En septiembre se cumplieron cuarenta años desde mi bautismo, y eso me trae recuerdos especiales. Fue en 1978, con diez años de edad, que mi padre me bautizó en la Iglesia Adventista del Barrio Camaquã, en Porto Alegre, República del Brasil, que en aquella época era apenas una casita de madera. Fue un lugar acogedor, donde di mis primeros pasos en la vida cristiana, fui discipulado y estimulado a participar, crecer, y amar a Dios y a la iglesia.

La fiesta fue especial, pues era el Bautismo de Primavera. La iglesia estaba más bonita, y varios amigos también fueron bautizados. Yo usaba el uniforme de los Conquistadores, en representación de la influencia del club Minuano, al que asistía.

En septiembre, las fiestas del Bautismo de Primavera se repitieron en la mayoría de nuestras iglesias. Fue el momento de decisión para muchos juveniles. En estos casos, siempre es importante organizar una fiesta especial, a fin de mostrar la importancia del bautismo y celebrar la entrega de vidas tan jóvenes a Jesús. Por cierto, “los niños de ocho, diez y doce años tienen ya bastante edad para que se les hable de la religión personal” (Elena de White, Conducción del niño, p. 490).

Cada familia, iglesia, escuela, Club de Conquistadores o de Aventureros y departamentos infantiles de la iglesia necesita aprovechar oportunidades como esta para motivar a nuestros hijos y juveniles a tomar una decisión. Lamentablemente, algunos dejan pasar este momento y prefieren dar libertad a los niños para tomar una decisión natural cuando lo deseen o cuando tengan más edad. No podemos olvidar que las decisiones naturales normalmente conducen lejos de Dios, pues la presión social no lleva a las cuestiones espirituales. La tendencia del corazón humano, desde el inicio, es la enemistad contra Dios.

«Nosotros construimos las principales decisiones de nuestros hijos”.

Nosotros construimos las principales decisiones de nuestros hijos. Si los ayudamos a escoger la profesión más compatible, la escuela mejor calificada, la compañera o el compañero para la vida, la forma de usar los recursos, ¿por qué no deberíamos ayudarlos en la decisión más importante, de entregar su vida a Jesús? Elena de White recomienda: “No mencionen a sus hijos algún período futuro en el que tendrán bastante edad para arrepentirse y creer en la verdad. Si son debidamente instruidos, los niños, aun los de poca edad, pueden tener opiniones correctas acerca de su estado de pecado y el camino de salvación por Cristo” (ibíd.).

Por otro lado, en algunos lugares de Sudamérica este es un año electoral y, como iglesia, debemos tratar con este tema con mucho cuidado. Primero, el cuidado de no permitir que gane fuerza entre nosotros la polarización electoral, agresiva y hasta irrespetuosa, entre la izquierda y la derecha. Cuidado, también, para no confundir nuestra función espiritual con la campaña electoral. Somos ciudadanos que deben votar de manera consciente, madura y coherente con nuestra fe, pero sin transformar la iglesia en una plataforma electoral.

Respetamos a las autoridades constituidas y las apoyamos en aquello que no entra en conflicto con nuestra fe, pero, como iglesia, no participamos de campañas electorales ni usamos los templos, los programas o las instituciones para defender o sostener candidatos, aun cuando sean miembros de la misma iglesia. Este es un tema siempre sensible y polémico, pero la iglesia tiene una posición clara, prudente y seria sobre esto. Esa posición queda descrita en el documento “Los adventistas y la política”, que presenta orientaciones equilibradas para la iglesia en toda América del Sur. El texto completo de este documento se encuentra disponible en la edición impresa de la Revista Adventista de enero 2018 (pp. 12-16). También lo pueden encontrar en Internet, en el enlace que aparece al final de este artículo.

Este es un momento para orar más, evaluar mucho y discutir menos, cumpliendo nuestro papel como ciudadanos, pero también preservando nuestra misión como cristianos. RA


Los Adventistas y la política

Sobre El Autor

Pastor de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, que actualmente sirve como presidente de la División Sudamericana. Tiene 47 años y es oriundo del estado de Río Grande do Sul, Brasil.

Artículos Relacionados

Deja un comentario: