Margareth estacionó su coche en el único lugar libre de la calle. Hacía mucho calor, y antes de abrir la puerta para salir notó que su botella de agua estaba vacía. Al mirar a su alrededor, buscando un lugar donde beber agua fresca, vio que a unos pocos metros de allí había una mujer en la galería del frente de su casa. Era la señora Lydia, que se refugiaba en la sombra mientras leía un libro. A pesar de no conocerla, Lydia le sonrió, lo que fue la señal para Margareth de que podría acercarse y pedir un poco de agua.

Con este simple hecho pueden surgir grandes amistades. Pasó con Jesús y la mujer samaritana, y también sucedió con estas mujeres que se encontraron aquella tarde en el verano de 2013. A cambio del agua, Margareth le dio un ejemplar del libro La gran esperanza, y le dijo:

–Como fue tan bondadosa conmigo al recargar mi botella, le voy a obsequiar este libro.

Sorprendida, Lydia respondió:

–Estuve buscando este libro; lo había visto en el canal Nuevo Tiempo. Supe que lo iban a distribuir masivamente en la ciudad de San Pablo, pero no sabía cómo podría conseguir uno para mí.

Margareth contestó que Dios la había traído hasta ese lugar para que le diera el libro.

La conversación fluía animadamente, y Lydia la invitó a pasar y a quedarse un poco más juntas. Conversaron durante un buen rato, y en cierto momento, notando que Margareth tenía una carpeta en su mano, Lydia preguntó:

–¿Qué tiene en esa carpeta?

–¿Quisiera ver lo que tengo aquí?

–¡Cómo no!

Margareth, colportora evangelista, le presentó algunas publicaciones y le vendió el libro El sabor de la salud. Antes de despedirse, dejó a Lydia su número de teléfono y se ofreció a volver, si deseaba estudiar la Biblia; y, si estaba de acuerdo, podrían visitar juntas una iglesia adventista.

Un año después, Lydia llamó y pidió a Margareth que fuera a verla. Tras conversar un poco, mostró interés en suscribirse a la revista Vida e Saúde [Vida y salud] y recibir estudios bíblicos.

En el año 2014, tras varios meses de estudiar la Biblia, Lydia decidió bautizarse en la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Margareth le brindó toda la atención y el cuidado que un nuevo discípulo necesita. Todos los sábados pasaban un buen rato conversando, y a menudo almorzaban juntas.

Un año más tarde, la señora Lydia Ellen –quien, como Lidia, la primera conversa de Pablo en Filipos, Macedonia, fue hospitalaria y receptiva al evangelio–, descansó en el Señor. Hoy, Margareth agradece a Dios por la oportunidad de haberla conocido, y de haber sido su amiga y hermana en Cristo. Si no hubiera sido por un encuentro aparentemente casual un caluroso día de verano, quizá Lydia no habría recibido mensajes importantes que cambiarían su futuro.

El encuentro entre Margareth y Lydia Ellen es una de las muchas historias que suceden como resultado de la gran distribución de libros misioneros que la iglesia promueve año tras año.

El año 2016 será el décimo año consecutivo en el que se distribuirán libros misioneros en muchos países del mundo. El compromiso de la iglesia fue creciendo, y la cantidad de libros se multiplicó. Impacto esperanza es la actividad misionera adventista más dinámica en todo el mundo. Desde sus comienzos, con la producción y la distribución del libro Los Diez Mandamientos (en 2007), solo en Sudamérica se distribuyeron 130 millones de libros, lo que significa un promedio de 1 libro por cada 2,5 habitantes.

En 2016 se repartirán 20 millones de ejemplares del nuevo libro misionero, Esperanza viva, escrito por Ivan Saraiva, que aborda temas bíblicos de importancia vital.

Si continuamos distribuyendo libros a este ritmo, en 7 años habremos alcanzado el promedio de un libro por cada habitante del territorio sudamericano.

Quizá te preguntes: ¿Vale la pena todo este esfuerzo e inversión?

La respuesta tiene que considerar los siguientes puntos:

La distribución de publicaciones fue la primera estrategia misionera adoptada por el Movimiento Adventista, incluso antes de que se convirtiera en una iglesia organizada.

En casi el 80 % de los países donde hoy se encuentra la Iglesia Adventista, los colportores y/o los libros llegaron antes que los pastores.

Pese a la llegada de los medios de comunicación masiva, como la radio, la televisión e Internet, la distribución de la página impresa sigue cumpliendo su papel vinculado con la predicación hablada. Una complementa a la otra.

Mientras que la evangelización por medio de radio y televisión involucra a una pequeña cantidad de predicadores, la distribución de libros requiere la participación de todo miembro adventista. Por esto, una iglesia más viva es aquella en que todos participan del cumplimiento de la misión, no solamente unos pocos evangelistas.

Cuando la iglesia sale a la calle organizada para distribuir libros, se multiplica el potencial de impacto en la comunidad. Dios dirige los acontecimientos, y capta la atención de las personas y de los medios de comunicación, lo que amplía el efecto de la campaña.

Los libros motivan al lector a buscar mayor información sobre la iglesia, lo que suele llevarlo a la Red Nuevo Tiempo. Por otro lado, la televisión y la radio llevan al televidente y al oyente a abrir su puerta y su corazón cuando voluntarios de la iglesia entregan en su casa una publicación adventista.

Regalar un libro es un acto de cariño, valoración y consideración hacia una persona conocida o desconocida.

Los libros explican el mensaje de manera simple y directa. Pueden ser releídos, estudiados, subrayados y consultados en cualquier momento.

Un solo libro puede alcanzar a más de una persona, y seguir “predicando” durante varias generaciones.

El efecto de la lectura puede ser inmediato. Con la lectura de un solo párrafo comienza, por medio del Espíritu Santo, la obra de persuasión y conversión.

La iglesia mundial y los libros misioneros

La coordinación mundial de la Iglesia Adventista considera la distribución de libros misioneros una importante estrategia para alcanzar a otros y comprometer a los miembros de iglesia. Existen desafíos geográficos, culturales y religiosos para alcanzar países aún no alcanzados. Además de esto, se necesitan grandes esfuerzos para entregar un mensaje relevante y atractivo a millones que viven inmersos en una cultura posmoderna y secularizada.

Para alcanzar estos desafiantes territorios, el departamento de Publicaciones de la Asociación General lanzó la aplicación móvil Sharing Hope [Compartiendo esperanza], que ofrece el contenido de libros y folletos en diferentes idiomas. Las personas que viven donde el libro impreso no puede llegar ahora tienen acceso electrónico a estos. Por medio de una aplicación, es posible compartir un párrafo, un capítulo o hasta todo un libro con cualquier persona que tenga e-mail o utilice alguna red social.

Como se mencionó anteriormente, además de constituir una estrategia para alcanzar territorios y personas, la distribución de libros es la actividad misionera que involucra a más personas. Todo adventista puede participar.

Por algo fue que nuestro Dios dejó tantas indicaciones a la iglesia de que esparciese publicaciones. Entendemos que, en los últimos tiempos, esta actividad también estará relacionada con el reavivamiento. Cuanto mayor sea la participación en la comunicación del evangelio, más profunda será nuestra experiencia religiosa. Existe una combinación poderosa cuando el mensajero (todo adventista) y el canal del mensaje (el libro) se unen. Dios escogió estos dos agentes, porque uno depende del otro. Manos comunes y corrientes, dispuestas a cumplir la simple tarea de hacer circular la palabra escrita, llevan la gloriosa esperanza que se encuentra en nuestros libros.

Si bien tenemos incontables historias de conversiones como la de Lydia, entendemos que el propósito de los libros es realizar una siembra. Se le atribuye al filósofo griego Hermógenes la siguiente frase: “Cuando le dije a la semilla de naranja que dentro de ella dormía todo un naranjal, esta se quedó mirándome incrédula”.

Es en esta visión que ponemos nuestra confianza. Ninguna página con el mensaje dejará de producir frutos. La tarea de la iglesia es seguir sembrando, creyendo en el principio de la inversión. Cuanto más semillas, más frutos.RA

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