Las contundentes pruebas bíblicas versus los razonamientos humanos.

Para un estudiante de la Biblia, la pregunta del título parece fácil de responder, pues con seguridad viene a nuestra mente el segundo Mandamiento del Decálogo, que parece prohibir categóricamente esta costumbre: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás” (Éxo 20:4-6).

A pesar de la aparente contundencia de esta declaración bíblica, la respuesta para muchos no parece ser tan sencilla. Para sorpresa de algunos, desde la Iglesia Católica se han levantado personas que, Biblia en mano, aseguran que Dios no solo no condena esta práctica sino también está de acuerdo con ella.

Algunos argumentos

A continuación, examinaremos a la luz de la Biblia varios argumentos que han desarrollado los defensores de la veneración de imágenes.

“Dios ordenó la confección de imágenes religiosas”:

De acuerdo con la obra católica New Catholic Encyclopedia [Nueva Enciclopedia Católica], el Antiguo Testamento está repleto de representaciones sensibles de la verdad divina, y estas representaciones fueron honradas, reverenciadas y veneradas. Lejos de ser condenadas por Dios, el uso de material sensible adornado por el arte humano fue dirigido por Dios, y exigido por él como parte integral de la adoración que se le debe.1

Y, como ejemplo de estas representaciones que, supuestamente, “fueron honradas, reverenciadas y veneradas”, esta obra menciona el Arca del Pacto y sus querubines; también las “frutas, flores, árboles, leones, toros” que aparecían en el Templo de Jerusalén (Núm 8:4; 1 Rey. 6:18; 7:36; 10:19, 20). Otros autores católicos también hacen referencia a la serpiente de bronce (Núm 21:8, 9).

Los creyentes no necesitamos ninguna imagen para acercarnos al Dios vivo; podemos acudir directamente a él por medio de la fe”.

Al respecto, debe notarse que si bien Dios ordenó la fabricación de los querubines en el Arca del Pacto y otros objetos, fueron diseñados en el Santuario israelita para ilustrar o representar asuntos relacionados con el plan de salvación (Heb. 4:1, 2; 9:9-12; 10:1), y no para que fueran venerados, como lo afirman los autores católicos. Ni siquiera la serpiente de bronce fue creada con el propósito de ser adorada o venerada, sino como objeto representativo para un momento específico. Siglos más tarde, cuando el pueblo la adoraba, fue destruida porque se había convertido en un objeto idolátrico (2 Rey. 18:4).

De esto aprendemos que, en el segundo Mandamiento, Dios no prohíbe el arte ilustrativo, o tener la imagen de una fotografía, sino la iconografía religiosa que se usa como objeto de adoración o veneración.

Algunos han llegado a decir que se veneró el Arca del Pacto cuando “Josué […] se postró en tierra sobre su rostro delante del Arca de Jehová […] junto con los ancianos de Israel” (Jos. 7:6). Sin embargo, no estaban postrados venerando el Arca o a los querubines, sino que estaban postrados delante de Dios, porque era ahí, “entre los dos querubines”, donde se manifestaba la presencia divina (Éxo 25:22; Lev. 16:2). En verdad, como ya se dijo, no existe en todo el Antiguo Testamento ningún judío fiel a Dios que haya usado imágenes para adoración o veneración.

“Los cristianos primitivos las tenían”:

Si los judíos no veneraban imágenes, ¿qué sucedía con los primeros cristianos? ¿Las usaron? Según la misma New Catholic Encyclopedia, “el uso de imágenes en el culto cristiano primitivo ahora no puede ser razonablemente cuestionado en vista de los modernos descubrimientos de la arqueología […]. Ya no se puede dudar, ya que las catacumbas cristianas son verdaderas galerías del arte primitivo”.2 Esta obra describe luego que las imágenes de las catacumbas (cementerios subterráneos) representan escenas tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo Testamento.

Si bien las catacumbas muestran un abundante arte cristiano, esto no favorece la idea de la veneración de imágenes, por dos razones. En primer lugar, como lo admite la Enciclopedia católica, las pinturas de las catacumbas “no nos dicen nada sobre cómo era tratadas”.3 Eso quiere decir que las imágenes de las catacumbas no prueban que fueran adoradas o veneradas como lo hacen hoy los católicos con las suyas, sino que solo demuestra que esos cristianos no tenían prejuicios en contra de las representaciones artísticas. Que los cristianos de esa época todavía no veneraban imágenes lo deja en claro una obra, cuando dice que “los paganos acusaban a los cristianos de no tener imágenes en sus cultos, y nada les hubiese sido tan antipático como el culto a las imágenes en sus cultos”.4

En segundo lugar, el arte de las catacumbas nos llega desde finales del siglo II, época en la que el cristianismo se estaba alejando de los principios bíblicos (2 Tim. 4:1-4). El cristianismo original es el que encontramos en el Nuevo Testamento (siglo I), y ahí no existe el más mínimo indicio de que los cristianos primitivos utilizaran imágenes para veneración; más bien, se oponían a esta práctica. Pablo fue muy claro cuando dijo que, a diferencia de los dioses paganos, el Dios verdadero, “siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas”, porque no era “semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres” (Hech. 17:24, 29). En realidad, fue la introducción del paganismo en la fe original lo que terminó dando lugar a la veneración de imágenes, que no es otra cosa que idolatría (ver 1 Cor. 10:14; 1 Juan 5:1).

“Imágenes, sí; ídolos, no”:

Los autores católicos afirman que la Biblia prohíbe la adoración de ídolos, pero no la veneración de imágenes. En otras palabras, lo que se prohíbe es la adoración de dioses falsos, pero no el culto que se rinde a las personas representadas en las imágenes cristianas. Sin embargo, este argumento tiene el grave problema de que intenta crear en la Biblia una distinción inexistente entre una “imagen de la fe” y “un ídolo pagano”. En Éxodo 20:4, el término hebreo para “imagen” también puede ser traducido como “ídolo”. Por tanto, cualquier “imagen” de lo que esté “arriba en el cielo, “abajo en la tierra” o “en las aguas debajo de la tierra” a la que se rinda culto no es otra cosa que un “ídolo” (Éxo. 20:5; Isa. 40:19, 20; 44:9, 10).

Por otro lado, si bien es cierto que la prohibición del Decálogo incluía la adoración a “dioses falsos”, no se limitaba a ellos, pues Dios también prohibió hacerse imágenes que lo personificaran: “Guardad, pues, mucho vuestras almas, pues ninguna figura visteis el día que Jehová habló con vosotros de en medio del fuego, para que no os corrompáis y hagáis para vosotros escultura, imagen de figura alguna, efigie de hombre o de mujer” (Deut. 4:15, 16). Puesto que el pueblo de Israel no había visto a Dios, cualquier intento de representarlo por medio de imágenes era una ofensa. Siglos más tarde, Dios dijo: “Yo Jehová; éste es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas” (Isa. 42:8).

Por consiguiente, el pecado de idolatría no se limita a los dioses falsos, sino también se puede idolatrar desde la fe cristiana. Esto lo reconoce El catecismo de la Iglesia Católica, cuando dice: “La idolatría no se refiere solo a los cultos falsos del paganismo. Es una tentación constante de la fe. Consiste en divinizar lo que no es Dios. Hay idolatría desde el momento en que el hombre honra y reverencia a una criatura en lugar de Dios”.5 Y eso es lo que sucede cuando el ser humano, en lugar de adorar exclusivamente al Dios verdadero, honra imágenes religiosas que Dios no ha ordenado honrar.

“Nosotros veneramos, no adoramos”:

Finalmente, hay quienes dicen que ellos no “adoran” las imágenes, sino que solo las “veneran”. Sin embargo, si consultamos los diccionarios, podremos ver que uno de los sinónimos de “veneración” es “adoración”.6 Por tanto, esta inútil distinción semántica solo busca excusar una práctica que carece de todo fundamento bíblico.

Consideraciones finales

Como hemos visto, las Escrituras condenan el uso de imágenes de veneración; y a la Iglesia Católica, al no tener razones bíblicas para sostener esta costumbre, solo le queda recurrir a su autoridad eclesiástica. Lo más lamentable de esto es que esta tradición antibíblica no es inofensiva sino peligrosa, porque, como puede leerse en el libro de Apocalipsis, uno de los pecados por los cuales los rebeldes se perderán es, precisamente, la idolatría (21:8; 22:15).

Los creyentes no necesitamos ninguna imagen para acercarnos al Dios vivo; podemos acudir directamente a él por medio de la fe, con la plena convicción de que él está dispuesto a escuchar a cada corazón sincero que lo invoca y a responder prontamente a cada uno de los que lo buscan (Heb. 11:6). ¡Que Dios nos ayude a compartir esta esperanza con aquellos que aún no la tienen! RA

Referencias:

1 “Images, Veneration of”, New Catholic Encyclopedia, en Encyclopedia.com. Disponible en encyclopedia.com (consultado el 13 de agosto de 2018).

2 Ibíd.

3 “Veneración de imágenes”, Enciclopedia Católica Online. Disponible en ec.aciprensa.com/wiki/Veneración_de_Imágenes (consultado el 13 de agosto de 2018).

4 E. Backhouse y C. Tylor, Historia de la iglesia primitiva: Desde el siglo I hasta la muerte de Constantino (Barcelona: Editorial CLIE, 2004), p. 143.

5 Catecismo de la Iglesia Católica (s.l.: Librería Editrice Vaticana, 1997), 656 (ítem 2.113).

6 Diccionario de sinónimos y antónimos (Barcelona: Editorial Océano, 2008), s.v. “Veneración”.