Nuevo año y nuevos columnistas. Damos la bienvenida a los esposos Boskamp, quienes nos acompañarán en este año con esta sección.


¿Te has quedado sin celular o servicio de Internet por un tiempo prolongado? Hace algunas semanas cambiamos de proveedor de Internet, lo que implicó pasar varios días sin servicio en casa. Para nuestra sorpresa, este percance nos permitió retomar hobbies, centrar nuestra atención en otro tipo de actividades, e incluso, ver nacer nuevos proyectos e ideas creativas. Esta anécdota nos permitió reflexionar sobre el uso del tiempo, de la tecnología y su impacto en nuestros vínculos familiares. Una reflexión que puede ser pertinente para este período del año asociado a las vacaciones.

Diferentes estadísticas arrojan resultados alarmantes sobre el nivel de dependencia que tenemos de las nuevas tecnologías y la cantidad de tiempo que empleamos en ellas. Por ejemplo, en Argentina, cinco de cada diez adolescentes pasan doce horas al día con el teléfono en la mano. Otra estimación estipula que los ciudadanos latinoamericanos pasan entre treinta y cuarenta horas por semana conectados a Internet desde sus teléfonos portátiles. Si bien es cierto que en adultos una buena parte de ese tiempo se vincula con actividades laborales, también es evidente que la línea divisoria entre la vida laboral y la personal se ha hecho cada vez más difusa.

Por otra parte, el uso inadecuado de la tecnología también está asociado a nuestra salud. Según la Organización Mundial de la Salud, una de cada cuatro personas sufre trastornos de conducta vinculados con las nuevas tecnologías. En niños, el uso excesivo de pantallas se asocia a “trastornos en el sueño, sedentarismo, obesidad, problemas físicos (alteraciones visuales, contracturas musculares, tendinitis), depresión, ansiedad, trastornos vinculares, y puede afectar tanto su desarrollo cognitivo, como emocional y social”.[1] Sin dejar de mencionar que las nuevas tecnologías pueden producir adicción.

Como consecuencia de todo esto, los vínculos familiares pueden verse profundamente afectados, hallándose comprometida la cantidad y la calidad del tiempo que los miembros de la familia pasan juntos. Esto implica una disminución del contacto directo con familiares y amigos, y problemas crecientes en la comunicación.

Ante esta realidad, es importante que como familia evaluemos nuestra dinámica familiar y el espacio que estamos dándole a la tecnología en sus diferentes formatos. La Biblia nos aconseja que debemos emplear de manera sabia nuestro tiempo (Efe. 5:16; Col 4:5; Ecl. 12:1) y que todo lo que hagamos debe ser para la gloria de Dios (Col. 3:17). De este modo, los cristianos no podemos ser ajenos a los problemas que suscita el uso excesivo o inadecuado de la tecnología.

¿Qué podríamos hacer para evitar que un uso inadecuado de la tecnología afecte nuestra vida familiar? A continuación, compartimos algunos consejos que pueden ser útiles:

  • Los especialistas aconsejan que los niños menores a dos años no deberían estar expuestos a las pantallas, y que el máximo recomendable para niños entre los dos y los cinco años es de una hora al día con supervisión.
  • Aprender a disfrutar de la vida en “vivo”, proponiendo actividades alternativas al uso de las tecnologías. Por ejemplo: juegos tradicionales, salidas al aire libre, deportes, visitas a la casa de un amigo, entre otros.
  • Establecer normas claras en cuanto al uso de la tecnología. Por ejemplo, acordar el contenido, el horario, el tiempo, el espacio físico y el modo de uso de los dispositivos.
  • Procurar como adultos ser un modelo en el uso regulado de la tecnología.
  • Supervisar regularmente cómo los menores están empleando la tecnología.
  • Apagar por las noches los dispositivos y cargarlos en lugares compartidos del hogar, a fin de favorecer el buen descanso.
  • Practicar una vida devocional sin el empleo de la tecnología, o bien cerciorarse de que esta no interfiera en la calidad de nuestra comunión con Dios.
  • La observancia del sábado debería implicar un uso diferenciado de la tecnología.
  • Conversar como familia sobre el tema, y proponer nuevas ideas para mejorar los vínculos familiares.

Una paradoja de los tiempos modernos es que para estar “conectados”, como familia necesitamos estar más “desconectados” de la tecnología. Aprovechemos estas vacaciones para conectarnos como familia y ensayar una vida menos dependiente de las nuevas tecnologías.


Referencias:

[1] “Alerta pantallas: preocupación por los chicos y las nuevas tecnologías”, Perfil, 10 de octubre de 2019. https://noticias.perfil.com/noticias/ciencia/2019-10-10-alerta-pantallas-preocupacion-por-los-chicos-y-las-nuevas-tecnologias.phtml (Consultado el 10 de diciembre de 2019).


Karl Boskamp, profesor de Teología en la Universidad Adventista del Plata, Argentina.

Valeria Flores, psicopedagoga institucional en el Instituto Adventista del Plata.

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