¿Cuál es la relación entre el cáncer y el consumo de carne?

La evidencia disponible nos indica que el nuevo tabaco del siglo XXI es la carne. Esto significa que el peso de los efectos carcinógenos del cigarrillo es ahora superado por los efectos carcinógenos de la carne procesada y las carnes rojas.

Los tumores malignos relacionados con una alimentación basada en carne incluyen el cáncer de vejiga, el cáncer de mama, el cáncer colorrectal, el cáncer de esófago, el cáncer renal, el cáncer de pulmón, el cáncer de páncreas, el cáncer de próstata, la leucemia y el linfoma no Hodgkin. Así, la Organización Mundial de la Salud estableció desde 2016 que las carnes procesadas, como embutidos, salchichas, tocino o salame, entre otros, son clasificados como carcinógenos 1A; y las carnes rojas, como carcinógenos 2A. 

Después de una revisión exhaustiva de la literatura científica acumulada, un grupo de trabajo de 22 expertos de diez países, convocados por el programa de monografías de la IARC (Agencia Internacional de Investigación del Cáncer), clasificó el consumo de carne roja como “probablemente carcinógeno para los humanos” (grupo 2A). Esta asociación se observó principalmente en relación con el cáncer colorrectal, pero también se han visto asociaciones con el cáncer de páncreas y el cáncer de próstata.

En este sentido, la carne procesada se clasificó como carcinógena para los humanos (grupo 1). Se estima que un kilo de carne asada puede tener benzopireno. Esto equivale a seiscientos cigarrillos. El benzopireno 1-Δ está vinculado con cáncer colorrectal y otros múltiples tumores. Las evidencias científicas que relacionan la carne con el cáncer son cada vez más abundantes; ya que se ven en estudios epidemiológicos y en la investigación básica y aplicada en diversas poblaciones.

Desde una perspectiva bíblica, la evidencia indicaría que la dieta original fue una alimentación integral, balanceada y basada en vegetales. El promedio de vida de los antediluvianos fue de 912 años, comparado con una caída estrepitosa a menos de 300 años después de la introducción circunstancial de la carne para los posdiluvianos, y entre 70 y 80 años en nuestro tiempo.

La comunidad adventista cuenta con evidencias reveladas desde hace casi 130 años. En 1896, Elena de White escribió: “Por la luz que Dios me ha dado, sé que la prevalencia de cáncer y tumores se debe mayormente a un sistema de vida vulgar sobre la base de carne” (Consejos sobre el régimen alimenticio, p. 432).

Los efectos de una alimentación con carne tal vez no se adviertan inmediatamente, pero esto no prueba que esa alimentación carezca de peligro. Pocos comprenden que la carne que han comido es lo que envenenó su sangre y causó sus dolencias. Muchos mueren de enfermedades debidas al uso de la carne, sin que nadie sospeche la verdadera causa de su muerte.

Un concepto de enormes implicaciones en salud pública escrito por la misma autora es: “El peligro de contraer una enfermedad aumenta diez veces al comer carne” (ibíd., p. 430).

Las buenas noticias

El cáncer es una enfermedad prevenible. El estilo de vida puede reducir hasta en un 40 % la incidencia y hasta en un 45 % la mortalidad por cáncer (fracción atribuible en la población debido a los factores modificables).

Estudios recientes muestran que este efecto protector no solo es para los tumores de novo (o espontáneos), sino también aun las personas con antecedentes de cáncer heredofamiliar pueden beneficiarse de la medicina del estilo de vida y reducir su riesgo individual. La buena noticia es que la misma dieta integral, balanceada y basada en vegetales que previene el cáncer es la que previene las enfermedades cardiovasculares y otras enfermedades crónicas.

Finalmente, todo lo que Dios diseñó para nosotros –el estilo de vida y la dieta en el cielo– proveerá el entorno de eternidad y salud plena, sin dolor, sin enfermedad y sin muerte. Salvación es un sinónimo de salud y sanidad.

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