TU HISTORIA LES FASCINA

28 junio, 2021

Ecos de una prueba local con trascendencias cósmicas.

Durante los últimos tres días, nadie había podido hablar de otra cosa. Muchos tal vez ni siquiera podían hablar. La tensión estaba llegando a su colmo. El desconcierto era palpable.

¿Por qué Dios le pidió que sacrificara a su único hijo? ¿No le había prometido acaso que de ese hijo nacerían millares de descendientes? Bueno, sí, Dios podía resucitar a Isaac, porque para él no hay nada imposible. Eso estaba claro para ellos. Pero ¿cuál era el plan del Cielo ahora?

La prueba de fe que Dios había dispuesto para su amigo Abraham parecía excesiva. “Dios dijo: Toma ahora a tu hijo, tu único, a quien amas, a Isaac, y ve a la tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré” (Gén. 22:2 ,LBLA).

Pero, gracias a la crisis indecible de aquellos tres días de camino hacia la tierra de Moriah y gracias a la intervención divina, Abraham comprendió algo que nunca hubiese podido comprender en tiempos de bonanza. Dios no solo quería probar su fe; también quería enseñarle la realidad del evangelio. Y no solo a él.

Allí sobre el monte, Dios le mostró a Abraham, así como también a los ángeles y a los habitantes de los mundos no caídos, lo que significaría la redención de la humanidad. Costaría la muerte de su propio Hijo –que nadie iba a detener. Rompería su corazón, pero traería salvación y esperanza para todos los que creyeran en él.

El plan de Dios para redimirnos no solo iba a ser minuciosamente llevado a cabo. También iba a ser comunicado y enseñado. Magistralmente. “Había sido difícil aun para los ángeles comprender el misterio de la Redención; entender que el Comandante del cielo, el Hijo de Dios, debía morir por el hombre culpable. Cuando a Abraham se le mandó ofrecer a su hijo en sacrificio, se despertó el interés de todos los seres celestiales. Con intenso fervor observaron cada paso dado en cumplimiento de ese mandato. Cuando a la pregunta de Isaac: ‘¿Dónde está el cordero para el holocausto?’, Abraham contestó: ‘Dios se proveerá de cordero’; y cuando fue detenida la mano del padre en el momento mismo en que estaba por sacrificar a su hijo, y el carnero que Dios había provisto fue ofrecido en lugar de Isaac, entonces se derramó luz sobre el misterio de la Redención, y aun los ángeles comprendieron más claramente las medidas admirables que había tomado Dios para salvar al hombre” (Elena White, Patriarcas y profetas, p. 151).

¡Qué momento! Descubrir que el amor de Dios es mucho más grande de lo que tal vez pensaban. Entender que el Hijo de Dios, el Único, al que el Padre amaba, dejaría todo en el cielo para arriesgarlo todo en la Tierra… Jamás lo habrían pensado.

¿Te das cuenta de que, gracias a la historia de un hombre y su hijo aquí en la Tierra, los ángeles y los otros habitantes del universo pudieron conocer mejor al Padre y al Hijo en el cielo?

Los imagino fascinados al observar cómo Dios nos perdona, cómo nos extiende su gracia, cómo nos motiva a crecer en la fe y a confiar en sus promesas. Ellos nunca tuvieron esas experiencias (no las necesitaron). Los imagino deleitándose al observar aspectos del carácter de Dios que solo existen entre él y nosotros aquí “abajo”.

Este pensamiento es un potente motivador. Con tu vida y con la mía estamos permitiendo que los rincones más íntimos del carácter de Dios sean visibles a todo el universo. Como dijo el apóstol Pablo: “Hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres” (1 Cor. 4:9).

La vida de Abraham, como la nuestra, tuvo altos y bajos. Dios llegó a ser su amigo íntimo, y esa relación iluminó al universo entero. Esa amistad, esa intimidad, está a nuestro alcance también. Repitamos la historia, dando gloria al maravilloso carácter de nuestro Dios ante los ojos de todos.

  • Lorena Finis de Mayer

    Lorena Finis de Mayer es argentina y escribe desde Berna, Suiza. Desde hace varios años es columnista en la Revista Adventista y sus artículos son muy valorados por la exacta combinación de sencillez y profundidad.

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