El impacto del avión sobre la ladera del cerro fue muy fuerte. El vuelo 2933 de LaMia, un vuelo chárter internacional que había partido del Aeropuerto Internacional Viru Viru, Estado Plurinacional de Bolivia, hacia el Aeropuerto Internacional José María Córdova, Rep. de Colombia, significó la muerte de 71 personas: los jugadores del equipo de fútbol brasileño Chapecoense –que estaba en camino para jugar la final de la Copa Sudamericana 2016 frente a Atlé­tico Nacional–, personal administrativo y técnico del mencionado club y periodistas.

Solo hubo seis sobrevivientes. El impacto de la noticia en el mundo, y especialmente en la familia y los amigos de las personas siniestradas, fue un golpe que no admite ninguna explicación. Una mezcla de sorpresa, profundo dolor, indignación e impotencia. Se trataba de pérdidas irreparables, totalmente evitables. La Iglesia Adventista, así como muchas instituciones y personas, se acercó para llevar a las familias sufrientes una flor, un abrazo, un mensaje de solidaridad y de esperanza en las promesas del Señor y su Palabra.

Cuando Dios creó todas las cosas, y al ser humano como corona de la creación, todo era perfecto, el vuelo de la vida estaba destinado a ser placentero y eterno. Todo era bueno, y en gran manera (Gen. 1:31). La separación caprichosa de la criatura del Creador, y su corolario de pecado y todas sus consecuencias (incluyendo la máxima consecuencia, que es la muerte), fue una intrusa en el plan perfecto de Dios. El ser humano usó mal su facultad de elegir. El dolor y la muerte eran totalmente evitables. El vuelo de una vida plena y abundante se transformó en el vuelo del horror y la muerte.

El avión de LaMia estuvo a cuatro minutos de aterrizar; es decir, casi se salva. Pero estar “casi” salvos es estar totalmente perdidos. No hay mayor fatalidad que el “casi”.

Una multitud casi entró en el arca antes de que el mundo fuera purificado por el diluvio; pero solo ocho fueron más allá del “casi”. Al joven rico solo una cosa faltaba. Casi creyó; lo que significa que no creyó. Se fue triste por su camino y nunca más se supo algo de él. Agripas dijo a Pablo: “Por poco me persuades a ser cristiano” (Hech. 26:28). Casi aceptó; es decir, lo rechazó y se quedó con nada.

El protocolo de seguridad espiritual

Un tripulante que siguió el protocolo de seguridad y salvó su vida estuvo entre los sobrevivientes en aquella tragedia aérea. A través de su Palabra, Dios nos ha dado un protocolo de seguridad para enfrentar al mal y al pecado, y sobrevivir.

Con la autoridad de transmitir un mensaje de parte de Dios, San Pablo asevera que nuestra lucha no es “contra sangre ni carne, sino contra principados, contra autoridades, contra los gobernantes de estas tinieblas, contra espíritus de maldad en los lugares celestiales” (Efe. 6:12). Por esta causa, se nos insta a tomar “toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y después de haberlo logrado todo, quedar firmes. Permaneced, pues, firmes, ceñidos con el cinturón de la verdad, vestidos con la coraza de justicia y calzados vuestros pies con la preparación para proclamar el evangelio de paz. Y, sobre todo, armaos con el escudo de la fe con que podréis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Tomad también el casco de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios, orando en todo tiempo en el Espíritu con toda oración y ruego, vigilando con toda perseverancia y ruego por todos los santos” (Efe. 6:13-18). Es en comunión con Cristo a través de su verdad, su justicia, su evangelio, su fe, su Espíritu y su Palabra como nos revestimos de su poder para luchar y vencer.

Necesidad de actuar

De acuerdo con investigaciones preliminares, la falta de combustible fue la causa de la tragedia. Es imposible llegar a destino sin combustible. El sueño de todos es llegar al destino con seguridad; es imposible sin la provisión adecuada de la energía necesaria. La gran diferencia entre las vírgenes que participaron de la gran fiesta de bodas con aquellas que no lo hicieron, fue que estas últimas no tenían el aceite suficiente para sus lámparas. Es imposible movernos y llegar al destino anhelado sin combustible. Y Jesús, por su propia experiencia, nos aseguró que no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

ESTE MUNDO DE PECADO ES, A TODAS LUCES, UN MUNDO DECLARADO EN EMERGENCIA.

El avión podría haberse declarado en emergencia y la tragedia se habría evitado, pero tan solo expresó un pedido de “prioridad para el aterrizaje”. Este mundo de pecado es, a todas luces, un mundo declarado en emergencia. La imagen de Dios en el hombre en su estado original ha sido totalmente desvirtuada. “Sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora. Y no solo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo, porque en esperanza fuimos salvos (Rom. 8:22-24).

Ya no es suficiente que encaremos las cosas de Dios de manera prioritaria. Necesitamos, además, hacerlo con urgencia. No hay más tiempo. Estamos a “instantes” de la destrucción definitiva o de una vida para siempre. Necesitamos actuar con urgencia ante la emergencia.

En el programa “Diez días de oración”, del 9 al 18 de febrero, queremos estudiar juntos, como iglesia, la revista Eventos finales, una selección de citas del libro Eventos finales de Elena de White.

La situación actual del mundo y de la iglesia, las leyes dominicales, los juicios de Dios sobre la Tierra, falsos milagros, engaños satánicos, la predicación del evangelio hasta lo último de la Tierra, la lluvia del Espíritu Santo, el zarandeo, el sello de Dios y la marca de la bestia, el tiempo de angustia, la venida de Cristo y una vida para siempre son algunos de los temas que estudiaremos juntos.

Al concluir los “Diez días de oración”, seguiremos cada día con la lectura diaria de la Biblia, por medio de Reavivados por su Palabra, colocando siempre a Dios en primer lugar.

“No es suficiente solo oír o leer la Palabra; el que desea sacar provecho de las Escrituras, debe meditar acerca de la verdad que le ha sido presentada. Por medio de ferviente atención y del pensar impregnado de oración, debe aprender el significado de las palabras de verdad, y debe beber profundamente del espíritu de los oráculos santos” (Elena de White, Palabras de vida del gran Maestro, p. 39).

Como la tribu de Isacar, necesitamos “ser entendidos en los tiempos”, para poder actuar en consecuencia” (1 Crón. 12:32); unirnos en una profunda búsqueda del Señor en arrepentimiento y confesión, preparándonos para enfrentar estos eventos finales. Esto no solo es prioritario, sino además urgente, ya sea de manera personal, en los Grupos pequeños, en las iglesias, o en cultos regulares o especiales.

Necesitamos buscar un reavivamiento y una reforma definitivos, por medio de la Palabra y la oración, recargando diaria y permanentemente el combustible divino, indispensable para llegar a destino.

“La mayor y más urgente de todas nuestras necesidades es la de un reavivamiento de la verdadera piedad en nuestro medio. Procurarlo debiera ser nuestra primera obra. Debe haber esfuerzos fervientes para obtener las bendiciones del Señor, no porque Dios no esté dispuesto a conferirnos sus bendiciones, sino porque no estamos preparados para recibirlas” (Elena de White, Eventos de los últimos días, p. 193).

Es tiempo de más y de verdadera comunión. Es tiempo de fortalecer nuestra relación y de concluir la misión que nos ha sido encomendada. Es tiempo de aceptar luchar ardientemente por la fe. “Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, por medio de Jesucristo nuestro Señor, sea gloria y majestad, imperio y potencia ahora y por todos los siglos. Amén” (Jud. 1:24, 25). RA

Sobre El Autor

Pastor y vicepresidente de la División Sudamericana.

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