy. Estaba alejada de la iglesia, y trabajaba en una tienda de celulares. Conversamos, oramos, y esa misma tarde fue a un programa de la iglesia, y está asistiendo a los cultos nuevamente.

Estas semillas tendrán una gran cosecha. Elena de White garantiza que “más de mil personas se convertirán en un solo día, la mayor parte de las cuales adjudicarán sus primeras convicciones a la lectura de nuestras publicaciones” (El evangelismo, p. 694). Debemos continuar haciendo lo mejor de nuestra parte, lanzando semillas y confiando en que “ha llegado el tiempo cuando debemos esperar que el Señor haga grandes cosas por nosotros. Nuestros esfuerzos no deben flaquear ni debilitarse” (Elena de White, Mensajes selectos, t. 1, p. 135).RA

Sobre El Autor

Pastor de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, que actualmente sirve como presidente de la División Sudamericana. Tiene 47 años y es oriundo del estado de Río Grande do Sul, Brasil.

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Una Respuesta

  1. ROQUE CRESPO

    El Sembrador Eterno y la semilla de su evangelio están todavía presentes en este mundo, el primero se multiplica en cada uno de sus discípulos, colportores, fabricas cristianas, etc, la segunda en cada, Biblia, libro, folleto que hablan de la Verdad Bíblica.

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