Una meditación sobre el enriquecimiento espiritual a través de un personaje poco conocido.

Por Isaías Silva

Uno de los pasajes más llamativos, y escasamente citados en las Escrituras, es el del “discípulo desnudo”. ¿Cómo es eso? ¡Sí! ¡Así como lo lees! En el contexto del arresto nocturno de Jesucristo en el Getsemaní, el evangelista Marcos nos cuenta que todos los discípulos abandonaron a su Maestro arrestado. No obstante, hubo uno que permaneció más tiempo. A través de este personaje, desprenderemos algunas lecciones sobre nuestro discipulado. Pero antes, leamos del texto bíblico este episodio: “Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron. Pero cierto joven le seguía, cubierto el cuerpo con una sábana; y le prendieron; mas él, dejando la sábana, huyó desnudo” (Mar. 14:50-52).

Debemos reconocer que mucho se ha supuesto sobre la identidad de este joven. Algunos argumentan que fue el mismo autor (Marcos), dejando su modesto sello literario acerca de su participación en la detención de Jesús. Otros opinan que fue Juan, mientras que muchos otros se animan a pensar que se trataba de una alegoría del autor para representar lo que iba a pasar con Cristo. De todas maneras, nunca podremos estar seguros acerca de quién era. Pero lo que sí podemos hacer es extraer tres lecciones útiles para nuestra vida cristiana. ¡Comencemos!

Discípulos desnudos

El texto no nos aclara la razón por la que este hombre estaba semidesnudo. Pero podríamos inferir que tal vez se encontraba descansando y, al escuchar el alboroto de la multitud en medio de la noche, fue inmediatamente y se acercó a Jesús sin importar cómo estaba exteriormente, o la vergüenza que podría pasar frente a todos. ¡Admirable!

Ahora bien, trasladándolo a nuestros tiempos, también se nos pide lo mismo: buscar a Jesús tal cual somos. Necesitamos despojarnos de nuestras ropas de orgullo, porque “en la vida cristiana, la muerte al yo no es una opción sino una necesidad”.[1]

Además, existe una falsa creencia que sostiene que cuanto más jerarquía eclesiástica o experiencia religiosa tengamos más podremos acercarnos a Jesús. ¡Mentira! Puedes seguirlo tal cual eres, teniendo solo una sábana, o incluso nada. El reto es abrirle tu corazón y reconocerte ante él, sin autoengaños ni orgullo.

¿Cómo te encuentras hoy? Para construir un verdadero discipulado, primero hace falta una evaluación espiritual diaria y progresiva.

Discípulos nocturnos

En el texto, leemos que este joven “seguía” a Jesús. Tal vez este sea el verbo más fuerte y con una carga especial en el relato. A fin de cuentas, esto lo terminaría transformando en un discípulo.[2] Esto es un claro contraste con los otros discípulos que lo “dejaron” o abandonaron.

Un detalle para atender es que a este joven no le importó el clima ni la noche (el texto mismo nos da estos detalles; ver Mar. 14:30, 54; 15:1). Él lo siguió.

Nuestra vida está cargada muchas veces de “noches”. Pero es ahí donde tenemos que aferrarnos más a Jesús. No solo en el triunfo; también en los problemas. El discipulado no es disfrutar solamente los milagros que Dios hace en tu vida y en la de los demás; también tenemos que hacerlo si sufrimos persecución o desavenencias.

Pero ¿sabes algo? Lamentablemente, no podríamos tomar el cien por ciento del testimonio de este “joven desnudo” para nuestra espiritualidad. Porque, si bien marcó una diferencia sobre los otros al estar unos instantes más junto a su Maestro, terminó huyendo como los demás discípulos cuando lo prendieron y señalaron.

¡Qué triste! Todo lo “bonito” y constructivo que nos dejó este muchacho se terminó derrumbando, y se describe con una sola palabra, un verbo: “Huyó”. ¡Qué sabor amargo deja esa palabra!

Conclusión

Por desgracia, cuesta más ser un discípulo “de tiempo completo”. Muchos son cristianos “de unos instantes más”. Pero pocos permanecen firmes con Jesús. Por eso, es imprescindible plantearse si verdaderamente estamos con Jesús “toda la noche”; o si somos como los primeros discípulos, que lo abandonaron a la primera, o como el desnudo, que no aguantó ser prendido y menospreciado por otros.

Dios no necesita solamente nuestra “sábana”, que podría significar las cosas materiales que tenemos para darle. Él nos necesita a nosotros. Renunciemos a un cristianismo frío y materialista, y acerquémonos confiados, pero para permanecer por siempre.

Podríamos finalizar con las siguientes palabras de Elena de White: “El Señor requiere de nosotros que cumplamos los deberes de hoy, y soportemos sus pruebas. Hemos de velar hoy para no ofender ni en palabras ni en hechos. Debemos alabar y honrar a Dios hoy. Por el ejercicio de una fe viva hoy, hemos de vencer al enemigo. Debemos buscar a Dios hoy, y estar resueltos a no permanecer satisfechos sin su presencia. Debemos velar, obrar y orar como si este fuese el último día que se nos concede”.[3]


Referencias:

[1] Asociación Ministerial, Creencias de los Adventistas del Séptimo Día (Florida, Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2007), p. 152.

[2] El verbo “seguir” es usado frecuentemente para indicar la acción propia de un discípulo.

[3] Elena de White, Testimonios para la iglesia (Miami: APIA, 1998), t. 5, p. 186.

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