En primer lugar, es importante comprender que los hijos necesitan (y en el fondo lo desean) que se les fijen límites. Por lo tanto, como padre o madre, establece reglas y asegúrate de que tu hijo las entiende. Algunos padres sienten que aman demasiado a sus hijos como para ponerles límites y disciplinarlos, pero en realidad, en esos casos los hijos tienen la impresión de que sus padres no se interesan por ellos.

“Es obra de los padres restringir, guiar y controlar. No pueden cometer un mal peor que permitir que sus hijos satisfagan todos sus deseos y fantasías pueriles, y dejarlos que sigan sus propias inclinaciones; no les pueden hacer un mal peor que dejar en su mente la impresión de que deben vivir para agradarse a sí mismos y divertirse, para seguir sus propias inclinaciones y buscar sus propios placeres y compañías […]. Los jóvenes necesitan padres que los eduquen y disciplinen, que les corrijan sus malos hábitos e inclinaciones y poden sus malas tendencias” (Elena de White, Conducción del niño, p. 209).

Al momento de colocar las reglas, deja que tu hijo exprese lo que piensa sobre las reglas familiares. Si te pide, por ejemplo, que lo dejes llegar más tarde, escúchalo mientras expone sus razones. El adolescente que se siente escuchado estará más dispuesto a respetar las decisiones de sus padres –sea que esté de acuerdo o no– y a obedecerlos (ver Sant. 1:19).

Aun cuando las reglas sean razonables y consensuadas, muchos jovencitos deciden no obedecer. ¿Qué hacer, entonces?”

Poner límites y disciplinar a un adolescente no es igual que con un niño. Decir “Porque yo lo digo” solo traerá resentimiento y rebeldía. Por ello, cuando tomes una decisión, explica a tu hijo el porqué. Aun si no queda muy contento, lo más seguro es que agradezca tener padres razonables dispuestos al diálogo. Recuerda que tu hijo adolescente está en camino a ser adulto. Y algo que lo ayudará a convertirse en un adulto responsable es que tú establezcas normas razonables y las comentes con él (ver Prov. 22:6).

Aun cuando las reglas sean razonables y consensuadas, muchos jovencitos deciden no obedecer. ¿Qué hacer, entonces?

Compartimos a continuación algunos consejos generales:

Nunca castigues cuando estés enojado: en el calor del momento puedes decir algo de lo que te arrepentirás más tarde, o puedes establecer una restricción demasiado severa.

Nunca impongas un castigo que no estés preparado para cumplir: Piensa con anticipación las posibles reacciones de tu adolescente frente a la disciplina que quieres impartirle, y si el resultado será positivo. Además, asegúrate de poder cumplir con lo que dices. No cumplir dañará tu credibilidad y reforzará el comportamiento que intentas castigar.

Las consecuencias de corto plazo dan mejores resultados: la mayoría de los castigos pierden su efectividad si duran más de 24 horas.

No utilices la culpa como un medio de disciplina: No es conveniente decir, por ejemplo: “¿Cómo puedes salir en público luciendo así, con todos esos agujeros en tus pantalones? ¡Todos van a pensar que soy mala madre!” La culpa no logrará los resultados deseados.

Ayuda al adolescente a aprender de sus errores: Confrontar a un adolescente por una falta de conducta no tiene que convertirse en una inquisición. Se debe establecer un diálogo. Para que un adolescente aprenda de sus errores, primero tiene que reflexionar sobre lo que hizo y los motivos para hacerlo. El siguiente paso es replantear y aclarar el problema, y luego ayudarlo a buscar una o más soluciones.

Aplica disciplina de forma constante: Cuando los padres imparten un castigo al azar, están reforzando el comportamiento negativo. Ser inconstante puede confundir al adolescente y crear falta de respeto hacia los padres. Poner las reglas por escrito puede ser positivo.

Ten en cuenta que, al tratar con tu hijo o hija adolescente, debes priorizar lo que deseas controlar; el hogar no debe ser un campo de batalla por el poder constantemente. Esto no es saludable para tus hijos ni para ti como padre.

Recuerda pedir sabiduría del Cielo para poner los límites y disciplinar a tus hijos. ¡Esto será determinante! RA