Cada vez que puedo, salgo a correr por algún espacio verde de Buenos Aires, ciudad en la que vivo. Al terminar la sesión de footing, busco un lugar cómodo para elongar y hacer algunos ejercicios de piso.

Hace poco, estaba realizando esta rutina en un hermoso parque. Cuando llegó el momento de los ejercicios de piso, busqué el sector donde el pasto estuviera más verde. Miré con atención e identifiqué ese lugar. Me acerqué hasta allí, pero al llegar observé que un poco más allá había un sector con mejor pasto aún. Sin embargo, cuando llegué a ese nuevo destino, me di cuenta de que el pasto no estaba ni tan verde ni tan limpio como se veía de lejos. Así que, mirando una vez más un poco más allá, por fin pude identificar el lugar ideal… O al menos era lo que pensaba, hasta que llegué allí.

¿Te imaginas cómo sigue la historia? Un par de veces más me dejé engañar por la impresión de que el mejor pasto estaba más allá. Entonces, me acordé del viejo y sabio refrán: “El pasto siempre parece más verde del otro lado de la cerca”.

Podría haberme pasado toda la mañana recorriendo el parque, y siempre me iba a parecer que el mejor pasto estaba en otro lugar. Es que a la distancia, normalmente, no notamos lRA Julio 2017 - Palabras que sananos desperfectos.

Así nos pasa en la vida. Nos pasamos mirando lo que está “del otro lado de la cerca”, lo que no tenemos, idealizándolo y pensando que seguramente es mejor que lo nuestro. ¿Qué hay en este circuito tan característico de la conducta humana?

1- Una permanente disconformidad. Parece que somos unos eternos inconformistas. Desde ya que está bien tener aspiraciones y deseos de crecer. Pero, de allí a creer que siempre lo que está “más allá”, o lo de los otros, es mejor… hay una gran diferencia.

Una gran diferencia sobre todo emocional, porque querer superarnos genera emociones positivas. Pero, creer que lo que tenemos nunca es suficientemente bueno es una puerta abierta a las emociones negativas y, por lo tanto, a la enfermedad.

2- Falta de gratitud. Es decir, falta de reconocimiento de todas las cosas buenas que nos suceden. Es una cuestión de cómo miramos. Tenemos algo así como un radar para detectar lo negativo (o que nos parece negativo), mientras por al lado nos pasan un montón de cosas positivas, que podríamos, y deberíamos, agradecer a cada momento. Como lo expresó el escritor griego Luciano de Samosata: “No ven la rosa, pero observan con atención las espinas del tallo”. ¿Por qué no preguntarte en ese momento por qué cosas podrías agradecer y no lo estás haciendo? Te animo a que hagas una lista de por lo menos cinco cosas, aunque seguramente pueden ser muchas más.

3- Falta de memoria emocional. Pareciera que una vez que logramos lo que tanto anhelábamos comenzamos a perder la memoria emocional (la vivencia) de lo que significaba alcanzar eso. Antes soñábamos con esa meta tan anhelada, estábamos seguros de que si la alcanzaríamos seríamos muy felices. Un día llegó, y parecía que tocábamos el cielo con las manos. Pero ¿y luego? En la medida en que nos vamos acostumbrando a vivir con eso bueno que nos sucedió comenzamos a percibirlo como algo normal. Es más, ahora comenzamos a sentir que necesitaríamos algo todavía mejor para ser realmente felices. Esta es una trampa mental muy triste. Agradecer cada día nos ayuda a no perder la memoria emocional de las cosas buenas que nos suceden.

Pocas expresiones pueden ser más representativas de verdadera salud mental que la que nos dejó el apóstol Pablo, cuando escribió: “He aprendido a estar satisfecho en cualquier situación en que me encuentre […] .Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:11, 13, NVI). ¿Por qué podía decir esto? Un poco más adelante en esta carta lo explica: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (vers. 19). Pablo confiaba en un Dios de amor que siempre da a sus hijos lo mejor para que puedan alcanzar la verdadera felicidad. Así,  la trampa mental de que “lo mejor está en otro lado” ya no tiene sentido.

Ya no miremos hacia el otro lado de la cerca; miremos con confianza y gratitud hacia lo Alto. RA

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