Una reflexión sobre la importancia de tener hábitos correctos para dormir.

Aunque nos parezca extraño, el descanso es uno de los tres pilares fundamentales de la salud, junto con el ejercicio y la dieta equilibrada. Dormir correctamente protege nuestra salud. Obesidad, enfermedades cardiovasculares, inmunodepresión, alteración de la memoria, trastornos psicosociales y diabetes tipo II son algunas de las enfermedades que se asocian a una mala calidad de sueño.

Hay varios elementos que deben estudiarse al hablar de sueño.

1-La hora de acostarse: El cuerpo humano está diseñado para acostarse respetando el ciclo diario de día y noche determinado por el Sol. Al bajar el Sol se libera la hormona melatonina, que induce el sueño y trae múltiples beneficios para nuestra salud. Hoy se sabe que la melatonina es uno de los antioxidantes más poderosos, y que también mejora nuestra inmunidad, colabora para organizar el ciclo hormonal en la mujer, disminuye la depresión; y estas son solo algunas de sus múltiples funciones.

Sin embargo, en la sociedad moderna en que vivimos, con la luz artificial se atrasa la hora de liberación de melatonina, con lo que se pierde gran parte de sus beneficios. Los televisores, los teléfonos celulares o las computadoras, aun usándolos en una habitación oscura, también entorpecen la liberación de melatonina. Para aquel que vive en la ciudad es muy difícil acostarse temprano, cuando todo el movimiento de la calle y de los vecinos no favorece el sueño, pero debemos evitar ser nosotros los que robemos horas de sueño a nuestro cuerpo solamente por distraernos con la tecnología.

2-El tiempo de sueño: La edad determina cuánto tiempo necesitamos dormir. Un niño o un adolescente requieren muchas más horas de sueño que una persona de la tercera edad. Se recomienda que los niños en edad escolar duerman de nueve a once horas por día. Los adolescentes, entre ocho y diez horas. Los adultos, entre siete y nueve horas. Y los ancianos, entre siete y ocho horas. La cantidad de horas se relaciona con la salud. Mientras dormimos, nuestro organismo está trabajando para reparar lo que se dañó durante el día y para organizar lo necesario para la próxima jornada. Los niños que duermen menos de lo recomendado tienen más dificultades en el aprendizaje y en el comportamiento. Un adulto que resta periódicamente horas de sueño a su vida está favoreciendo múltiples enfermedades, que ya han sido mencionadas.

3- Los elementos que favorecen o afectan el sueño: Las bebidas que contienen cafeína, como el café o el mate, afectan el sueño, y mucho más cuando se las ingiere a la tarde o a la noche. Las bebidas alcohólicas también alteran el sueño. Organizar lo cotidiano para que no perdamos la oportunidad de hacer ejercicio, de buscar momentos de relax, de crear el clima necesario en la familia para favorecer ese tiempo valioso, el tiempo del sueño, nos ayuda a mejorar nuestra calidad de vida. Es momento de organizar nuestra vida incluyendo el sueño dentro de nuestros planes. Es la tercera parte del tiempo que vivimos desde que nacimos hasta ahora.

A raíz de esto, no todas las personas pueden dormir correctamente, aun cumpliendo con todo lo que ayude a dormir mejor. Si no podemos dormir, o significa que no tengamos fe en Dios o que estemos mal espiritualmente. Hay momentos en que tenemos que recurrir a un profesional con el propósito de que nos indique la medicación correcta. No es lo ideal tomar un fármaco para dormir, pero es mucho más nocivo y peligroso no dormir.

El rey David escribió: “Por las noches, ya acostado, te recuerdo y pienso en ti”. ¿En qué pensamos antes de dormirnos? ¿Qué estamos viendo antes de cerrar nuestros ojos? “Pues tú eres quien me ayuda. ¡Soy feliz bajo tus alas!” (Sal. 63:6, 7, DHH). Oremos a Dios para que cada noche él sea nuestro pensamiento, deseo y refugio.

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