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La perfección es la huella digital de Dios en la Creación. Él puso esta marca en cada detalle del Universo, del planeta Tierra, de la naturaleza, y especialmente del ser humano. A fin de cuentas, esa es la identidad de su carácter.

Pero, hubo un cambio radical cuando el cielo fue sacudido, el Universo quedó en shock y la Tierra fue infectada por el surgimiento del pecado. Isaías 14:13 y 14 describe el sentimiento que estuvo por detrás de esta tragedia: el egoísmo. Cinco veces Lucifer se exaltó y estuvo dominado por su propio “yo”. Por eso, Elena de White afirma que “el espíritu de egoísmo es el espíritu de Satanás” (Los hechos de los apóstoles, p. 279), y que es “la esencia de la depravación” (Mente, carácter y personalidad, t. 1, p. 30). Sus efectos son tan complicados que hasta Platón decía que el “amor gigantesco por sí mismo” es la causa de todas las culpas de los hombres.

Necesitamos ver más lejos, y entender que el egoísmo no es tan solo un sentimiento con el cual tenemos que batallar, sino además la gran arma de Satanás para enfrentar al Cielo e intentar destruir la Tierra. Es el mayor veneno de la vida humana y el punto de partida de todo el sufrimiento, pues cambia los valores eternos por los intereses personales, pone a la criatura en el lugar del Creador y mantiene al “yo” en el trono, mientras clava a Jesús en la Cruz.

Estamos en un campo de batalla. Según Elena de White, la lucha contra el egoísmo es “la batalla más grande que jamás hayamos peleado” (El camino a Cristo, p. 38). Si este es cultivado, “llega a ser una pasión devoradora” (El ministerio de la bondad, p. 41).

En los “tiempos peligrosos” de los últimos días, esta lucha se volverá aún más intensa, pues “habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios […]” (2 Tim. 3:2).

En medio de esta situación, somos llamados a “cooperar con Dios en desarraigar el egoísmo del corazón humano” (ibíd., p. 16), porque “la gracia de Dios subyuga el egoísmo inherente al corazón natural” (El Deseado de todas las gentes, p. 632). Cuando permitimos que él actúe en nosotros, pasamos a ser cada vez menos egocéntricos y nos volvemos cada vez más cristocéntricos.

Los remedios de Dios contra esta “esencia de la depravación” se presentan en cada uno de los grandes temas de la Biblia.

Cuando los entendemos así, dejamos de ver un conjunto de principios aislados, para ver un sistema de protección.

Cuando desobedecemos el mandamiento del sábado, y no lo consideramos en forma sagrada e innegociable, estamos rechazando un remedio contra el egoísmo del tiempo.

Cuando el Señor pide nuestros diezmos y ofrendas, en verdad nos está dando un remedio contra el egoísmo del dinero.

Cuando Dios nos convoca a poner todas las prioridades, las energías y la creatividad en el cumplimiento de la misión, nos está aplicando un remedio contra el egoísmo de la salvación.

Cuando establece la familia como una institución permanente, basada en el amor, el perdón, el compañerismo y la comprensión, nos está ofreciendo un remedio contra el egoísmo de los sentimientos. Y la lista podría ser mucho más extensa.

Pero ¿has notado cómo el enemigo está trabajando intensamente para debilitar, confundir o destruir específicamente cada uno de estos principios?

En realidad, no está luchando contra estos, sino contra las barreras que nos protegen del egoísmo. Cuanto más libre quede el camino, más fácilmente él vencerá nuestra “batalla más grande” o controlará esta “pasión devoradora”.

En tanto que Satanás aplica su veneno del egoísmo, pensando solamente en el “yo” (Isa. 14:13, 14), Dios ofrece su ejemplo de altruismo, amando “de tal manera […] al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito” (Juan 3:16).

La receta de Dios es clara y simple: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mat. 6:33).

Esta decisión depende de ti. Para eso, recuerda que tu corazón no fue hecho para ser seguido, sino para ser dirigido por el Señor.RA

Sobre El Autor

Pastor de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, que actualmente sirve como presidente de la División Sudamericana. Tiene 47 años y es oriundo del estado de Río Grande do Sul, Brasil.

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Una Respuesta

  1. Melvin Batz

    Excelente artículo, interesante seria profundizar sobre cómo quitarle egoísmo, ya que la sociedad te empuja hacia eso.

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