Un superpoder contra la depresión y la ansiedad.

Una reciente investigación sobre los efectos antidepresivos del altruismo y del servicio a otros me llamó la atención. Los investigadores proponían a pacientes en tratamiento dedicar treinta minutos a ayudar en la puerta de supermercados a personas ancianas, discapacitadas, o simplemente que pudieran beneficiarse por su colaboración cargando cajas, acompañando a los vehículos o llevando un paraguas.

Los resultados fueron contundentes: una amplia mayoría resultó beneficiada, disminuyendo sus síntomas y mejorando sustancialmente su autopercepción, energía y motivación. Además, mejoraron los efectos de los fármacos y/o psicoterapia en curso. 

La actividad física, el sueño reparador, la alimentación balanceada, tanto como el sostén social y espiritual, son factores que fueron suficientemente demostrados como colaboradores con la psicoterapia y/o la farmacoterapia de pacientes de todas las edades y contextos. La novedad en los estudios de esta última década es la consistente demostración de que los actos de bondad, generosidad, altruismo y servicio son igual de beneficiosos para el individuo que ha dejado de ver los colores brillantes de la vida.

Los que trabajamos con pacientes y familiares de quienes atraviesan este complejo y difícil camino, sabemos lo difícil que es iniciar la acción cuando la tristeza, o incluso la ausencia de emociones y sentimientos, tiñen la vida. El desafío más difícil es accionar a pesar de la ausencia de ganas. Por eso es tan importante “psicoeducar” sobre la importancia de tomar el primer paso, el cual debe ser accesible, progresivo y exitoso.

La bondad y los actos de generosidad desinteresados, así como el asumirnos servidores en procura del crecimiento de los demás, son conceptos a usar y a desarrollar más en nuestras vidas, hogares, escuelas y tantos otros ámbitos.

Alguno se preguntará: “¿Es posible practicar la bondad o la generosidad solo con el objeto de mejorar mi depresión?, ¿no es eso una señal de egoísmo?” Y aunque así fuera, parece difícil que una persona naturalmente egocéntrica pueda genuinamente beneficiarse. ¿Podemos ser buenos “artificialmente”? La evidencia parece responder que sí; pero no solo queda allí, sino que esa conducta empieza a moldear actitudes y hábitos que luego generan el deseo por el “bienhacer”.

Nuestros cerebros están “cableados” para reconocer y responder a la amabilidad, a la simpatía y al cariño. Los bebés demuestran un mayor desarrollo neuronal cuando son tratados con amor y cuando son capaces de retribuir ese afecto a su manera.

¿Estaremos poniendo tanto énfasis en ser servidos en vez de servir?; ¿en asegurarnos de que los demás sean buenos y justos con nosotros, en vez de asegurarnos de que nosotros lo seamos? Quizás el temor por las inseguridades que nos rodean nos ha habituado a vivir más encerrados en nuestras casas, en nuestras propias vidas, en nuestros propios problemas, y nos hemos vuelto menos entusiasmados y menos efectivos en la ayuda al prójimo.

El “no te metas” ha hecho estragos en una sociedad con violencia doméstica o abuso sexual de menores. Con la excusa de respetar la privacidad, no elevamos la voz frente a los abusos y las injusticias. El “algo habrá hecho…” también ha provocado que nos sintamos cómodos frente al sufrimiento de otros.

Si los investigadores han demostrado que estos sencillos actos de bondad son tan beneficiosos para personas sufrientes que afrontan trastornos del humor, imaginemos el poderoso efecto fortalecedor y preventivo en los que no presentan estos trastornos. Imaginemos a nuestras familias, nuestros niños y comunidades realizando acciones de cuidado de la salud mental que involucren hacer el bien de forma práctica, concreta y cotidiana.

En este nuevo año que comienza, propongámonos fortalecer nuestra mente así como combatir la tristeza y la ansiedad a través de actos de bondad. Las posibilidades son infinitas en el momento en que realmente decidimos realizarlo. Como si fuera un ejercicio regular, pensemos de forma individual o grupal cómo ayudar a otros. Hagámoslo por ellos, y también por nosotros. Somos parte del mismo plan divino que nos hizo hermanos.

Por mi lado, apreciado lector, quiero ponerme a disposición para poder tratar temas que te interesen. Puedes escribirme a esta dirección de correo con preguntas o temas que te interesen que se traten en las columnas de bienestar emocional en este año. Es mi deseo ser de utilidad en lo que pueda hacer por tu salud mental. ¡Por un 2020 de crecimiento!

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