Algunas observaciones para los adventistas del séptimo día respecto a Elena de White y las vacunas

Por Merlin D. Burt

Dios se interesa por cada uno de nosotros. A él no solo le importa nuestra vida espiritual, sino también nuestra experiencia física, emocional y social. El apóstol Juan escribió lo siguiente en su última carta, que está registrada en la Biblia: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3 Juan 2).

Por medio del mensaje de salud, los adventistas han procurado experimentar y poner en práctica el ministerio sanador de Jesús. Elena de White, una de los tres cofundadores de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, recibió un llamado de Dios para ser su mensajera. Su ministerio profético no debía tomar el lugar de la Biblia ni añadirle contenido, sino que debía señalarnos principios bíblicos y aplicarlos cuando fuera necesario para el desarrollo de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Pero el Espíritu Santo también la llevó a guiar a la iglesia en sus grandes ministerios de publicaciones, salud, educación y misiones mundiales.

Elena de White tuvo cuatro grandes visiones que apoyaron la obra general del ministerio de salud. Estas y muchas otras revelaciones posteriores llevaron a establecer hospitales, clínicas y un ministerio médico mundial. Sus escritos más extensos sobre el tema de la salud se encuentran en su libro El ministerio de curación, publicado originalmente en 1905.

No hay consejos específicos sobre las vacunas

Elena de White tenía mucho que decir sobre muchas cosas relacionadas con la salud, pero no proporcionó consejos específicos sobre la vacunación. Por lo tanto, este documento no busca de ninguna manera zanjar la cuestión de si una persona debiera recibir determinada vacuna o no. Esa es una decisión personal que debe guiarse por un estudio con oración, consideración de principios bíblicos y consejo médico.

Solo tenemos unas pocas historias sobre las interacciones de Elena de White, su familia y empleados en relación con la vacunación. Ante la ausencia de revelación profética directa, estas historias nos ayudan a entender cómo aplicaba ella los principios bíblicos relacionados con los avances científicos de las vacunas que estaban en desarrollo.

Historias relacionadas con las vacunas

William C. White

En 1924, William White, hijo de Elena de White, le escribió al doctor L. C. Kellogg en Loma Linda, California. Kellogg había consultado sobre la postura de Elena de White acerca de la vacunación. Según William White, “ella la consideraba una cuestión desconcertante”. Luego añadió: “No recuerdo que ella haya dicho o escrito alguna vez que tenía instrucción especial acerca de la vacunación”. Willie veía que su madre abordó la cuestión racionalmente ante la ausencia de revelación profética directa:

Cuando yo era chico, ella decía que era algo peligroso, y relataba mi propia experiencia. Decía que, de niño, tuve una salud perfecta hasta que me vacunaron, y que por ello mi salud se vio muy perjudicada. Mamá escuchaba con atención los argumentos de que los métodos de vacunación habían mejorado, y cuando en nuestros viajes llegamos a una ciudad grande donde la viruela estaba haciendo estragos, y debatimos la cuestión de si mis colegas y yo debieran vacunarse, ella no interpuso objeciones, y ante los argumentos de los médicos, de que no solo era por nuestra seguridad, sino también por la de los demás, mis colegas y yo nos vacunamos”.[1]

William C. White a L. C. Kellogg, 5 de febrero de 1924, Q and A 34-E-2, Patrimonio Elena G. de White (PEGW), Silver Spring, Maryland.

Por la forma en que se fabricaron y aplicaron las vacunas para la viruela del siglo XIX, estas no solo podían producir síntomas de viruela, sino que también podían contener contaminación bacterial, lo que podía causar otras enfermedades graves. Con el pasar del tiempo, la vacuna fue mejorada.

Dores E. Robinson

Dores Robinson, nieto político de Elena de White y asistente suyo por muchos años, respondió una carta dirigida a Elena de White que trataba sobre la vacunación. Robinson es quien escribió el influyente libro Story of Our Health Message [La historia de nuestro mensaje de salud].[2] Así como William White, él respondió que “los escritos de la Hna. White contienen principios generales que debieran guiarnos en toda nuestra obra. Sin embargo, cuando hablamos de detalles, necesitamos estudiar estos principios para llegar a nuestra conclusión. Debido a nuestras limitaciones finitas, no siempre vemos las cosas de la misma manera en algunas de estas cuestiones”. Luego Robinson compartió una historia interesante —aunque trágica— de un pariente cercano que murió de viruela:

Cuando era joven, me vacuné, y lo pasé bastante mal. Esto me llevó a creer que la vacunación era algo malo. Por otro lado, cambié de opinión cuando escuché de la muerte de mi tío, el pastor D. A. Robinson, en la India, que se negó a vacunarse. Otros que se habían vacunado tenían un contacto muy estrecho con él, y no se contagiaron en absoluto, o tuvieron la enfermedad de forma muy leve. Antes de morir, él dijo que, si pudiera volver atrás, definitivamente se habría vacunado”.[3]

Dores E. Robinson a A. C. Anderson. Archie, Missouri, 10 de febrero de 1915, PEGW.

Robinson concluyó diciendo que era importante seguir el “tratamiento sencillo” de los remedios naturales trazado en los testimonios de Elena de White, y que también podríamos beneficiarnos de la vacunación. Pero nuevamente concluyó que esta era su propia declaración personal, “de la cual la Hna. White no tenía absolutamente ninguna responsabilidad”.

En 1931, Dores Robinson escribió otra carta en respuesta a una pregunta sobre la vacunación. En ella, indicó que incluso Elena de White se vacunó contra la viruela.

Le interesará saber que cuando hubo una epidemia de viruela en los alrededores, ella misma se vacunó e instó a sus ayudantes, quienes estaban en contacto con ella, a que también lo hicieran. Al dar ese paso, la Hna. White reconoció el hecho de que está demostrado que la vacunación inmuniza contra la viruela o reduce grandemente sus efectos si se la contrae. Ella también reconoció el peligro de que ellos expusieran a otros si no habían tomado esta precaución.[4]

Dores E. Robinson a Clarence Hocker, 12 de junio de 1931, PEGW.

Robinson, que había sido misionero en África, recordó que en su misión “la viruela estaba por todos lados a nuestro alrededor, y llegó a la escuela. Después de que los alumnos se vacunaron, no volvimos a tener casos, y en ninguna ocasión vimos malos resultados”.[5]

Los periódicos de salud adventistas, los periódicos de las uniones y ocasionalmente los periódicos generales de la iglesia, en el siglo XX, dieron información educativa sobre la vacunación, en especial para la viruela y la poliomielitis. En general apoyaban la vacunación cuando se había demostrado que la vacuna tenía relativamente pocos efectos colaterales y reducía grandemente el peligro de muerte o discapacidad. Además –como mencionó arriba Robinson–, durante el siglo XX, realizar vacunaciones fue parte de la obra misionera adventista del séptimo día.[6]

Arthur L. White

Durante el brote de poliomielitis de mediados del siglo XX, se debatió si se debía recibir la vacuna o no. Arthur White, nieto de Elena de White y secretario del Patrimonio White, respondió en una carta que recibió: “Si alguien le ha informado que la Hna. White aconsejó en contra de la vacunación o inoculación, esa persona está equivocada”. Luego observó:

Pienso en misioneros que viajaron en los primeros años de nuestra obra, de los cuales algunos pensaban que vacunarse era una violación de los principios. Ellos murieron por enfermedades y fueron a la tumba antes de tiempo, prácticamente sin poder servir en el campo misionero. ¿No hubiera sido mucho más agradable a Dios que hubiesen dado los pasos que hubieran prevenido que sucumbieran ante estas pavorosas enfermedades?

Luego White relató una triste historia:

Pienso en uno de nuestros médicos, quien hoy en día debe pasar mucho tiempo en un pulmotor [una forma antigua de respirador artificial]. Hace unos años, lo enviaron al norte de África en la flor de la vida, y él condujo allí muy bien nuestra obra médica. El Señor bendijo su ministerio. Ellos consiguieron inyecciones de la vacuna contra la poliomielitis; pero, por alguna razón, no hubo suficientes para todos. El doctor les aplicó las inyecciones a todos, menos a sí mismo. Él reconoció que hubiera sido sabio si él hubiera recibido las vacunas; pero debido a la escasez de estas, no lo hizo. En la epidemia que se extendió por todo el país, él sucumbió ante la enfermedad, en un tipo muy paralizante. Con la cooperación del gobierno estadounidense, lo trasladaron en avión de regreso a Estados Unidos en un avión sanitario. Es difícil describir lo que sufrió ese hombre. Hay muy poca esperanza de que recupere sus facultades normales. Es un hombre que tiene una familia, joven.[7]

Arthur L. White a L. D. King, 13 de marzo de 1961, PEGW.

El ejemplo de la quinina y un principio de salud

Dios ha provisto, por medio de los escritos de Elena de White, principios que pueden guiarnos al considerar si debemos vacunarnos o no. Ante la ausencia del consejo directo de Dios, somos llamados a ejercer un buen juicio y prestar atención a los avances médicos. En cierta ocasión, ella escribió: “Dios quiere que tengamos sentido común, y que razonemos con sentido común. Las circunstancias alteran las condiciones. Las circunstancias cambian la relación de las cosas” (Mensajes selectos, t. 3, p. 254).

Elena de White aplicó este principio en relación con el uso de la quinina, una droga fuerte y tóxica que, durante muchos años –a mediados del siglo XIX– fue usada por doctores sin una base médica científica correcta. Más tarde se descubrió que la quinina podría ser eficaz para tratar la malaria. Algunos adventistas se negaron a usar quinina para tratar la malaria porque Elena de White había escrito en contra de la peligrosa y falsa práctica médica previa (tal como la terapia heroica).

William White recordó un episodio de cuando vivieron en Australia en la década de 1890, en el que su madre respondió a la trágica pregunta de un hombre que había perdido a su hijo mayor por la malaria. A causa del testimonio anterior de Elena de White en contra de la quinina, que era usada por los doctores sin base científica, el hombre se negó a permitir que su hijo fuera tratado con esta droga. “Cuando se encontró con la Hna. White le formuló esta pregunta: ‘¿Habría pecado yo al administrar quinina al muchacho cuando no tenía otro medio de controlar la malaria, y cuando sabía que moriría si no se la proporcionaba?’. Ella contestó: ‘No, porque se espera que hagamos lo mejor que podemos’”.[8]

En el contexto de la orientación de Dios, se nos anima a seguir los principios dados. En la cuestión de las nuevas vacunas contra la COVID-19, podría haber razones por las que alguien piense que es más sabio no recibirlas o decida recibir una versión en particular en vez de otras. Todas estas son cuestiones de decisión personal y no un asunto de mandatos divinos, ya sean dados en la Biblia o en los escritos de Elena de White.

Pensamientos finales

En esta breve reseña debiera observarse que dos enfermedades espantosas —la viruela y la poliomielitis— ya están erradicadas o casi eliminadas gracias a la vacunación. Al momento de escribir esto, la gran mayoría de los ciudadanos estadounidenses han recibido la vacuna (o las vacunas) contra la COVID-19. Los casos ahora están bajando, y hay esperanza de que se contenga la enfermedad. Varios millones de personas se han vacunado, con una incidencia de efectos colaterales muy baja. Es cierto que, siendo una vacuna nueva, podría haber efectos colaterales tardíos en algún momento futuro. El hecho de que se desconocen tales riesgos (en comparación con los millones de muertes y con los millones de personas con invalidez persistente por contraer el virus) nos anima a considerar muy seriamente recibir la vacuna.


Merlin D. Burt es doctor en Teología; se desempeña como profesor asociado de Historia de la Iglesia y como director del Centro para la Investigación Adventista en la Universidad Andrews, en Míchigan, EE. UU.


Referencias:

[1] William C. White a L. C. Kellogg, 5 de febrero de 1924, Q and A 34-E-2, Patrimonio Elena G. de White (PEGW), Silver Spring, Maryland.

[2] Dores Eugene Robinson, The Story of Our Health Message: The Origin, Character, and Development of Health Education in the Seventh-day Adventist Church (Nashville, Tennessee: Southern Publishing, 1955).

[3] Dores E. Robinson a A. C. Anderson. Archie, Missouri, 10 de febrero de 1915, PEGW.

[4] Dores E. Robinson a Clarence Hocker, 12 de junio de 1931, PEGW.

[5]Ibid.

[6] Dos ejemplos más: Carta de Leatha Coulston a su familia, 16 de abril de 1934, de Zhangjakou, Hebei, China: “Elmer amputó tres pies, vacunó a doscientos prisioneros y atendió a veintiún pacientes en la clínica“. Elmer F. Coulston Collection, Universidad de Loma Linda, Archivos y Colecciones Especiales; Solusi realizó un día de vacunación durante un brote, South African Missionary, 21 de septiembre de 1914.

[7]Arthur L. White a L. D. King, 13 de marzo de 1961, PEGW.

[8]William C. White a “Dear Sister”, 10 de septiembre de 1935, PEGW; véase también la nota al pie en MS 2:347, 348).

4 Respuestas

  1. Ariel

    Si la hermana white no escribió al respecto.no tenemos autoridad de inducir a las personas a vacunarse. Más bien ocuparnos por el virus del pecado.
    Mateo 10:28
    28 Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.
    Más bien predicamos al mundo la verdad presente.

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    • Horacio

      Estimados , el tema en esta nota es acercarnos una visión más amplia sobre el tema de las vacunas , no de la predicación !! Sin perjuicio de ello , una cosa no quita la otra . Por otro lado, siendo que el Señor se preocupa de nuestra salud integral , creo que ante el drama que nos toca vivir, el Señor puede estar acercándonos las vacunas como herramienta para protegernos de situaciones peores que quizá , y de este modo , podemos evitar …. un saludo afectuoso !

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      • Gabriela Arévalo

        Yo quiero decir q : si la Biblia es la Palabra de Dios , y en ella encontramos q el conocimiento …la sabiduría. ….y q El revela todos los misterios …..El es dueño de todo conocimiento en toda arte y ciencia….lo dice Daniel el profeta cuando habla con Nabucodonosor …por el sueño..
        La verdadera ciencia es y viene de Dios…..sin duda Dios da sabiduría y conocimiento a los médicos y científicos. ….y habrá muchos temerosos de Dios…..debemos confiar en Dios….

      • Yuraimus aza

        Estoy de acuerdo con la repuesta anterior soy profesional de la salud y adventista del séptimo día m,ya estoy vacuna con la vacuna rusa estoy de misión en Venezuela,después q todos los colaboradores se han vaciando los caso de covid entre nosotros han disminuido grandemente,conociendo a mis no creo q el no quiera eso ya q el desea q tengamos salud y va a usar cualquier medio para sanarnos siempre y cuando nosotros queramos

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