Tentado por el fruto de una higuera estranguladora, un orangután de la isla de Borneo (Indonesia), de la foto, realiza una acción épica: se eleva hasta los treinta metros del tronco del árbol. Pudiendo alcanzar un peso de hasta noventa kilogramos, los orangutanes son los animales más grandes del mundo que viven en lo alto de los árboles.

La mayor parte de la dieta de estos animales consiste en diferentes tipos de frutas. Memorizan dónde crecen en las diferentes temporadas y luego regresan a los lugares año tras año para alimentarse de ellas. Estos orangutanes viven en las alturas. Allí no solo encuentra alimentos; también está a salvo de predadores y cazadores. Vivir en las alturas siempre trae ventajas.

Tentada por el fruto del árbol de la vida, Eva cedió a la tentación. Luego, lo mismo hizo Adán. Esaú se rindió ante un guiso de lentejas (con lo que me gustan las lentejas, creo que –en su lugar– tal vez yo hubiera hecho lo mismo). Muchas veces en la Biblia, la comida siempre está relacionada con la amabilidad (se recibía o agasajaba a los visitantes con alimentos), la temperancia (se recomienda tener equilibrio tanto en el comer como en el beber) y la obediencia (hay alimentos que Dios recomienda no consumir dado que nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo). 

Y también la comida está presente en una de las historias más conmovedoras y misericordiosas de la Biblia: cuando, luego de un desobediente periplo lejos de su hogar, el hijo pródigo regresa y su padre hace matar el becerro gordo para celebrar el perdón, la llegada de su amado retoño extraviado.

Sin embargo, hay un tipo de comida que es más  trascendente. Es la que aparece en los dichos de Jesús, registrados en Juan 4:34: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra”. Como el orangután asiático, nuestro desafío diario es vivir en las alturas. A veces, esto se vuelve complicado, debido al peso del pecado que nos asedia. Más allá de todo, debemos elevarnos, subir, crecer. Obedecer los mandatos divinos siempre será lo mejor para nuestra vida.

“El Redentor del mundo acepta a los hombres tales como son […] y no solamente los limpiará de pecado y les concederá redención por su sangre, sino también satisfará el anhelo de todos los que consientan en llevar su yugo y su carga. Es su designio dar paz y descanso a todos los que acudan a él en busca del Pan de vida. Solo nos pide que cumplamos los deberes que guíen nuestros pasos a las alturas de una felicidad que los desobedientes no pueden alcanzar” (Elena de White, El camino a Cristo, p.  46). RA

Sobre El Autor

Licenciado en Teología (Universidad Adventista del Plata) y en Comunicación Social (Universidad Nacional de Rosario). Ha trabajado como pastor, docente universitario y periodista. Actualmente es editor de libros, redactor de la Revista Adventista y director de Conexión 2.0, Acción Joven y Vida Feliz, en la Asociación Casa Editora Sudamericana.

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