Un paralelismo entre José y Sansón

Por Samuel Saito Roncal.

Seguramente recuerdas a José y a Sansón. Son historias con muchas similitudes, pero con un final totalmente diferente.

Por ejemplo, ambos fueron resultado del milagro de la vida. Ambos tuvieron padres temerosos de Dios. Ambos tuvieron un propósito que cumplir en esta tierra. Ambos fueron educados en el temor de Dios. Ambos vivieron y recibieron todo para vivir con seguridad en esta tierra. Ambos tuvieron que salir de casa un día. Ambos, siendo jóvenes, fueron llamados por Dios. Ambos, en algún momento, confirmaron la presencia de Dios en su vida. Y podríamos seguir extrayendo mas similitudes.

La pregunta de fondo es: si ambos tuvieron una vida similar, ¿por qué tuvieron un final diferente? José fue gobernador de Egipto, Sansón fue gobernado por sus pasiones. José fue intérprete de sueños de otras personas, Sansón fue “anestesiado” en sueños en manos de una prostituta. José logró establecer una familia y dejó una herencia, Sansón no formó una familia y no dejó herederos. José terminó sus días educando a sus hijos, nietos y bisnietos; Sansón terminó siendo una triste experiencia para muchos. José era el motivo de alegría de su padre, Sansón se convirtió en el motivo de preocupación de sus padres. Aunque José fue declarado muerto, su padre aguardaba encontrarlo vivo; aunque Sansón estaba vivo, era como muerto para sus padres (perdió su propósito existencial). José fue un vivo testimonio de Dios, Sansón y su Dios fueron motivo de burla para los demás. José se convirtió en bendición para todo un país y su familia, Sansón detuvo la bendición de Dios para su familia y país.

Ahora pensemos un momento: ¿quién tuvo más ventaja o justificación para perderse o lograr éxito? ¿José o Sansón?

José, a temprana edad, quedó huérfano de madre. Fue vendido como esclavo y declarado muerto por sus propios hermanos. Fue llevado como esclavo a tierras extrañas. Además de olvidado por sus hermanos, fue maltratado por personas ajenas a su familia. Fue tratado de forma injusta y terminó en la cárcel sin haber cometido delito alguno. De hijo pasó a ser esclavo, y no como consecuencia de sus actos, sino porque así lo permitió Dios.

En cambio, Sansón tuvo todo el tiempo de su vida un ambiente familiar que favoreció su consagración. Él sabía desde niño que había sido separado por Dios. Su cabellera era la demostración eterna de que su vida pertenecía a Dios. Era consiente de que su fuerza era el resultado del poder del Espíritu de Jehová (el Espíritu Santo). Fue reconocido como un líder libertador de su pueblo frente a los filisteos, lo que reconfirmaba su propósito existencial en esta tierra.

Una vez más te pregunto: ¿quién tuvo más ventaja o justificación para perderse o lograr éxito? ¿José o Sansón? Entonces, ¿qué pasó? ¿Por qué los finales de José y Sansón fueron diferentes? ¿Por qué uno, al morir, fue enterrado con honores de ministro de Estado y otro como un vil esclavo? Y aunque sabemos que Sansón se arrepintió en el umbral de su vida, no deja de ser una lección de advertencia importante para cada uno de nosotros. Por ello, permíteme extraer al menos cinco lecciones prácticas de ambos personajes:

TIEMPO: Lo que hagas cada día de tu vida alimentará el tipo de muerte que tendrás.

SALIR: Un día, tarde o temprano, tu hijo o tú, joven, que estás leyendo, tendrás que salir de casa. Cuando llegue ese día, que sea para triunfar y no para ser de vergüenza para los demás, aunque la injusticia sea pasajera. Confía, Dios es justo.

VER, SENTIR, TOCAR: Si tus sentidos están sometidos a Dios, entonces ellos serán un motivo de testimonio de su poder (como José). Si tus sentidos están sometidos a las pasiones humanas, entonces serán el inicio de un camino de fracaso (como Sansón). Es aquí cuando el consejo de Elena de White es contundente: “Tenemos algo que hacer para resistir la tentación. Los que no quieren ser víctimas de los ardides de Satanás deben custodiar cuidadosamente las avenidas del alma; deben abstenerse de leer, ver u oír todo lo que sugiera pensamientos impuros. No se debe dejar que la mente se espacie al azar en todos los temas que sugiera el adversario de las almas” (Patriarcas y profetas [PP], p. 492).

DILIGENCIA: La diligencia y la inteligencia son hermanas y la tienen de madre a la SABIDURÍA. Y la sabiduría es un don de Dios. Santiago 1:5 dice: “Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada”.

CARÁCTER: ¿Qué se dice del carácter de Sansón?

Físicamente, Sansón fue el hombre más fuerte de la tierra; pero en lo que respecta al dominio de sí mismo, la integridad y la firmeza, fue uno de los más débiles. Muchos consideran erróneamente las pasiones fuertes como equivalente de un carácter fuerte; pero lo cierto es que el que se deja dominar por sus pasiones es un hombre débil. La verdadera grandeza de un hombre se mide por el poder de las emociones que él domina, y no por las que le dominan a él.

(PP 612).

Ahora ¿Qué se dice del carácter de José?

¿Cómo pudo José dar tal ejemplo de firmeza de carácter, rectitud y sabiduría? En sus primeros años había seguido el deber antes que su inclinación; y la integridad, la confianza sencilla y la disposición noble del joven fructificaron en las acciones del hombre. Una vida sencilla y pura había favorecido el desarrollo vigoroso de las facultades tanto físicas como intelectuales. La comunión con Dios mediante sus obras y la contemplación de las grandes verdades contadas a los herederos de la fe habían elevado y ennoblecido su naturaleza espiritual, al ampliar y fortalecer su mente como ningún otro estudio pudo haberl o hecho. La atención fiel al deber en toda posición, desde la más baja hasta la más elevada, había educado todas sus facultades para el más alto servicio. El que vive de acuerdo con la voluntad del Creador se asegura el desarrollo más positivo y noble de su carácter. «El temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia» (Job 28:28).

(PP 223).

Mas adelante, la misma autora reafirma:

Un carácter recto es de mucho más valor que el oro de Ofir. Sin él nadie puede elevarse a un cargo honorable. Pero el carácter no se hereda. No se puede comprar. La excelencia moral y las buenas cualidades mentales no son el resultado de la casualidad. Los dones más preciosos carecen de valor a menos que sean aprovechados. La formación de un carácter noble es la obra de toda una vida, y debe ser el resultado de un esfuerzo diligente y perseverante. Dios da las oportunida¬des; el éxito depende del uso que se haga de ellas.

(PP 224).

Finalmente, y en relación al planteamiento inicial: ¿Éxito y carácter aprobado son sinónimos en el diccionario divino? O, para resumir el camino hacia la eternidad, ¿qué es lo único que llevaremos al cielo? Una vez mas Elena de White nos ayuda a responder esta importante inquietud:

No tenemos más que un tiempo de prueba para formar el carácter; y nuestro destino depende del tipo de carácter que formamos. Los que han formado caracteres que llevan el molde celestial por la gracia de Cristo en la tierra serán madurados, por medio de la influencia benigna del Espíritu Santo, para obtener la recompensa eterna. Llegan a ser partícipes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo por la concupiscencia. Advertir que nuestro carácter es semejante al de Cristo despierta el canto de alabanza y de acción de gracias. Los que aprecian la bondad, la misericordia y el amor de Cristo y al contemplarlo se transforman según su imagen serán partícipes de la vida eterna. Los atributos de su carácter son como los de Cristo, y no pueden dejar de obtener el descanso que aún resta para el pueblo de Dios.

(Desde el corazón, p. 377 [31 de diciembre]).

Frente a todo lo que Dios desea para tu vida, ¿Cuál es tu decisión? Es más, te pregunto: ¿nuestra preocupación debe estar centrada en el carácter o en quien moldea el carácter a la imagen de Cristo para así heredar la vida eterna? Piensa en lo siguiente: “Solo por el Consolador, el Espíritu Santo, que Jesús prometió enviar al mundo, puede producirse la transformación del carácter a la imagen de Cristo; y al lograrse este cambio, como en un espejo reflejaremos la gloria del Señor” (Recibiréis Poder, p. 65 [24 de febrero]).

Entonces, ¿entendiste el mensaje de Dios para los que somos la “niña de sus ojos”? Apreciado, apreciada, éxito y carácter aprobado sí son sinónimos en el diccionario divino; y es aquí cuando el consejo de Pablo a Timoteo es mejor entendido y asimilado: “No permitas que nadie te desprecie por ser joven. Al contrario, trata de ser un ejemplo para los demás cristianos. Que cuando todos oigan tu modo de hablar, y vean cómo vives, traten de ser puros como tú. Que todos imiten tu carácter amoroso y tu confianza en Dios” (1 Tim. 4:12, Traducción en lenguaje actual).


Samuel Saito Roncal: Licenciado en Teología, director de Radio Nuevo Tiempo Perú.

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