La COVID-19, las elecciones en los EE.UU. y el Nuevo Orden Mundial.

Pocos adventistas tienen dudas de que estamos viviendo en el tiempo del fin. También existe un consenso generalizado acerca de cuáles son los principales actores proféticos en el mundo religioso y geopolítico. Los capítulos 12 a 14 del Apocalipsis, y ciertas secciones hasta el capítulo 18 dejan bien en claro que el dragón, las bestias que suben del mar y de la tierra, respectivamente, y Babilonia son esos grandes protagonistas que vinculan religión, poder político y dominio global, en una serie de alianzas que imponen globalmente los designios de la serpiente antigua, o Satanás.

Ahora, los mecanismos por los que estos poderes desempeñan su papel son algo más intrincados, sobre todo a la hora de establecerlos por anticipado. Por esta razón, muchos se sienten atraídos por internarse en los vericuetos oscuros de los pasillos del poder (cualquiera de los poderes mencionados), tratando de adivinar no solo quiénes ejecutarán esos movimientos proféticos, sino también cuándo sucederán los próximos pasos.

No está mal estar atentos a las señales de los tiempos. Jesús mismo nos indicó que velemos y oremos (ver Mat. 24; 25). Tampoco está mal repasar la historia mundial para ver cuál ha sido el modus operandi de Satanás y sus aliados terrenales. Pero algo muy distinto es tratar de anticipar esos próximos movimientos o eventos proféticos, especialmente cuando entramos en detalles que no son mencionados explícitamente en las profecías bíblicas o en los escritos de Elena de White. 

Por ejemplo, hace unos días recibí un video en el que no solo se presentaban hechos reales sobre dos de los grandes protagonistas del tiempo del fin (la bestia que surge del mar –o la Iglesia Católica– y la bestia que surge de la tierra –o los Estados Unidos), sino también se hacía referencia a ciertos mecanismos que supuestamente una élite mundial utilizaría para imponer el Nuevo Orden Mundial en 2021. Allí se mencionaba, por ejemplo, que la pandemia de la COVID-19 sería una orquestación por parte de la élite global para imponer su agenda.

Otro ejemplo ha sido el de las últimas elecciones presidenciales en los Estados Unidos. Muchos, mezclando su posición política con sus convicciones religiosas, atacaron a uno u otro candidato. Pero, incluso más: una vez declarado el ganador, muchos salieron a afirmar que este sería el presidente que cumpliría la profecía, ya sea por su filiación religiosa (es católico romano) o por sus convicciones morales (su apoyo indirecto al aborto, por ejemplo), que entrarían en conflicto con la moral bíblica. 

Ante todos estos vaticinios, haríamos bien en repasar nuestra historia. No olvidemos que muchos de los que están haciendo estos pronósticos ya han “errado” cuando afirmaron que la visita del papa Francisco al Congreso de los Estados Unidos era la mismísima antesala del fin y de la ley dominical. Y, aunque no hayan sido los mismos, sí fue la misma tendencia alarmista entre aquellos que anunciaron la llegada del fin porque un católico ocupó por primera vez el sillón presidencial de los Estados Unidos (J. F. Kennedy, quien llegó a la Casa Blanca hace justo sesenta años).

Tan peligroso como dormir en la tibieza laodicense es emitir vaticinios basados en fake news y teorías conspirativas. Esta última actitud tiene un grave desenlace: por cada persona que es “reavivada” por esta clase de mensajes alarmistas, otras diez son perjudicadas al no cumplirse los eventos predichos. Con respecto a cierto movimiento que promovió el año 1854 como la fecha de la Segunda Venida, Elena de White afirmó: 

“Algunas personas sinceras aceptaron la verdad juntamente con el error, y debido a eso sacrificaron gran parte de lo que poseían para promover el error, y después del chasco que sufrieron abandonaron tanto la verdad como el error, y actualmente se encuentran en una posición en la que es muy difícil alcanzarlos con la verdad. Algunos de los que soportaron el chasco han visto las evidencias de la verdad presente, han aceptado el mensaje del tercer ángel y han comenzado a ponerlo en práctica en su vida. Pero, por cada persona que creyó en la fecha de 1854, hay diez que fueron perjudicadas; y muchas de estas se encuentran en una posición en la que no podrán ser convencidas de la verdad, aunque les sea presentada con toda claridad” (Testimonios para la iglesia, t. 1, p. 362).

Seamos cautos y aprendamos del pasado.

Responder a Comentario

Tu correo electrónico no sera publicado.