La claridad de pensamiento está estrechamente relacionada con el combustible que otorgamos a este maravilloso órgano: el cerebro. Así, tanto la alimentación como el oxígeno son fundamentales para su correcto funcionamiento.

Nuestro cerebro es un órgano con una alta tasa metabólica; lo que quiere decir que mientras más lo uses más energía consume. El cerebro es un órgano graso, y necesita ácidos grasos buenos para su correcto funcionamiento. Si comes grasas de mala calidad (saturadas, hidrogenadas, refinadas), las paredes celulares del cerebro también serán de mala calidad, lo que puede propiciar un accidente cerebrovascular, o ictus, o un deterioro cognitivo. Las conexiones nerviosas requieren también minerales, vitaminas del grupo B y aminoácidos para su óptimo funcionamiento.

Por eso, en caso de estar bajo estrés académico, emocional o laboral, es de suma importancia que prestes atención al combustible que usas. Consume grasas nobles, no saturadas, como aceites vírgenes de oliva, palta y pepitas de uva, y evita las grasas trans contenidas en la comida procesada, las frituras y las mantecas vegetales. Suma a esto el consumo de semillas como linaza, chía y sacha inchi, que son conocidas por su alto contenido en ácidos grasos omega (3, 6 y 9).

También ayuda al estado de ánimo incluir alimentos ricos en triptófano, como el garbanzo, que es conocido como el chícharo de la felicidad. Realiza inspiraciones profundas varias veces al día para relajar el sistema nervioso, y mantén una hidratación adecuada, pues la deshidratación produce cansancio y agotamiento intelectual. La alimentación debe producir energía, vitalidad, claridad de pensamiento y vigor intelectual. Si no es así, es momento de revaluar tu dieta. ¡Piensa en eso! RA


Mantequilla de aceitunas

Ingredientes:

  • 100 g de aceitunas picadas (las de tu agrado: negras, moradas o verdes).
  • 100 cc de aceite de oliva o 125 g de mantequilla.
  • 1 cucharadita de tomillo molido.
  • ½ cucharadita de pimienta negra.
  • Jugo de medio limón.
  • 1 diente de ajo picado.
  • 1 cucharadita de semillas de chía remojadas.
  • Sal y pimienta negra a gusto.

Preparación:

Mezclar bien todos los ingredientes en una procesadora de alimentos. Disponer en un recipiente y refrigerar.

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