Mira a tu alrededor: ¿qué tipo de personas son las que te rodean?

Se denomina habitualmente pirañas a ciertos peces carnívoros u omnívoros de agua dulce que viven en los ríos de Sudamérica. Su presencia especialmente destaca en la Amazonia, el Orinoco, las Guayanas y el Paraguay. También habitan en la Argentina, Bolivia y el Perú. 

Las pirañas son conocidas por sus afilados dientes y su insaciable y agresivo apetito por la carne.

Estos peces cuentan con algunas características que son muy singulares:

  • Solamente comen carroña o animales malheridos. A los saludables los ignoran.
  • Atacan en cardúmenes, nunca solas.
  • Se vuelven locas por la sangre en el agua.

“Gente piraña”

Hoy te quiero contar que, en este camino de la vida, te encontrarás con muchas personas que tienen las mismas características que las pirañas. Llamaremos a estas personas “gente piraña”.

Valeria tiene catorce años. Es una niña hermosa pero tímida, que solamente quería tener buenos amigos. Sin embargo, cada vez que se equivocaba en algo en su salón de clases, sus “compañeros pirañas” se reían de ella y la ridiculizaban. Parecía que gozaban humillándola.

Así, Valeria comenzó a pensar que sus “compañeros pirañas” tenían razón, y empezó a odiarse a sí misma. Ellos nunca actuaban solos en las burlas; incluso los más burlones, cuando estaban a solas con ella, no eran capaces de mirarla a los ojos. Actuaban en masa exclusivamente.

Esos “compañeros pirañas” se volvían locos por ridiculizar a quien fuera que cometiera un error. Debido a eso, ya nadie hablaba cuando el profesor hacía alguna pregunta, por miedo a ese cardumen de pirañas humanas.

Valeria llegaba cada día a su casa destruida por dentro, herida y humillada por sus “compañeros pirañas”. Ella se sentía pequeña y desvalida. Su corazón se encontraba lleno de amargura y resentimiento. Poco tiempo después, comenzó a autoflagelarse. Nadie se daba cuenta de su angustia y su dolor. Se sentía sola en el mundo.

Sus padres tomaron cartas en el asunto, y la cambiaron de colegio. No todos los jóvenes tienen esa bendición, sino que muchos se sienten solos contra el mundo.

No te rindas

No. Nunca. Desahógate y cuenta lo que ocurre a tus padres, a algún profesor o a un amigo de confianza. No luches por tu cuenta, tómate de la mano de Dios y recuerda que él no declarará inocente al que te haga daño.

Tú vales muchísimo, nunca pienses lo contrario. Busca amigos de verdad, que te cuiden en el colegio y en todas partes. Los que te molestan siempre son cobardes. Son valientes únicamente cuando están en masa.

Debes contarlo, no luches solo(a). Esta lucha no debe ser solitaria, recuerda que las personas que te agreden son “gente piraña”, personas cobardes que tratan de cubrir sus miedos al dañar a otras personas. Tú eres hijo(a) de Dios y mereces exclusivamente lo mejor de este mundo. Recuerda esta promesa: “El que vive bajo la sombra protectora del Altísimo y Todopoderoso, dice al Señor: ‘Tú eres mi refugio, mi castillo, ¡mi Dios, en quien confío!’ Solo él puede librarte de trampas ocultas y plagas mortales, pues te cubrirá con sus alas, y bajo ellas estarás seguro” (Sal. 91:1-4).

Finalmente, joven, aléjate de todo aquello que te desvíe de tu propósito, que es servir a Dios, y recuerda el consejo bíblico: “Anda con sabios y te harás sabio; anda con brutos y te meterás en líos” (Prov. 13:20, PDT).


Lo que me sirvió a mí 

  1. Alejarme de los supuestos amigos manipuladores que te ponen en contra de otros.
  2. Apartarme de los expertos en malformar la realidad.
  3. Distanciarme de personas sin principios ni valores.
  4. Alejarme de personas que no tienen sueños ni propósitos en la vida.
  5. Separarme de personas que no me ayudan a crecer.
  6. Evitar a las personas que siempre te culpan de lo que sucede y se victimizan por todo.
  7. Apartarme de personas que se sienten atacadas si progreso.
  8. Rodearme de personas positivas, soñadoras y que me motiven.

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