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Así describió Luis Alberto Baum la figura de su padre, Lorenzo J. Baum, a quien veía como sembrador de un hermoso legado de fe y de enseñanzas inestimables.

En una tórrida tarde de verano en Villa Guillermina, Provincia de Santa Fe (Rep. Argentina), Juan Baum descansaba debajo de un árbol, cuando un visitante se le acercó para ofrecerle un libro cargado de un mensaje especial. Juan lo recibió a la sombra de ese árbol. El libro se titulaba El Rey que viene, escrito por James Edson White (hijo de Elena de White), traducido al castellano en 1913 (el mismo año en que nació Lorenzo Baum, el 7 de septiembre). Juan compró el libro y el visitante se alejó por donde había venido.

Tiempo después, Juan se puso a leer el libro bajo el mismo árbol, y se detuvo en la figura que ilustraba el regreso glorioso de Cristo. Se extasió en esa contemplación de tal modo que se quedó dormido, y soñó con que el Señor venía y no lo hallaba preparado. Despertó sudoroso y conmovido hasta el llanto, con el libro en sus manos. Desde entonces perdió su pasión por la cría de caballos, por las carreras y las apuestas, y se abocó a la cría de ganado, al tiempo que hablaba sobre el regreso de Jesús con vecinos y parientes.

Compartió el mensaje del Advenimiento en Villa Guillermina, Las Toscas y Villa Ocampo, en la provincia de Santa Fe, así como en Bella Vista, provincia de Corrientes, al otro lado del Paraná. Juan se había casado con Petronila Prosmann, de esa localidad correntina. Por esa razón, invitó al misionero Pedro M. Brouchy para que lo acompañara a visitar a sus parientes y amigos de Colonia Progreso, cerca de Bella Vista. Concurrieron a sus reuniones las familias Prosmann, Hengen, Lavooy y Sand, las que se convirtieron en el núcleo inicial de adventistas de la zona. Juan fue también donante de la propiedad en la que se encuentra la Iglesia Adventista de Villa Ocampo, Santa Fe.

Juan buscó sin éxito al vendedor de libros. Hasta preguntó en las oficinas de la Asociación del Norte, sin dar con su paradero. Juan murió creyendo que un ángel lo había visitado en esa calurosa tarde de verano.

A los quince años de edad, su hijo Lorenzo decidió dejar las tareas de campo para estudiar como alumno “industrial” (becario) en el Colegio Adventista del Plata, en la provincia de Entre Ríos. Quería ser un escritor cristiano. Su personalidad y la elegancia de su expresión escrita y oral le granjearon el apodo de “El Conde” entre sus condiscípulos.

En el colegio conoció a Edelvina Ernst, hija del primer alumno del Colegio Adventista del Plata, el pastor Luis Ernst. Lorenzo se graduó del Curso Ministerial en 1938, junto a otros conocidos pastores: Adán Mayer, Moisés Tenorio y Santiago Bernhardt. Edelvina y Lorenzo se casaron en Urdinarrain, Entre Ríos, en 1942. El matrimonio tuvo tres hijos: Alicia, Graciela Inés y Luis Alberto. Lorenzo se inició como periodista en la ciudad de Rosario, Santa Fe. En mayo de 1943 fue invitado por la Casa Editora Sudamericana (hoy, ACES) para incorporarse como redactor. Por muchos años dirigió la revista Juventud, y luego Vida Feliz, hasta su retiro en julio de 1980. Su ministerio editorial se había extendido por 36 años. En la editorial preparó una gran cantidad de artículos y folletos con el estilo ameno y fluido que lo caracterizaba. Puede mencionarse, a manera de ejemplo, el librito de 64 páginas La mayor esperanza de los siglos (Buenos Aires: ACES, 1964). Era un intelectual sólido, de enseñanza correcta, expresión sencilla y hermosa. Amaba la Biblia, y rehuía las cuestiones tediosas y las disputas estériles. Sabía que la Palabra de Dios alcanza los corazones sinceros.

Lorenzo Baum escribió dos libros de amplia distribución en Latinoamérica: La mayor conquista de la vida (Buenos Aires: ACES, 1955), con una tirada de veinte mil ejemplares en su primera edición, y Frente a un mundo nuevo (Buenos Aires: ACES, 1975), cuya primera edición fue también de veinte mil ejemplares. Estos libros se reimprimieron varias veces en la misma editorial y en otras.

El Pr. Baum colaboró al mismo tiempo con las iglesias de Buenos Aires, siendo, por ejemplo, el primer pastor de la Iglesia de San Martín.

Después de su jubilación de la Asociación Casa Editora Sudamericana, se le pidió revisar el Diccionario bíblico adventista del séptimo día (Buenos Aires: ACES, 1995), de 1.239 páginas, además de corregir otros libros.

Pasó sus últimos años en Escobar, provincia de Buenos Aires, rodeado de sus afectos, de sus libros, de sus plantas y de sus animales domésticos. Falleció el 27 de septiembre de 2010, a los 97 años, y fue sepultado en Libertador San Martín, Entre Ríos. Fue ciertamente un sembrador cristiano, paciente y oportuno.

Daniel Oscar Plenc