¿Qué día se observaba en la iglesia apostólica según el Nuevo Testamento?

Muchos aseguran que los primeros cristianos no guardaban el sábado. ¿Qué se puede decir al respecto?

Como es obvio, el mandamiento de guardar el sábado no se repite en el Nuevo Testamento (NT) porque su observancia había sido una práctica cotidiana en Israel durante siglos (Éxo. 20:8-11; Isa. 58:13, 14; Eze. 20:12, 20). Y puesto que en el NT no existe una orden que desautorice su observancia, seguía en vigencia. Para los cristianos era muy claro y se lo seguía guardando después de la muerte de Cristo. Dos ejemplos de los evangelios lo prueban.

1. Mateo 24:20: “Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en sábado”. El texto cita las palabras de Cristo que estaban profetizando la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. Esta declaración prueba que, para el tiempo de la caída de la ciudad, Jesús todavía esperaba que sus discípulos continuaran guardando el sábado, unos cuarenta años después de su ascensión.

2. Lucas 23:54-56: “Era día de la preparación y estaba para comenzar el sábado. Las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea lo siguieron y vieron el sepulcro y cómo fue puesto su cuerpo. Al regresar, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el sábado, conforme al mandamiento”. Después de la muerte de Cristo las mujeres que seguían a Jesús continuaron guardando el sábado. Si hubiera sido el propósito divino que después de la muerte de Cristo el sábado ya no se guardara más, ¿por qué durante los tres años y medio de su ministerio, él no les explicó aquello? 

Es evidente que jamás sucedió eso, y por esta razón las mujeres cristianas continuaron guardando el sábado. Siguiendo el ejemplo de Jesucristo (Luc. 4:16), los apóstoles se reunían cada sábado para adorar. Así encontramos a Pablo reuniéndose en la sinagoga de Antioquia de Pisidia (Hech. 13:2), en Tesalónica (Hech. 17:1-3) y en Corinto (Hech. 18:1-4). Además, Pablo se ganaba la vida trabajando en la fabricación de tiendas, pero los días sábados suspendía su trabajo y asistía a la sinagoga a persuadir no solo “a judíos”, sino también “a griegos”. Esto sucedió durante un año y seis meses, lo que significa que guardó unos 76 sábados aproximadamente (Hech. 18:1-4, 11).

Algunos han objetado que Pablo iba a la sinagoga los sábados porque ese era el día en que se reunían los judíos, pero no porque lo guardaba. Sin embargo, no es en esa dirección en la que apunta la evidencia, por varias razones: 

1-Porque Jesús enseñó que se lo seguiría guardando décadas después de su muerte. 

2-No existe ninguna declaración neotestamentaria que anule el sábado. 

3-En Hechos 13:42, Pablo y Bernabé se encontraban predicando en la sinagoga de Antioquía. Al terminar, “los gentiles les rogaron que el siguiente sábado les hablaran de estas cosas”. ¡Qué mejor oportunidad para que les informasen a sus oyentes que el nuevo día de reposo era el domingo, o aún mejor, decirles que ya no existía ningún día de reposo! No obstante, ellos no hicieron nada de eso. Para Pablo era claro que el mandamiento del sábado estaba tan en vigencia como el mandamiento de no matar. El texto bíblico afirma que el siguiente sábado “se juntó casi toda la cuidad para oír la palabra de Dios” (Hech. 13:44), y nótese que quienes se reunieron no solo eran judíos, sino también gentiles (Hech. 13:45, 46). ¿Por qué los gentiles les pidieron a Pablo y Bernabé que les predicasen el siguiente sábado? Bien podrían haberles predicado al día siguiente. La verdad innegable es que ellos sabían que él observaba el sábado de la ley de Dios (1 Cor. 7:19). 

4-Pablo no estaba esperando entrar en una sinagoga para guardar el sábado, él lo hacía en cualquier lugar donde se encontrara y pudiera predicarle a alguien, aunque esto fuera a la orilla de un río, tal como sucedió en Filipos, en donde no existían sinagogas judías (Hech. 16:11-13).

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Para los primeros cristianos, la observancia del sábado seguía en vigencia, igual que cualquier otro mandamiento del Decálogo (Sant. 2:10-12). El sábado jamás se abolió, sigue en vigencia, y se lo seguirá guardando en los “cielos nuevos y la nueva tierra” (Isa. 66:22, 23).

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