El surgimiento de la obra adventista en el territorio de la División Sudamericana (DSA) tiene una historia emocionante. Todo comenzó en 1890, cuando Jorge Riffel llegó a la Argentina como misionero de sostén propio. Él había inmigrado a ese país por primera vez en 1880, pero como tuvo dificultades con la agricultura, decidió mudarse con su familia a los Estados Unidos. Allí, en 1888, conoció el mensaje adventista y fue bautizado.

Un año antes, en 1887, un grupo de inmigrantes alemanes que había huido a Rusia vino de la región del Volga para emprender su vida en Argentina. Entre ellos, estaban Reinhard Hetze y su familia.

La historia del encuentro de estas dos familias fue el punto de partida para el inicio de la obra adventista en Argentina y en Sudamérica. Después de su bautismo, Jorge Riffel comenzó a enviar literatura adventista a Reinhard Hetze, lo que despertó su interés por el mensaje. Viendo un ambiente positivo para compartir su fe, Riffel decidió regresar a la Argentina para alcanzar a los demás inmigrantes alemanes en la provincia de Entre Ríos.

Un viernes, entre el final de mayo y el comienzo de junio de 1890, Jorge Riffel llegó con su familia al puerto de Diamante. Reinhard Hetze lo buscó, ansioso por saber más sobre la Biblia. El viaje duró lo suficiente para estudiar sobre Cristo y el sábado, y para que Hetze tomara su decisión. Al llegar a Barranca Blanca, Riffel y Hetze recibieron juntos el sábado.

No pasó mucho tiempo para que unas sesenta personas se reunieran en casa de Hetze para estudiar la Biblia, en lo que fue la primera reunión adventista y el primer programa de evangelismo en nuestro territorio. Poco tiempo después, Hetze fue bautizado, seguido por su familia y otros conversos. El entusiasmo era tanto que se reunían todas las noches, realizaban largos programas llenos de oraciones, himnos y estudio de la Biblia. Aun con una fuerte oposición, no se desanimaron. Poco después se mudaron a otra región cerca de allí, hoy conocida como Aldea Jacobi, e intensificaron el trabajo. Riffel y Hetze predicaban tres o cuatro sermones por día.

En la misma época, la Administración de la iglesia, en Battle Creek, comenzó a recibir cartas de Argentina que contaban sobre los resultados del trabajo. Viendo las posibilidades de crecimiento en esa región, decidieron destinar la segunda ofrenda mundial de la Escuela Sabática, recogida a finales de 1890, para el comienzo de la obra adventista en lo que llamaron la “Misión Sudamericana”. Así, enviaron a Francisco Westphal, el primer pastor en el territorio de Sudamérica, para apoyar el trabajo, que avanzaba rápidamente. Desprevenido para las bajas temperaturas del invierno argentino, encontró a los nuevos fieles el 27 de agosto de 1894. Esa misma noche ya realizaron la primera reunión. Westphal presentó un mensaje y despidió al pueblo. Estaba cansado del viaje y necesitaba abrigarse del frío, porque no se sentía bien. Pero todos querían más, y pidieron que predicara de nuevo; y aun quisieron oírlo una tercera vez. Recién se fueron alrededor de la una de la mañana.

Días después, el 9 de septiembre de 1894, el pastor Westphal organizó nuestra primera iglesia, en la región donde hoy está Aldea Jacobi, cerca del área rural de Crespo, donde está la iglesia actual.

Cincuenta años después del Gran Chasco, el movimiento que parecía estar acabado se expandió hacia el sur de América. Hace poco celebramos los 125 años desde que aquella pequeña iglesia se organizó, con 36 miembros, paredes de barro y techo de paja. Esta “iglesia madre” dio origen a las 28.341 congregaciones que tenemos hoy. El único pastor se multiplicó en 4.823 ministros. Los primeros 36 miembros se transformaron en 2.523.015 adventistas. Solamente en los últimos 50 años, nuestro número de miembros creció 10 veces más que la población sudamericana.

¡Nuestra historia es emocionante! Buscamos la eternidad, pero siempre aprendiendo de nuestra historia, de la dedicación de los pioneros, de su confianza en la dirección divina, de la profundidad bíblica y del intenso foco en cumplir la misión. Por eso, el equipo de la DSA fue a Crespo, donde participamos de un culto de acción de gracias por los 125 años de nuestra primera iglesia. Tuve el privilegio de presentar un mensaje bíblico y de bautizar a Amalia y a Carmen. Luego, nuestro equipo se extendió por toda Argentina para participar de 1.000 campañas de evangelismo. Celebramos nuestro comienzo preparando a más personas para el final de la historia.

Vivimos otros tiempos y con nuevos desafíos, pero podemos seguir adelante con la certeza de que “no tenemos nada que temer del futuro, a menos que olvidemos la manera en que el Señor nos ha conducido, y lo que nos ha enseñado en nuestra historia pasada” (Elena de White, Notas biográficas, p. 193). RA

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