Analizamos dos expresiones de la Biblia a fin de entenderlas en profundidad.

Existe un tipo de palabras al que clasificamos como “palabras compuestas”, ya que se forman mediante la unión de dos o más unidades lingüísticas. 

Estas palabras pueden ser semánticamente “transparentes” u “opacas”. La “transparencia semántica” se da en aquellas palabras compuestas cuyo significado es posible identificar a partir de sus componentes. Por ejemplo, en español, son semánticamente transparentes palabras como: “abrelatas” (abre + latas), “apoyacabeza” (apoya + cabeza), “espantapájaros” (espanta + pájaros) y “parabrisas” (para + brisas), entre otras. Sin embargo, ciertas palabras compuestas se caracterizan por su “opacidad semántica”; esto es, palabras compuestas cuyo significado no es posible derivar a partir de sus componentes. Así, por ejemplo, el significado de “caracol” en español no es la suma de “cara” y “col”.

El griego koiné es lo que técnicamente se denomina una “lengua sintética”. Por ello, la formación de palabras por composición es muy común en la lengua original del Nuevo Testamento. A continuación, comparto dos ejemplos muy interesantes y espiritualmente aleccionadores:

Sklērokardia, una actitud que nos caracteriza. Este sustantivo griego es una palabra compuesta por un adjetivo y un sustantivo; a saber, sklēros (“duro”) + kardia (“corazón”). Y se refiere a una actitud inflexible, pertinaz, obstinada, terca. Dado que la versión Reina-Valera 1960 tiende a traducir palabras compuestas atendiendo a la suma de sus partes, sklērokardia es traducida de manera uniforme como: “dureza de corazón” (Mat. 19:8; Mar. 10:5; 16:14). 

Se trata –como sucede en ocasiones– de una traducción mecánica que no siempre es clara o que no hace plena justicia al significado de la palabra en contexto. 

Así lo vemos, por ejemplo, en el matiz de sentido que reviste a sklērokardia en relación con el contexto narrativo y teológico de Mateo 19:8. Esta observación queda confirmada por las equivalencias que proveen otras versiones bíblicas: “a causa de vuestra cerrazón de mente” (Biblia de Jerusalén), “por lo obstinados que son” (Nueva Versión Internacional), “debido a la terquedad de ustedes” (Palabra de Dios para Todos), “a causa de vuestra incapacidad para entender los planes de Dios” (Biblia La Palabra), “porque ustedes son muy tercos y no quieren obedecer a Dios” (Traducción en Lenguaje Actual). 

Al hablar del matrimonio, el divino Maestro se sitúa en el Edén (Mat. 19:4-6, 8); tiempo y espacio que configuran el paradigma conyugal del Nazareno y, bajo la influencia del Espíritu Santo, el de sus seguidores.

Pithanologia, el arte del engaño. El sustantivo griego pithanologia es una palabra compuesta por un verbo y un sustantivo; a saber, peithō (“convencer”, “persuadir”) + logos (“palabra”, “discurso”). Determinado por el contexto literario próximo de Colosenses 2:4, única referencia en la que hallamos esta palabra compuesta en todo el Nuevo Testamento, el término pithanologia refiere a un discurso convincente que promueve un mensaje contrario a la verdad a través de una estructura argumentativa que se supone lógica o verosímil. La versión Reina-Valera 1960, en armonía con la tendencia mencionada en el ejemplo anterior, vierte el uso paulino de pithanologia como: “palabras persuasivas”. Otras traducciones son: “discursos capciosos” (Nueva Biblia Española), “razonamientos persuasivos” (La Biblia de las Américas), “palabras seductoras” (Dios habla hoy), “argumentos capciosos” (Nueva Versión Internacional), “argumentos ingeniosos” (Nueva Traducción Viviente). La reciente versión bíblica Palabra de Dios para Todos comunica con precisión conceptual el sentido de pithanologia en Colosenses 2:4: “Les digo esto para que nadie los engañe ni les diga algo que parezca cierto pero que en realidad es falso” (énfasis añadido).

La presunta presencia de sentido, la lógica, o incluso la coherencia interna en un determinado mensaje no lo torna precisamente en veraz ni en fidedigno. 

A esta síntesis hay que añadir una preocupación: algunas propuestas interpretativas y teológicas que circulan en la actualidad y que gozan de cierta popularidad no son más que un puñado de falacias. “Para muchos, la Biblia es una lámpara sin aceite, porque han dirigido sus mentes hacia canales de creencias especulativas que traen falsos conceptos y confusión” (Elena de White, Los hechos de los apóstoles, p. 391).

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