LA LECCIÓN DE LOS SABIOS

20 febrero, 2023

La importancia de seguir adelante, más allá de las circunstancias.

Hacía ya un tiempo que Jesús había nacido; y en un país lejano, los célebres sabios del Oriente armaron las valijas para salir de viaje. Lo que los impulsaba no era la necesidad de vacacionar o el deseo de explorar nuevas tierras. Una llama se había encendido en su corazón y querían ir por más.

“Mientras estos magos estudiaban los cielos tachonados de estrellas, y trataban de escudriñar el oculto misterio de sus brillantes derroteros, contemplaban la gloria del Creador. Buscando un conocimiento más claro, se dirigieron a las Escrituras hebreas” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, p. 41). Aquella búsqueda los llevó a la clara revelación sobre el nacimiento del Salvador del mundo. Hacía mucho tiempo, Dios había dejado una promesa a su pueblo exiliado: “Me buscarán y me hallarán, cuando me busquen de todo corazón” (Jer. 29:13). Así, podemos imaginarnos la búsqueda de los sabios al recorrer miles de kilómetros con sus camellos en su camino hacia el Mesías prometido.

Dios mismo los guio mediante una estrella –un grupo resplandeciente de ángeles– que se desplazó lentamente hasta Jerusalén y se detuvo sobre el Templo (ibíd., pp. 41, 42). Pero los esperaba una inmensa desilusión: nadie compartía su conocimiento –ni menos su entusiasmo– sobre el nacimiento del Mesías.

Podría haber sido uno de esos momentos en los que la fe se quiebra y se pierde. Los sabios podrían haber abandonado su camino ahí, sin concluirlo; pero en su corazón había una evidencia que no se dejaría anular por lo que sus ojos veían y sus oídos oían.

Sencillamente y con corazón sincero, estos hombres habían pasado mucho tiempo estudiando las Sagradas Escrituras y, al hacerlo, se habían dejado influenciar por el Espíritu de Dios. “Mientras tenían la estrella por delante como señal externa, tenían también la evidencia interna del Espíritu Santo, que estaba impresionando sus corazones y les inspiraba esperanza. El viaje, aunque largo, fue para ellos muy feliz” (ibíd., p. 42).

Como en todo maravilloso trabajo de equipo entre Dios y los hombres y las mujeres que lo buscan con todo su corazón, Dios los había ayudado. Los había preparado para que su fe no faltara cuando llegaran a Jerusalén. Dios se había dejado encontrar, aunque en ese momento las circunstancias parecían serles desfavorables.

Si en aquel momento de decepción los sabios hubiesen podido ver detrás del velo, se habrían maravillado aún más al saber que milenios antes Dios mismo había revelado a Moisés que ellos mismos, los sabios de Oriente, irían a adorar a Jesús y que lo reconocerían como el Mesías prometido (ver Elena White, Patriarcas y profetas, p. 451). Pero de esto, recién en el Cielo se van a enterar.

Igual, podemos preguntarnos: ¿Por qué casi siempre encontramos decepciones o frustraciones en nuestro camino hacia una mejor relación con Dios? ¿Por qué desapareció la estrella que guiaba a los sabios? ¿Por qué Dios dejó de guiarlos? ¿Acaso la promesa que Dios dio a través de Jeremías nos podrá dar la clave? Los problemas y las decepciones ¿nos ayudan, tal vez, a buscar a Dios con más intencionalidad –de todo corazón– que cuando todo va bien?

Esta promesa nos muestra la importancia de desarrollar perseverancia en aquello que realmente vale la pena. Nos enseña que cuando las frustraciones parecen ganar la partida, necesitamos elevar nuestros pensamientos y recordar el viaje feliz que estamos haciendo junto con el Señor.

Esta promesa nos ayuda a cavar más hondo, barriendo el polvo de las frustraciones para volver a encontrar la esperanza que el Espíritu de Dios puso en nuestro corazón durante nuestras horas de estudio de la Palabra.

Los sabios perseveraron. Con todo su corazón, siguieron buscando a Jesús y ejercitando su fe a pesar de tener la impresión de haber perdido el camino. Pero el Señor cumplió su promesa y se dejó encontrar. “Los magos salieron solos de Jerusalén. Las sombras de la noche iban cayendo cuando pasaron por las puertas, pero para gran gozo suyo volvieron a ver la estrella, y esta los encaminó hacia Belén” (Elena de White, El Deseado de todas las gentes, p. 45).

Que Dios nos ayude a reconocer nuestra necesidad de desarrollar paciencia y perseverancia aun cuando, a pesar de estar siguiendo al Señor, nuestro camino nos deja perplejos. Que en esos momentos podamos recordar su promesa, que también encierra un valioso entrenamiento para nuestro carácter: “Me buscarán y me hallarán, cuando me busquen de todo corazón”.

  • Lorena Finis de Mayer

    Lorena Finis de Mayer es argentina y escribe desde Berna, Suiza. Desde hace varios años es columnista en la Revista Adventista y sus artículos son muy valorados por la exacta combinación de sencillez y profundidad.

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1 Comentario

  1. José Ramos

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