“Siempre habrá altibajos. Lo importante es cómo los superas” (David Wilkerson).

Cuando esas dos puñaladas mortales atravesaron su cuerpo, Enrique IV, rey de Francia, se sumó involuntariamente a la tristemente célebre lista de monarcas asesinados, en la historia. Luego de varios intentos contra su vida en las calles de París, la muerte lo alcanzó aquel 14 de mayo de 1610. Cayó rendido ante el arma blanca de François Ravaillac, un extremista religioso que buscaba evitar que Francia entrara en guerra contra los Habsburgo, que eran católicos.

Enrique IV fue un rey con claroscuros. Para muchos, fue considerado como el mejor monarca que ha gobernado Francia, ya que intentó hacer más felices a sus súbditos (se le atribuye la frase: “Un pollo en las ollas de todos los campesinos, todos los domingos”) no solo con poder y conquistas, sino también con paz y prosperidad. Pero, también fue menospreciado por los adherentes a la Revolución Francesa, quienes profanaron su cuerpo de su tumba, mutilaron su cabeza y se burlaron de ella.

Amasías, rey de Judá, es otro de los que también integra la lista de monarcas asesinados por cuestiones políticas internas. Su reinado también está lleno de altibajos. Subamos, entonces, a la montaña rusa de Amasías.

Hacia arriba. Con un ascenso estupendo, irrumpe en el relato bíblico con esta presentación: “Y él hizo lo recto ante los ojos de Jehová” (2 Rey. 14:3). No es poca cosa, ya que el grupo de los reyes de los que se dice esto es realmente mínimo (solo 8 de 39). Su nombre significa “la fuerza de Jehová”, lo que bien podía augurar un futuro promisorio.

Hacia abajo. Con un gran declive, ese impulso inicial no alcanzó a ser una reforma completa: “Con todo eso, los lugares altos no fueron quitados, porque el pueblo aún sacrificaba y quemaba incienso en esos lugares altos” (2 Rey. 14:4).

Hacia arriba y hacia abajo. Cuando se entra en ese peligroso terreno gris, nunca se alcanza la estabilidad. Así y todo, una vez afirmado en el liderazgo, mató a aquellos que habían asesinado a su padre, “pero no mató a los hijos de los que le dieron muerte, conforme a lo que está escrito en el libro de la ley de Moisés, donde Jehová mandó diciendo: No matarán a los padres por los hijos, ni a los hijos por los padres, sino que cada uno morirá por su propio pecado” (2 Rey. 14:6). Una muestra de venganza unida a una demostración de amplia bonhomía y sana legalidad.

Hacia arriba y hacia abajo, otra vez. Luego de una gran victoria ante Edom (2 Rey. 14:7), desafía impunemente a Joás, rey de Israel (se trata de otro Joás, y no del que reinó cuando era niño, que era el padre de Amasías), para pelear. La sabia respuesta del monarca del Norte trató de aplicar un manto pacificador: “Ciertamente has derrotado a Edom, y tu corazón se ha envanecido; gloríate pues, mas quédate en tu casa. ¿Para qué te metes en un mal, para que caigas tú y Judá contigo?” (2 Rey. 14:10).

Descenso final. Porfiadamente, Amasías hizo la guerra solamente para sufrir una humillante derrota: Jerusalén fue invadida, el Templo fue saqueado y los jóvenes fueron tomados como rehenes. Pese a todo, Amasías vivió quince años más luego de esta derrota. Una conspiración contra él hizo que huyera a Laquis, donde no tuvo escapatoria y fue ejecutado (2 Rey. 14:19); terminando así los 29 años de este “reinado sube y baja”.

Este vertiginoso relato bíblico nos enseña que los tiempos inestables en que vivimos no son excusa para convertirnos en líderes “montaña rusa”. 

Puede ser excitante y hasta darnos ciertos éxitos ser este tipo de líderes (después de todo, esta oscilación pone de manifiesto un escaso compromiso con la adherencia y la obediencia a la verdad bíblica, simpre segura, sólida y nunca cambiante). Pero, el liderazgo no es un parque de diversiones. Se trata, más bien, de un campo de batalla. 

En esta lucha, no estamos solos. Nos sostiene el Señor con dos férreos consejos inspirados: 

“Manténganse despiertos y firmes en la fe. Tengan mucho valor y firmeza” (1 Cor. 16:13, DHH). 

“Por lo tanto, mis queridos hermanos, sigan firmes y constantes, trabajando siempre más y más en la obra del Señor; porque ustedes saben que no es en vano el trabajo que hacen en unión con el Señor” (1 Cor. 15:58, DHH).

Sobre el Autor

Es Licenciado en Teología y en Comunicación Social. Además, tiene una maestría en Escritura creativa. Es autor de los libros “¿Iguales o diferentes?”, “1 clic” y “Un día histórico”. Actualmente es editor de libros, redactor de la Revista Adventista y director de las revistas Conexión 2.0 y Vida Feliz, en la Asociación Casa Editora Sudamericana.

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