“Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es, y que era, y que ha de venir; y de los siete espíritus que están delante de su trono” (Apoc. 1:4).

¿Quiénes son los siete espíritus de Dios que están ante su Trono celestial? El consenso se inclina en favor del Espíritu Santo; sobre todo, en vista de algunas conexiones intertextuales (Isa. 11:2). ¿Podría además, y en armonía con el uso polivalente de palabras e imágenes típico de Juan, concurrir en dicha expresión algún otro matiz de significado?

  Pneuma, la palabra griega traducida como “espíritu”, se usa en el Nuevo Testamento, incluyendo Apocalipsis, con una variedad de significados, como designación de diversas realidades y personas: el viento (Juan 3:8); seres humanos (1 Cor. 12:10); ángeles (Heb. 1:7); el estado o la condición de un profeta mientras recibe una visión (Apoc. 1:10); el hálito de vida (Juan 19:30); la dimensión afectiva y emocional del ser humano (Juan 11:33); la Persona divina del Espíritu Santo (Juan 7:39).

Puesto que el Antiguo Testamento es la principal fuente literaria del Apocalipsis, es allí donde deberían buscarse naturalmente y en primer lugar los antecedentes de la visión del Trono celestial registrada por Juan.

A diferencia de Dios, quien fue visto por Juan sentadoen el Trono (Apoc. 4:2, 3), y del Cordero divino-humano, Jesucristo, de pie en medio del Trono (Apoc. 5:6), los siete espíritus están ante el Trono, expresión esta que suele implicar en la Biblia una relación de subordinación –humana o angélica– respecto de una autoridad divina o humana (2 Crón. 18:18, 20).

¿Cómo se explicaría la participación de “los siete espíritus” en la salutación “gracia y paz a vosotros”, dirigida por “el que es y que era y que ha de venir”, originalmente para los cristianos de Asia? Dicha fórmula de saludo epistolar aparece quince veces en el Nuevo Testamento,1 siempre de parte del Padre y de Jesucristo, lo cual no implica, por otra parte, que el Espíritu no sea parte de la Deidad trina, de lo cual da amplio testimonio la Biblia toda. En ese sentido, el hecho de que “los siete espíritus” sean partícipes de la salutación divina no implicaría de por sí que son parte de la Deidad (Apoc. 3:1; 14:10).

En Apocalipsis 4:5, los siete espíritus están representados como lámparas de fuego que arden. El Salmo 104:4 (aplicado a los ángeles en Heb. 1:7) expresa: “El que hace a los vientos (del hebreo ruhot, el equivalente del griego pneuma) sus mensajeros (del hebreo mal´ak, que significa “ángel”), y a las flamas de fuego sus ministros”.

Si lo dicho hasta aquí es correcto, la asociación entre los ángeles ministradores, la luz y el fuego resultaría una alusión notable a Isaías 6:2 y 6, donde se retrata a Dios sentado en su Trono y asistido por una categoría de seres angélicos llamados serafines (literalmente: “ardientes”), ya sea por su aspecto refulgente o por el fervor con que lo sirven. Ezequiel 1 también contempló el Trono celestial y, aparentemente, a los cuatro “seres vivientes” descritos por Juan en Apocalipsis 4.

Por último, Apoc. 5:6 dice que estos siete espíritus son enviados a recorrer la Tierra; aparentemente como los ojos metafóricos del Cordero (también siete), a semejanza de las siete lámparas del candelabro de la visión de Zacarías 4:2, explicadas allí precisamente como una representación de “los ojos de Jehová que recorren toda la tierra” (Zac. 4: 10).

Así, el artículo definido en la expresión “los siete espíritus de Dios” implicaría un énfasis en la identidad de ellos y sugiere que se trata de seres con los cuales al menos Juan estaba contextual o narrativamente familiarizado, tal vez por el simple hecho de que describía algo que había visto antes.

Entonces, el artículo “los” como parte de la expresión “los siete” también implica una distinción entre los ángeles en general (muchos más que siete, según Apocalipsis) en virtud de un protagonismo destacado de ese septeto. De ser así, los siete espíritus ministradores, o ángeles, que están delante del Trono podrían ser los mismos que luego aparecen cumpliendo solemnes misiones en lugares clave del Apocalipsis (caps. 8; 9; 11:15-19; 15; 16; 10:3, 4). RA

Referencias

1 Rom. 1:7; 1 Cor. 1:3; 2 Cor. 1:2; Gál. 1:3; Efe. 1:2; Fil. 1:2; Col. 1:2; 1 Tes. 1:1; 2 Tes. 1:2; 1 Tim. 1:2; 2 Tim. 1:2; Tito 1:4; File. 1:3; 2 Ped. 1:2; 2 Juan 1:3.

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