Cómo puedes ayudar

“Había una vez una niñita feliz, radiante y bonita. […] Su madre y su padre disfrutaban mucho de su compañía, y a menudo le decían cuánto la amaban. También le decían otras cosas que querían que supiera. Ellos le enseñaron de Dios, que es amante y bondadoso, que la había creado y que ella era valiosa para él. […] Ellos le regalaron un libro que tenía las palabras de Dios y le dijeron: ‘Estas palabras te dirán cuál es la mejor forma de vivir, la forma que Dios quiere, la forma de llegar a ser quien eres verdaderamente y por completo’.

“A la niñita le encantaba complacer a sus padres, y también se esforzaba mucho por complacer a Dios. Su corazón era sensible a Dios y generoso con las personas. […] Pero cuando fue creciendo y volviéndose cada vez más bonita, ella comenzó a construir dentro de su corazón un lugar que rodeó de paredes. Creó este lugar secreto donde podía guardar sus preocupaciones: preocupaciones sobre su belleza, que era muy grande y atraía la atención de un modo que la ponía incómoda. […] Ella no le contó ni a su madre ni a su padre sobre ese lugar secreto en su corazón.

“A medida que la jovencita se fue volviendo más encantadora, comenzó a mirarse frente a dos espejos. Un espejo tenía las palabras y el amor de Dios y el amor de su familia. El otro espejo estaba sostenido por alguien a quien no podía ver. En este espejo oscuro […] ella se sentía triste. […] Creía que tenía que escoger entre las dos puertas-espejo. […]

“El día en que estuvo más débil, agotada y sola, ella tomó una decisión fatal. Creó su propia puerta-espejo. Allí adentro no puso ningún altar, ninguna cosa, ninguna persona, ningún lugar; solo la paz como ella se la imaginaba, un descanso para sus luchas. Y ella entró por esa puerta” (Extracto del prólogo del libro «Adiós, Jeanine», de Joyce Sackett, madre de Jeanine. Jeanine tenía veinte años, cuando murió al suicidarse).1

El suicidio ha llegado a ser una realidad para la salud pública en todas las regiones del mundo.2 Más de 800 mil personas mueren por suicidio cada año, y por cada suicidio que sucede hay más de 20 intentos fallidos. Si bien el suicidio ocurre entre personas de todas las edades, es la tercera causa de muerte entre niños de 10 a 14 años y jóvenes de 15 a 24 años, y la segunda causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 29 años en todo el mundo.3 Sin lugar a dudas, se considera que los adolescentes están en riesgo, y tanto los profesionales de la salud como los padres están buscando maneras de predecir y prevenir el suicidio.

Hay estudios que muestran que la mayoría de los jóvenes que se suicidan tienen problemas de salud mental, tales como depresión, angustia, abuso de alcohol o drogas o un problema de comportamiento.La depresión y otros trastornos del estado de ánimo (trastorno de ansiedad, bipolar, etc.) han tenido una relación cercana con suicidios adolescentes e ideación suicida (pensamientos de planes para suicidarse). La depresión, también, está relacionada con otras conductas de riesgo de las que participan los adolescentes, como uso y abuso de alcohol y drogas y la actividad sexual.

No todos los adolescentes que tienen comportamientos de riesgo tienen depresión o contemplan suicidarse. Sin embargo, el riesgo del suicidio es mayor para quienes tienen depresión y quienes tienen comportamientos de riesgo. En comparación con los varones, existe el doble de probabilidad de que entre las muchachas adolescentes se verifique casos de depresión en los que se contempla intentar suicidarse o que derivan en casos de suicidio.

Cuando un adolescente se suicida, muy probablemente haya enfrentado problemas durante mucho tiempo. Una vez que se llega a la conclusión de que el suicidio es la mejor forma de resolver esos problemas, no dedican mucho tiempo para planificarlo, sino simplemente lo hacen. Cualquier cosa puede generar esta decisión: una discusión con los padres, la ruptura de un noviazgo, una publicación de Facebook o un twit que haya sido cruel, o incluso el sacarse malas notas.

Apoyo familiar

Los padres y la familia tienen un papel crucial para ayudar a prevenir el suicidio del adolescente. Hallazgos recientes sugieren que algunos factores protectores ayudan a reducir el riesgo de suicidio, como una paternidad autoritativa (no autoritaria), los límites saludables y adecuados a la edad, la supervisión paterna (saber qué está sucediendo en la vida de tu hijo adolescente), las comidas en familia, la promoción de ciertos comportamientos religiosos, y la enseñanza y el ejemplo de estrategias de adaptación saludables. También es importante estar atentos a los factores de riesgo, como depresión, baja autoestima, casos de suicidio en familiares o padres, intentos de suicidio anteriores, alcoholismo de los padres, trastornos del sueño y el fácil acceso a armas de fuego.

Indicadores de depresión y pensamiento suicida

Si bien existen señales de advertencia cuando una persona tiene la intención de suicidarse, a veces las pistas están tan escondidas que ni siquiera profesionales formados logran detectarlas. No obstante, estas son algunas señales visibles de depresión y comportamiento suicida a las cuales los padres deberían prestar atención en sus hijos adolescentes:

Sentimientos de tristeza, abatimiento o irritación.

Sentimientos de culpa, de desesperanza, o de que no valen nada.

Cambios marcados en los hábitos de dormir o comer.

Aislación de los amigos y la familia.

Falta de interés en el colegio, la iglesia o sus actividades favoritas.

Menor energía o mayor dificultad para concentrarse.

Que hable o escriba sobre muerte o desaparición.

Insinuaciones de su propia muerte o suicidio.

Especulaciones sobre cómo sería la vida si ellos no estuvieran.

Combatir el estigma

Algunas interpretaciones culturales y religiosas han llevado a estigmatizar el suicidio, y han llevado a que muchas familias no puedan hablar abiertamente sobre el suicidio de un hijo. Esto perjudica a los padres y los familiares, porque les quita la posibilidad de hablar sobre su hijo y podría conducir a que se aislen de quienes podrían proporcionarles apoyo.

Para ayudar a disipar algunos de los mitos y este estigma, muchos profesionales de ayuda llaman la atención al uso de la terminología que se usa al hablar de un suicidio. Expresiones como “muerte por suicidio” transmite más sensibilidad y compasión y menos estigma, y nos aparta de la severidad de la frase “cometer suicidio”. Este cambio de terminología también suena menos ofensivo para padres y familiares de quienes han perdido un hijo por suicidio.

Si has perdido a un hijo o a un ser querido por suicidio, o si tienes pensamientos suicidas, por favor, contáctate con tus amigos y tus seres queridos, y hazles saber cómo te sientes. También será importante buscar ayuda de un profesional calificado, para hallar formas prácticas de hacer frente a los desafíos que estás viviendo. Si no eres capaz de hacer esto por ti mismo, pide ayuda a alguien en quien confíes.

El amor incondicional de Dios

Los arcoíris son un maravilloso recordatorio del pacto de Dios y de su amor incondicional. Promesas como la que encontramos en Isaías 43:2 al 4 pueden dar esperanza y sanidad en cualquier situación: “Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas; cuando camines por el fuego, no te quemarás ni te abrasarán las llamas. […] Porque te amo y eres ante mis ojos precioso y digno de honra” (NVI).

Es nuestra oración que todos puedan mirar hacia arriba y ver el arcoíris de Dios, incluso a través de las más oscuras nubes que haya en su vida. RA


Referencias:

1 Joyce Sackett, Goodbye, Jeanine (Colorado Springs, EE. UU., NavPress, 2005), pp. 9-11.

2 Organización Mundial de la Salud (OMS): www.who.int/mental_health/prevention/suicide/suicideprevent/es

3 El suicidio es la tercera causa de muerte entre jóvenes de 15 a 19 años, según la OMS.

4 American Pediatric Association [Asociación Estadounidense de Pediatría]: healthychildren.org/spanish

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