Adquiere las cosas por su utilidad, no por su valor social o estatus. ¿Qué es lo primero que consideramos antes de comprar algún producto, por ejemplo, tecnológico? ¿Es su marca comercial o su utilidad? ¿Es el logo lo que compramos o es el producto? La hipocresía de este tiempo es adquirir cosas que no nos gustan para impresionar a la gente que no nos agrada. ¿Compramos cosas porque “hay que tenerlas”, porque “todos lo tienen”? A veces nos excusamos diciendo que las cosas más costosas suelen ser las mejores. Puede que sea así, pero seamos sinceros: muchos lo hacen simplemente por el estatus, por el hecho de pertenecer a un grupo reducido de privilegio.

Rechaza cualquier cosa que te esté generando una adicción. No pensemos inmediatamente en alcohol o drogas. La definición de adicción es cualquier cosa sin la cual nos parece que es imposible vivir. Si no la tenemos, la imploramos. ¿Facebook? ¿Chocolates? ¿Música? ¿Vestimenta? ¿Teléfono móvil? Te desafío a que hagas una lista de eso que te atrapa y que tomes la decisión de abandonarlo. ¿No estás cansado de ver personas esclavizadas por creer una mentira? “La verdad los hará libres”. Cristo no dijo que sería fácil, pero ¿por qué permanecer en esclavitud, si Jesús nos liberó por completo?

Desarrolla el hábito de desprenderte de las cosas que no usas, aunque te gusten. ¿Qué llevarías contigo a una isla desierta, si tan solo pudieses cargarlo en tu espalda? ¿A quién le servirían tus cosas más que a ti? Te desafío a que regales eso que tanto te gusta a alguien que lo necesite más que tú. Y si no lo tienes, cómpralo… Pero no para ti, sino para alguien más.

Rehúsate a estar siempre pendiente de las modas. El apóstol Pablo nos anima a desarrollar nuestro dominio propio. Solo porque tengo el poder para hacer algo, aun así no estoy obligado a hacerlo. ¿O sí? No creas que porque sientes el deseo de algo material significa que debes conseguirlo. ¿Cuándo fue la última vez que oraste antes de salir de compras? Los niños nos enseñan que nos podemos divertir a lo grande con pocas cosas. Es maravilloso lo creativos que son cuando se trata de jugar con pocas cosas. Los niños no necesitan cosas para sentir que se están divirtiendo.

Aprende a disfrutar de las cosas sin poseerlas. Existen muchas cosas que podemos disfrutar sin poseerlas. La playa, un parque, una biblioteca, un museo, familia, amigos… Aquí está la clave de la verdadera mayordomía. El hermano mayor en la parábola del hijo pródigo se quejó porque nunca podía disfrutar de los bienes del padre, aun viviendo bajo el mismo techo. ¿No te parece que hemos malinterpretado las intenciones del Padre? Jesucristo permitió que los discípulos recogiesen espigas durante el sábado y reprendió a los fariseos porque preferían que una persona pasara hambre en sábado antes que transgredir una ridícula regla y tradición humana. Recuerda: esto no nos excusa de pedir permiso a quien sembró las espigas.

Desarrolla una estima más profunda por la creación divina. Dios nos ha dado todos los sentidos para que podamos apreciar la belleza de lo que nos rodea. Nuestros ojos nos permiten ver infinidad de matices de color. Dios podría haberlos hecho como los del perro, sin capacidad para ver en colores. Él podría haber creado pocas variedades de frutas y verduras, pero nos ofrece una gran diversidad para que podamos gozarnos de tal riqueza. Te invito a planificar una salida de caminata por la naturaleza. Pasa más tiempo al aire libre. Aprecia el perfume de las flores. Escucha a los pájaros cantar. Utiliza tu bicicleta, si puedes hacerlo.

No te dejes engañar por las ofertas del tipo “llévatelo ahora y págalo después”. No necesitamos ninguna cosa con tanta urgencia como para llevárnosla sin pagar por ella. Si lo pensamos dos veces, probablemente no la necesitemos para nada. Consúltalo con Dios. Sé honesto y prudente. Nuevamente, que lo puedas hacer no significa que lo debas hacer. No querrás endeudarte o comprometer tu futuro y el de tus seres queridos por una oferta de este tipo.

Obedece los mandamientos de Jesús acerca de cómo debemos hablar. Nuestro Maestro dijo: “Que tu sí sea sí y que tu no sea no”. Que tu lema sea hacer lo que dices o lo que enseñas. A todo el mundo le causa repulsión la gente que dice algo y luego no lo hace. No digas medias verdades. Evita los elogios forzados. Haz de la honestidad y la integridad tus más altos principios de vida. Comprométete con una buena causa antes de decir que otros no están comprometidos. Es la mejor manera de motivar a otros a comprometerse también.

Rechaza todo lo que alimenta la opresión de otros seres. No te burles de ningún grupo, no toleres que exista bullying en tu entorno. Tan grave como hacer bromas es escucharlas y fomentarlas. No guardes silencio ante la falta de respeto a otros. No te excuses pensando que no deseas incomodar a las personas. A veces es necesario que alguien se sienta incómodo por lo que dices, siempre que lo hagas con la intención de defender al más débil. El cristiano tiene que estar dispuesto a decir algo cuando el resto de las personas prefiere permanecer en silencio. El verdadero cristiano tiene que ser un liberador, no un opresor. Y esto se aplica a todo ser vivo. Trata con cuidado y respeto a los animales. No te abuses de ellos simplemente por el placer de servirte a ti mismo. Sé consecuente con lo que crees.

Apártate de todo lo que te distraiga de buscar primero el Reino de Dios. Esto incluye tu trabajo, tu familia, tus estudios, tu estatus social, tus amigos, tu seguridad… Debemos entender que si permitimos que alguna cosa sea más importante que el Reino de Dios, entonces eso lo desplazará de tu vida, tarde o temprano. Todos pensamos que estamos más ocupados que los demás. Pero no permitas que los afanes de esta vida moderna, tan compleja, te aparten de cultivar una relación estrecha y personal con Jesús. No existe nada más importante que esto.

El ser humano tiende a ser extremista, llevado de un lado al otro por las tentaciones del enemigo, que quiere desequilibrarnos.

Se supone que adoramos al único Dios verdadero, y Dios nos invita a vivir vidas más simples. Esta es la simplicidad: busca primero el Reino de Dios y todo lo demás será añadido. No estamos diciendo que sea fácil, pero es simple.


El arte de acumular

Cierra los ojos por un momento, y piensa en cómo sería tu mundo perfecto. ¿Poseer el celular de última generación? ¿Viajar a los países más lindos del planeta? ¿Conquistar a la mujer más bella de la actualidad? ¿Vivir en una mansión?

Ahora, ¿qué sucedería si te dijera que hubo un creyente que tuvo todo eso y mucho más, y llegó a la conclusión de que ¡no sirve para nada!?

Leamos Eclesiastés 2:1 al 11:

“Dije yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes. Mas he aquí esto también era vanidad.

“A la risa dije: Enloqueces; y al placer: ¿De qué sirve esto?

“Propuse en mi corazón agasajar mi carne con vino, y que anduviese mi corazón en sabiduría, con retención de la necedad, hasta ver cuál fuese el bien de los hijos de los hombres, en el cual se ocuparan debajo del cielo todos los días de su vida.

“Engrandecí mis obras, edifiqué para mí casas, planté para mí viñas; me hice huertos y jardines, y planté en ellos árboles de todo fruto.

“Me hice estanques de aguas, para regar de ellos el bosque donde crecían los árboles.

“Compré siervos y siervas, y tuve siervos nacidos en casa; también tuve posesión grande de vacas y de ovejas, más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén.

“Me amontoné también plata y oro, y tesoros preciados de reyes y de provincias; me hice de cantores y cantoras, de los deleites de los hijos de los hombres, y de toda clase de instrumentos de música.

“Y fui engrandecido y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; a más de esto, conservé conmigo mi sabiduría.

“No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y esta fue mi parte de toda mi faena.

“Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol”.

En su afán por lograr la felicidad, Salomón se convirtió en experto en un arte: el arte de acumular. Pensó que allí radicaba la felicidad. Pero, no.

Vamos en busca de la paz, vamos en busca del bienestar, vamos en busca de la alegría, y no obtenemos nada; porque equivocamos el rumbo. Expertos en el arte de acumular, la vida se nos desgarra en vacíos abismales, que no podemos llenar. ¿Estás atando para el Cielo y desatando cosas en esta Tierra? (Mat. 18:18) ¿Estás invirtiendo tu tiempo, tu dinero y tus talentos para Dios o estás acumulando para el mundo? (Mat. 12:30).


Minimalismo y alimentación:

Cuanto más procesados son los alimentos, más incierto es lo que está ingresando en tu organismo, ¿no es así? Cuando la lista de ingredientes de un producto es extensa, desconfía de su valor alimenticio. Vuelve a lo natural. Eso también es vida simple. ¿Cuán lejos estás de Génesis 1:29? Si decides no consumir productos de origen animal, no necesariamente debes caer en la tentación del “veganismo de supermercado”.

Una dieta basada en plantas, con poca elaboración, bien equilibrada y variada, es mejor que un vegano o un vegetariano que se basa principalmente en consumir productos de supermercado o comida rápida, por más saludable que parezca. Lee con oración Consejos sobre el régimen alimenticio, de Elena de White, y trata de aplicar esas instrucciones. RA

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