EL PRÍNCIPE DEL PACTO

10 noviembre, 2020

Implicaciones del Gran Conflicto en Daniel 11.

Una serie de pugnas entre los poderosos de la Tierra con la intención de obtener el poder parece ser el eje central de Daniel 11. Allí se mencionan los reyes del norte y los reyes del sur en muchas ocasiones. 

De hecho, la palabra hebrea para rey (mélej) aparece 19 veces en todo el capítulo. Junto con esto, se habla mucho de las luchas por el dominio y se usan algunas palabras en varias ocasiones para mostrar las acciones de estos reyes. La lucha por el reino o dominio (heb. malkut) se repite en ocho ocasiones; palabras como ser fuerte (heb. jazaq), siete veces; fortaleza (heb. ma‘oz), siete veces; y fuerza (heb. jáil), seis veces. Todas estas palabas denotan los medios utilizados para ganar el poder y el dominio; a saber, medios humanos.

Sin embargo, en todo el capítulo se hace referencia a un personaje por una sola vez; me refiero a un príncipe (heb. naguid), en Daniel 11:22. Aunque en Daniel 11:5 se menciona a “príncipes”, no se usa la misma palabra hebrea. Así, Daniel 11:22 define la aparición del Príncipe del Pacto en medio de la lucha de los poderes terrenales por el dominio. 

El pacto al cual está conectado el príncipe de Daniel 11:22 aparece en otras ocasiones en este capítulo; a saber, aparece cuatro veces más en Daniel 11, y se conecta siempre con el pacto entre Dios y su pueblo. 

Así, en Daniel 11:28 se dice que uno de aquellos reyes irá contra el Pacto Santo. Por su parte, en Daniel 11:30 se menciona dos veces el Pacto Santo; y al parecer, el mismo poder actuará contra el Pacto Santo, e incluso estará en favor de aquellos que abandonen este pacto. Finalmente, en Daniel 11:32 se dice que este se ganará el favor de los que están en contra del Pacto, mientras que “el pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará”.

Este último versículo permite descifrar a qué pacto se refiere el texto de Daniel 11. El “pacto santo” es aquel que es sostenido por el pueblo de Dios. En medio de los ataques contra el Santuario, contra el Continuo, y el establecimiento de la abominación desoladora (11:31), el pueblo que conoce a Dios se mantendrá fuerte. El pueblo de Dios sufre persecución de parte de este poder inicuo, y muchos “caerán a espada y a fuego, en cautividad y despojo” (Dan. 11:33). 

Estas descripciones se asemejan a los ataques del cuerno pequeño de Daniel 7:25 y 8:13. En ambos casos, el mismo poder representado por un cuerno pequeño ataca a las mismas entidades. Por lo tanto, se puede declarar que el Pacto Santo hace referencia al Pacto entre Dios y el hombre, cuyo corazón es el Decálogo. Así, el pueblo de Dios es aquel que está comprometido con la obediencia a Dios en los términos establecidos por los Diez Mandamientos, tal como se puede ver en el establecimiento del Pacto entre Dios y su pueblo en el Sinaí (Éxo. 19-20).

Ahora bien, aunque Daniel 11 describe las luchas de los poderes terrenales por el dominio, los personajes centrales son el Príncipe del Pacto y su pueblo, que se mantiene fiel al Pacto aun en medio de las condiciones desfavorables que le toca enfrentar. 

Así, se puede notar que el sufrimiento del pueblo de Dios, mencionado en Daniel 11:32 y 33, a causa del Pacto, tiene un término, a saber, hasta el tiempo del fin, período que se extiende a un momento posterior a 1798 y se conecta con el fin de las 2.300 tardes y mañanas (Dan. 8:17; 12:4, 9). 

Sin embargo, hay un tiempo de persecución posterior a estos períodos proféticos (Dan. 11:44), que se describe en Daniel 12:1 como un tiempo de angustia. Es en ese tiempo de angustia cuando aparece el Príncipe del Pacto. Aquel que había sido aparentemente derrotado aparece para liberar a su pueblo, que está en una angustia cual nunca ha habido sobre la Tierra. 

El Príncipe ahora viene victorioso. Aquel que venció a la muerte vuelve ahora a la vida a quienes guardaron el Pacto y cayeron a espada. Seamos de aquellos que guardan el pacto santo, sin importar las consecuencias de la fidelidad a Dios. 

Finalmente Miguel, el Príncipe del Pacto, el Mesías Príncipe, nuestro Redentor, nos dará la victoria, así como él ha vencido.

¡Maranata! 

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