Como Elías en su tiempo, hoy tenemos una misión familiar fundamental.

La historia de Elías quizá sea una de las más impactantes de toda la Biblia. Después de todo, ¿qué otro ser humano, imperfecto y limitado como cualquiera de nosotros, hizo las cosas que él hizo? Elías oró para que no lloviera durante tres años y medio, ¡y se cumplió! (Sant. 5:17); volvió a orar, esta vez para que lloviera, ¡y llovió! Por si eso no fuera suficiente, Dios acababa de hacer descender fuego del cielo, delante del rey y de todo el pueblo, luego de que Elías orara. ¡Qué increíble! Sin embargo, lo más extraordinario de la vida de Elías no fueron esas respuestas milagrosas a la oración; sino lograr  que el pueblo de Israel regresara a Dios.

Seguramente, a esta altura, podría surgir la pregunta: “Y ¿qué tiene que ver Elías conmigo y con mi familia?” En realidad, como veremos a continuación, la historia de Elías contiene profundas implicaciones para nuestra época actual y para la familia.

Notemos lo que profetizó Dios a través de Malaquías: “Estoy por enviarles al profeta Elías antes que llegue el día del Señor, día grande y terrible. Él hará que los padres se reconcilien con sus hijos y los hijos con sus padres, y así no vendré a herir la tierra con destrucción total” (4:5, 6; NVI).

Si bien esta profecía se cumplió parcialmente en Juan el Bautista (ver Mat. 17:12), su cumplimiento final ocurre en nuestros días, justo antes de la segunda venida de Cristo. ¿Quién o quiénes pueden ser los “Elías” del tiempo del fin? Por otro lado, ¿qué significa hacer “volver el corazón de los padres hacia los hijos”?

Para entender mejor a qué hace referencia el profeta Malaquías, es de especial interés el suceso con los profetas de Baal en el Monte Carmelo (1 Rey. 18), específicamente, tres actos que realizó Elías en ese lugar:

1-Invitó al pueblo (1 Rey. 18:30):

Los sacerdotes de Baal habían estado clamando todo el día a su dios, sin recibir respuesta. Al atardecer, Elías llamó al pueblo junto al altar. La hora del culto vespertino se acercaba. Dios iba a manifestarse, y Elías quería que todo Israel viera el poder de Jehová de los ejércitos, el Dios a quien ellos habían dejado de adorar. La generación final del pueblo de Dios llevará a cabo una tarea similar; la de anunciar la cercanía de la intervención poderosa de Dios, e invitar a todos a contemplar sus maravillas.

2-Reparó el altar familiar (1 Rey. 18: 30-32):

Cuando el Señor dio las indicaciones de cómo construir el altar, dejó claro que las piedras no debían estar unidas por ningún tipo de cemento (Éxo. 20:25; Deut. 27:5). Y esto tiene un profundo simbolismo: si el altar no era usado y cuidado diariamente, quien viniera luego a presentar sacrificios a Jehová tenía que reconstruirlo. El sacrificio es algo diario; la entrega es algo de todos los días.

El altar de Israel y el servicio del sacrificio matutino y vespertino que realizaban los levitas tienen su aplicación en nuestros días, en el culto personal y familiar. Actualmente no hace falta sacrificar animales. Pablo nos dice que presentemos nuestros “cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es [n]uestro culto racional” (Rom. 12:1). Elías estaba invitando a su “familia” religiosa a que se reuniera con él diariamente para comunicarse y acercarse a Dios. Este es un mensaje importante para los padres del tiempo del fin; el altar del sacrificio puede haber quedado en desuso para la mayoría de familias de la Tierra; pero Dios tendrá un pueblo especial que restaurará ese altar, reuniéndose como familia, cada día, para acercarse a Dios y tener comunión con él.

3-Intercedió en oración (1 Rey. 18:36-39):  el objetivo final del Señor era que su pueblo se acercara a él; que el corazón de sus hijos quedara ligado al del Padre celestial. “Vengan cerca de mí porque algo grande habrá de suceder”, fue la invitación inicial que Elías extendió a los hebreos; luego, reconstruyó el altar de Jehová que había sido destruido en el transcurso del tiempo; y finalmente elevó una oración a Dios en favor de Israel. En esa oración pidió que Jehová acercara el corazón de sus hijos hacia él.

Se acerca la hora del atardecer en nuestro mundo. Como en los tiempos de Elías, Dios se está por manifestar con gloria y gran poder. Dios nos llama a realizar la obra de Elías en nuestros días. Dios nos llama a restituir nuestra relación diaria con él, y a animar a nuestras familias a hacerlo también. Él nos llama a interceder por nuestra familia en oración ante el Trono de gracia. Dios prometió dar esta señal en los últimos días, y desea hacerlo en tu familia y en ti.

Resuelve hoy, junto con tu familia, reparar el altar familiar, y no dejar que se derrumbe jamás. RA

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