SOLO UN POCO MÁS

30 noviembre, 2022

Termina 2022 y nos preguntamos: ¿Falta mucho para la segunda venida de Jesús?

Por Francesco Marquina.

¿Alguna vez te has preguntado cuándo realmente volverá Jesús? Estoy seguro de que esta pregunta ha pasado repetidas veces por tu mente, y más al culminar otro año. Es que la Segunda Venida fue prometida por el mismo Jesucristo a sus discípulos durante su ministerio terrenal. Así se registra la promesa: “Y después que me vaya y les prepare lugar, vendré otra vez, y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, ustedes también estén” (Juan 14:3).

Sin embargo, ya han pasado más de dos mil años desde el momento en que Jesús prometió esto, y aún no se ha cumplido. Muchas personas pueden sentirse desmotivadas con el pasar de los años. ¿Por qué Jesús se está demorando?

Para responder estas preguntas, estudiaremos algunos textos clave que nos ayudarán a disipar las dudas y, al mismo tiempo, fortalecer nuestra confianza en las promesas de Dios.

El libro de las promesas

La Biblia es un libro sagrado que está colmado de promesas. Dios dejó su Palabra como un manual de supervivencia, para que el adorador sincero encuentre fortaleza y consuelo al atravesar esta vida turbulenta cargada de crisis, dolor y sufrimientos. El pecado trajo todas estas tragedias a lo largo de la historia de la humanidad. A pesar de esto, todas las generaciones de cristianos han encontrado en la Biblia una fuente segura de instrucción y esperanza.

En relación con la segunda venida de Jesús, el problema principal gira en torno a la aparente “demora”. Muchos cristianos en la actualidad piensan que se debería reinterpretar totalmente la Biblia y adecuarla a las realidades sociales y culturales de nuestra época. Por otro lado, hay algunos teólogos que también afirman que los apóstoles comprendieron de forma equivocada las palabras y las profecías de Jesús, y que esto influyó en la forma en que desarrollaron su pensamiento teológico, el cual terminaron escribiendo en sus epístolas bíblicas.

Toda esta confusión, sumada al desconocimiento de la Biblia por parte de las generaciones más modernas, ha llevado a millones de personas a dudar de la veracidad de la Palabra de Dios, y de forma especial, de la certeza del retorno de Jesús a esta Tierra. A pesar de todo, es realmente importante resaltar que la verdad bíblica es clara y sencilla de entender, y aunque hoy en día existan ciertas tendencias teológicas y desconocimiento generalizado de la verdad, aquellos sinceros lectores modernos de la Biblia podrán seguir encontrando un fundamento seguro en la Palabra de Dios de la misma manera que lo hicieron los apóstoles y todas las generaciones anteriores de cristianos.

Para los apóstoles y los primeros cristianos, el asunto estaba más que claro: Jesús volvería por segunda vez, y la idea de su retorno era una realidad siempre presente en su vida. La bendita esperanza del retorno inminente de Jesús motivaba sus corazones y les daba fortaleza incluso para entregarse al martirio. Por este motivo Pablo, al escribir a los primeros creyentes sobre la segunda venida de Cristo,  se ubica él mismo entre el grupo de los redimidos y utiliza palabras en la primera persona del plural: “Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tes. 4:17, RVR 1960). Pablo vivía fervientemente esperanzado en ver esta promesa cumplirse en su propia generación.

Un versículo que nos llena de esperanza

En cierta ocasión, al escribir a los cristianos convertidos del judaísmo, Pablo los motiva a enfrentar las adversidades del repudio y la persecución por ser seguidores de Jesús utilizando las siguientes palabras: “Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará” (Heb. 10:37, RVR 1960). Estas palabras son hermosas y dan ánimo a la persona que está atravesando por las más angustiantes dificultades, al reforzar la confianza en que Jesús volverá y todo acabará muy pronto.

Sin embargo, hay algo curioso y muy profundo en estas pocas palabras.

¿Alguna vez has comparado Hebreos 10:37 entre las diferentes versiones bíblicas en español? Demos un vistazo rápido a la primera parte del versículo: “Porque dentro de muy poco tiempo” (LBLA); “Pronto, muy pronto” (DHH); “Pues en poco tiempo” (NBV); “Pues dentro de muy poco tiempo” (NVI); “Falta poco, muy poco” (BLP); “Aún un poco, en un poco más” (RVA- 2015); “Muy pronto llegará” (TLA).

Como se evidencia, las diferentes versiones introducen el texto utilizando variadas combinaciones de palabras para mostrar que el tiempo para la Segunda Venida es corto. En este texto, Pablo extrae ideas de otros versículos del Antiguo Testamento, especialmente de Isaías 26:20, Hageo 2:6 y Habacuc 2:3 y 4. Sin embargo, antes de continuar, es importante recordar que el apóstol está argumentando con los judíos convertidos al cristianismo y que conocían bien los Escritos hebreos. Aunque está escribiendo en griego, tiene en mente las promesas bíblicas dadas por Dios a Israel en el Antiguo Testamento y las aplica a los cristianos. Por este motivo, lo que hace interesante este texto es la combinación específica de palabras griegas que Pablo escogió al escribir esto en su epístola. En el idioma griego, Hebreos 10:37 es así: “ἔτι γὰρ μικρὸν ὅσον ὅσον, ὁ ἐρχόμενος ἥξει καὶ οὐ χρονίσει”.

Podríamos hacer un análisis exhaustivo de todas las palabras de este versículo, pero solo nos centraremos en algunas de ellas y las relacionaremos dentro de su contexto. También es necesario informar que todos los términos que analizaremos se colocarán en su forma básica, ya que en el texto bíblico aparecen en sus formas “conjugadas”.

Por ejemplo, la palabra μικρὸν (mikron), que se encuentra en el texto que estamos estudiando, es una “conjugación” que tiene como base la palabra μικρός (mikrós). Esta significa “muy pequeño”. Sin duda, este término es la base para la palabra española “micro” y forma parte de otras palabras compuestas muy conocidas, como “microscopio”, “microondas” y “microbio”.

En la Biblia, esta palabra tiene varios usos, especialmente actúa como un comparativo y aparece más de 46 veces en el Nuevo Testamento, particularmente en el Evangelio de Juan y en el Apocalipsis. Su utilización está más relacionada con situaciones temporales, aunque también se utiliza para mostrar medidas y pesos muy pequeños. Por este motivo, Hebreos 10:37 tiene una connotación temporal. Por su parte, la frase “ἔτι γὰρ µικρὸν” puede traducirse como “porque aún dentro de muy poco tiempo”; aunque en el texto no se encuentre la palabra “tiempo”.

Para comprender el siguiente análisis de las palabras griegas, es necesario saber un poco sobre lo que representa el proceso de traducción. Un idioma es un sistema complejo de sonidos, códigos y símbolos que están íntimamente relacionados con la cultura, los valores y la educación de las personas. Al momento de migrar de un idioma a otro, el traductor debe encontrar las palabras o las frases más cercanas en el idioma objetivo, que representen correctamente la expresión o la idea manifestadas en el idioma original. De esta manera puede transformarlas en algo comprensible para el entorno social, cultural y educativo diferente al que pertenecen los receptores del mensaje. Es algo así como intentar pasar el contenido de una jarra de agua, de una sola vez, utilizando solamente un vaso pequeño. Al final, mucho del contenido terminará “cayendo” o perdiéndose lingüísticamente.

Por otra parte, cada idioma tiene su propia estructura y relaciones, que son diferentes entre sí; y por más semejantes que parezcan, cada uno tiene “su propia vida”. Como ejemplo, citamos un caso entre el español y el portugués. Si se le pregunta a un brasileño qué significa la palabra “saudade” y cuándo se utiliza, debemos estar preparados para recibir innumerables definiciones y combinaciones de este vocablo. Ahora bien, si un hispano busca esa palabra en el diccionario, encontrará que, simplemente, se define como “añoranza”, que es una palabra que ya casi ni utilizamos en español.

¿Por qué sucede esto? La riqueza lingüística de un idioma muchas veces se pierde o disminuye al momento de traducir, porque no se encuentran las palabras equivalentes exactas para representarlas en otro idioma bajo un contexto diferente. Esto pasa muy a menudo con la Biblia, que fue escrita en hebreo, arameo y griego. Por ese motivo estudiamos los idiomas bíblicos, con el fin de ser capaces de interpretar correctamente la verdad y alimentar espiritualmente a la iglesia.

Después de esta explicación, será más fácil comprender la segunda parte del análisis del texto de Hebreos 10:37. Ahora, vemos presente una palabra en forma duplicada: ὅσον ὅσον. La traducción básica es “tan grande”; “tan ancho”; “tan largo”; “tanto”. Gramaticalmente es considerado como un pronombre correlativo. Se denomina así a la palabra que muestra una relación recíproca o de sucesión entre una o más palabras de la oración. De forma sencilla, esta palabra ὅσος amplificará o intensificará la palabra que la precede. En este caso, amplificará el sentido del término µικρός.

¿Recuerdas las diferentes formas de traducción del texto que hemos presentado más arriba? No es que haya un problema en el texto en español, sino que quien realizó el proceso de traducción tuvo el desafío adicional de hacer que el texto sea gramaticalmente coherente y formal en el idioma objetivo. Por esta razón hay varias posibilidades al traducir el texto de Hebreos 10:37 en el español. Otro asunto a considerar es que, en la Biblia, la repetición de las mismas palabras o el uso de sinónimos tienen como función enfatizar algo especial o importante. Por este sentido, la frase griega “ἔτι γὰρ μικρὸν ὅσον ὅσον” es una expresión exclamatoria con un doble ὅσον.

Esto significa que, si ya el primer ὅσον va a intensificar el término μικρός que se ha mencionado primero, el segundo ὅσον volverá a intensificar lo que ya está intensificado.

Esto es imposible de traducir al español en una corta frase formal. Pablo escribió esta combinación de palabras con un fin específico en mente, el cual entenderemos en breve. Literalmente, el texto de Hebreos 10:37 podría ser traducido como: “¡Porque aún dentro de muy poco tiempo! (ἔτι γὰρ μικρὸν)”; “poco tiempo de ese muy poco tiempo (ὅσον)”; “poco tiempo del poco tiempo de ese muy poco tiempo (ὅσον)”. Otra posible traducción más corta, pero con el mismo tenor, podría ser: “¡Solo un poco, qué poco, qué poco!”

Obviamente, en español esta es una oración bastante larga y sin mucho sentido semántico. Por este motivo las traducciones bíblicas estilizan la frase para hacerla más corta, entendible y leíble. Sin embargo, en el original griego podemos percibir el énfasis que Pablo está tratando de mostrar a sus lectores. En otras palabras, en el entendimiento del apóstol, realmente no faltaba nada de nada de tiempo para el retorno de Jesús.

El hecho del inminente retorno de Cristo queda claro con la segunda parte del versículo, que dice: “ὁ ἐρχόμενος ἥξει καὶ οὐ χρονίσει”. Literalmente, aquí dice que “el que tiene que venir vendrá y no tardará”. Es interesante resaltar que “el que tiene que venir” es una referencia directa a Cristo: él prometió que volvería, y su retorno es seguro porque él siempre cumple sus promesas. De allí la seguridad del apóstol al afirmar con tanto énfasis que realmente Cristo “vendrá”. Lo que más llama la atención, sin embargo, es que la construcción de todo este versículo está hecha de énfasis sobre énfasis sobre énfasis sobre la Segunda Venida.

Transliterando un poco las palabras del apóstol Pablo, encontramos que el versículo de Hebreos 10:37 quiere decir: “¡En muy poco, pero muy poco, pero realmente poco de tiempo, Jesús, el que dijo que vendría, volverá y no va tardar!” Esa última frase, “no va a tardar”, podría considerarse como una redundancia, ya que después de tanto énfasis al decir que realmente no falta nada de nada, las personas sobreentenderían que no habría posibilidad de una tardanza de parte de Cristo. Pero el apóstol deja realmente en claro su posición teológica establecida aquí: ¡Jesús volverá en forma inminente!

Un regreso asegurado

El problema que tenemos los seres humanos es que atribuimos a Dios cualidades que son propias de nosotros mismos. Nosotros somos regidos por las leyes naturales y no podemos escapar de ellas. Sin embargo, Dios es eterno y tiene dominio sobre todo lo que ha creado, y las leyes naturales lo obedecen y cumplen su voluntad. Por esto, pensamos que Dios está regido también por nuestro tiempo y creemos que unos miles de años son demasiado para Dios, porque realmente es demasiado para nosotros. En la actualidad, los seres humanos a duras penas podemos llegar a vivir unos cien años; así que, esperar por veinte, treinta, cuarenta o más años la segunda venida de Jesús es esperar toda una vida. Incluso hay personas que nacieron, vivieron y murieron en la iglesia esperando que la promesa se cumpliera, pero nada sucedió. Para algunos, la espera los desanima y enfría sus esperanzas.

Sin embargo, recordemos que el tiempo nos afecta a nosotros, pero no a Dios. Por este motivo, el apóstol Pedro (al igual que Pablo), tenía total confianza en el cumplimiento de la promesa sobre el inminente retorno de Jesús. Al aconsejar a la iglesia sobre este tema, escribe a los hermanos así: “Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día” (2 Ped. 3:8, RVR 1960). La frase “para el Señor mil años es como un día” significa que Dios no se rige por nuestros estándares humanos. Nosotros somos los que sufrimos con el pasar del tiempo y sentimos la carga que conlleva la espera. Pero, a pesar de esto, no debemos desanimarnos porque la promesa realmente se cumplirá. Recordemos que, si luego de haber pasado noventa años en la espera del retorno de Cristo somos llamados al descanso, si morimos, lo siguiente que verán nuestros ojos será a Jesús viniendo con gran gloria y majestad en las nubes de los cielos, ya que así lo dice 1 Tesalonicenses 4:16.

Sin duda, la espera “atormenta” a los que estamos vivos, ya que a nadie le gusta esperar por mucho tiempo. Sin embargo, 2 Pedro 3:9 amplía y complementa la explicación anterior sobre el tiempo y la aparente demora de Cristo. El texto bíblico dice: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Ped. 3:9, RVR 1960).

¡Qué extraordinaria forma de presentar una verdad bíblica! Aquí Pedro nos aclara que el Señor Jesús no se está “demorando” para cumplir su promesa, a pesar de que algunos consideren que realmente está tardando. Hay personas que se burlan de la fe cristiana, en especial de la creencia en que Jesús volverá por segunda vez, porque simplemente ya pasaron unos dos mil años y la vida continúa, con sus mismos problemas de siempre. Utilizan esto como una excusa para no transformar su vida y acercarse a Cristo.

Sin embargo, todos debemos recordar que la paciencia de Dios tiene un límite. Elena de White escribió con relación a esto: “Dios es paciente, no queriendo que ninguno perezca; pero su paciencia tiene un límite, y cuando el límite se pasa, no hay una segunda prueba. Su ira saldrá y destruirá sin remedio” (Carta 122, 1900). Dios quiere salvar a todos los que pueda; por este motivo aún nos da oportunidad de arrepentimiento. Mientras el ser humano tenga vida, tendrá la oportunidad de entregar su vida a Jesús.

Hasta ahora, las promesas de la Biblia se han cumplido con gran exactitud; solo basta estudiar los libros de Daniel y Apocalipsis para darse cuenta de ello. En forma general, la única promesa que falta por cumplirse es la segunda venida de Cristo a este mundo dominado por el pecado. Entonces, si todas las promesas dadas a la humanidad ya se han cumplido, ¿acaso Dios no cumplirá la última, que aún está pendiente? ¡Definitivamente, la cumplirá!

Una misión urgente

Por otro lado, es importante resaltar que los cristianos también tenemos una tarea que cumplir mientras esperamos el retorno de Cristo. El llamado a compartir el evangelio se encuentra en Mateo 28:18 al 20 (RVR 1960): “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén”.

Todos hemos sido llamados a compartir con los demás la bendita esperanza del retorno de Jesús. Complementando esto, en Mateo 24:14 se menciona que el final de los tiempos recién llegará cuando el evangelio sea participado a todas las personas del planeta. Esta es una tarea difícil, que requiere el involucramiento de todos los miembros de la iglesia. ¿Queremos ver regresar a Jesús? Entonces, debemos cumplir la Gran Comisión, para apresurar de este modo el retorno de nuestro Salvador.

Así como Jesús vino la primera vez en el momento preciso a realizar su ministerio terrenal cumpliendo la promesa dada en Génesis 3:15, así también efectivizará su promesa de un segundo retorno a esta Tierra para liberar a su pueblo y destruir a Satanás, purificando el mundo del pecado de una vez por todas. Aunque la espera sea larga y dolorosa, no debemos dudar ni desanimarnos, sino que debemos aprender a tener la misma confianza que tuvieron los apóstoles y los primeros cristianos.

En esta vida podemos sufrir penurias y adversidades, pero como creyentes en Jesús, sabemos que esto no será para siempre. Filipenses 3:20 (RVR 1960) nos dice que “nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo”.

Pronto, muy pronto, realmente pronto, viviremos la Eternidad al lado de Jesús. Mientras esperamos, debemos desarrollar una fuerte comunión personal con Jesús; asimismo, debemos trabajar en la obra de evangelización y hacer todo de nuestra parte por llevar a la mayor cantidad de personas posibles al conocimiento de la verdad. Y, si morimos, que descansemos seguros de que nos levantaremos de la tumba transformados “para recibir al Señor en el aire” (1 Tes. 4:16, 17) y así estar siempre con Jesús.

Aunque nadie sabe el momento específico de la Segunda Venida, debemos esperar por nuestro Salvador con un deseo de verlo regresar en forma inminente. Hagamos todo lo posible para que esto ocurra en nuestra generación.

Prepárate ahora para la segunda venida de Jesús, porque “ahora es tiempo de trabajar mientras dure el día, porque llega la noche en la que nadie podrá trabajar. Ahora, justo ahora, es hora de que estemos observando, trabajando y esperando” (Elena de White, Review and Herald, 9 de octubre de 1894).

Aunque esta espera parezca interminable, Jesús volverá en el momento más adecuado, tal como lo ha prometido, porque él siempre cumple sus promesas.


Francesco Marquina es pastor y psicólogo, nacido en Perú. Sirve a la iglesia como director del Servicio de Voluntarios Adventistas (SVA) de la Unión Este Brasileña y de la Facultad Adventista de Bahia (Brasil).

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1 Comentario

  1. Justo Miranda

    QUE HERMOSA EXPLICACIÓN Y
    EXEGEGIS DE ESTE ARTÍCULO
    PARA LA EDIFICACION DE LA IGLESIA Y GRACIAS PR DANIEL AYUDANTE POR COMPARTIRLO

    Responder

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