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Uno de los tantos temas interesantes que encontramos en la Biblia tiene relación con la identificación del “leviatán”, ser al que se lo ha relacionado con diferentes personajes (cocodrilo, monstruo marino, Satanás, etc.).[1] Por medio del presente estudio tomaremos el pasaje de Isaías 27:1 y lo observaremos a la luz de Apocalipsis. Para ello, en primer lugar, analizaremos el pasaje dentro de su contexto; posteriormente, lo examinaremos a través del análisis de palabras, comparándolo con Apocalipsis 12:3 y 13:14; finalmente, daremos paso a nuestras conclusiones.

Contexto del pasaje

Isaías 27:1 se halla en la parte del libro que algunos denominan como “juicio”, específicamente dentro de la porción relacionada con el propósito del juicio de Yahvéh (caps. 24-27), ligado a “la liberación de Israel”.[2] El Comentario bíblico adventista lo ubica bajo el título “Liberación del dominio de Satanás: El gran día de Dios” (caps. 24-35). Específicamente, este versículo está dentro de lo que catalogan como “un himno de confianza en Dios”, (cap. 26:1 al 27:1).[3] Aunque en este texto se hace una referencia a Tiro como enemigo de Dios y su pueblo, como se verá más adelante, pareciera ser que el profeta Juan usa Isaías 27:1 en Apocalipsis para aludir a otros poderes que se oponen a Dios.

Estudio de términos

La palabra hebrea liviatán aparece seis veces en la Biblia. En cuatro ocasiones la encontramos en la sección correspondiente a los libros poéticos (Job. 3:8; 41:1; Sal. 74:14; 104:26) y en dos instancias, en el libro del profeta Isaías (Isa. 27:1; 51:9). El leviatán es una criatura que aparentemente vive en el “mar” y, además, Isaías lo presenta con otros apelativos (“serpiente” y “dragón”), nombres que son sinónimos y se repiten en Apocalipsis 12:9: “dragón, serpiente antigua, diablo y Satanás”. Para “serpiente” el Antiguo Testamento (AT) usa el término najash, el cual comúnmente se traduce como “áspid”, “culebra”, “serpiente” o “víbora”. Es la misma palabra que se emplea para referirse a la serpiente que engañó a Eva en Génesis 3:1. Por otra parte, el término tanín (‘dragón’) significa ‘monstruo marino o terrestre’, ‘serpiente marina, culebra o dragón’. Esta expresión aparece en siete ocasiones en el AT (Sal. 91:13; Isa. 27:1; 51:9; Jer. 51:34; Eze. 29:3; 32:2). Seis de esas veces hace referencia a un poder opuesto a Dios, a veces representado por Egipto o Babilonia. Además, en el AT la palabra “dragón” está asociada al mar o los ríos (Neh. 2:13; Sal. 91:13; Isa. 27:1; 51:9; Jer. 51:34; Eze. 29:3; 32:2).

Paralelos verbales

En la mitología cananea se menciona que el leviatán era una serpiente de siete cabezas que luchaba contra los dioses y las fuerzas del bien, la cual era considerada la personificación de las fuerzas del mal. El leviatán es similar a la bestia marina de Apocalipsis 13 y al dragón de Apocalipsis 12, ambos con “siete cabezas”.[4] El término “dragón” en el Nuevo Testamento (NT) se encuentra solo en Apocalipsis, y está relacionado con Satanás (12:3, 4, 7, 9, 13, 16, 17; 13:2, 4, 11; 16:13; 20:2). La versión griega del AT emplea májaira (‘espada’) en Isaías 27:1, mencionando que Dios usará este elemento para matar al leviatán. Juan usa también májaira como una referencia al elemento que herirá a la bestia marina de Apocalipsis 13:14. A modo de resumen, se presentará un cuadro para ver esta relación.

  Isaías 27:1 Apocalipsis 13:1-3, 14
Criatura Leviatán, serpiente, dragón Bestia marina
Hábitat Mar Mar (vers. 1)
Elemento mortal Espada Espada (vers. 14)

Por medio del cuadro vemos en cada caso la semejanza en cuanto a la criatura, hábitat y elemento mortal. Pero, además, como ya se ha hecho mención, la versión griega de Isaías traduce para “dragón” y “espada” las mismas palabras en griego que vemos en Apocalipsis. Aunque la palabra thálassa (‘mar’) no aparece en la versión griega de Isaías, no es un problema, ya que en la Biblia se sobreentiende que el dragón es un animal acuático (Apoc. 12:15, 16; ver Eze. 32:2).

Paralelos temáticos

Se ha mencionado que Isaías 27:1 está dentro de lo que conocemos como la “liberación de Israel”. Esto es un elemento importante, ya que nos recuerda en todo momento que la salvación no es humana y nada tiene que ver con los méritos propios. También se ha presentado que el leviatán no solo tiene un parecido con la bestia marina de Apocalipsis 13, sino también comparte semejanzas con el dragón de Apocalipsis 12. Esto último no es una sorpresa, si consideramos que ambos pasajes (Apoc. 12:17 y 13:14) se basan en Isaías 27:1 y que, además, ambos personajes (dragón y bestia marina) están íntimamente conectados.[5]

Si estudiamos la estructura de Apocalipsis 12, notaremos interesantes conexiones con ambos pasajes (Isa. 27:1; Apoc. 13), tal como se puede apreciar en el siguiente quiasmo:

(A) El dragón ataca al hijo de la mujer (vers. 1, 2)

(B) Protección de Dios para la mujer (vers. 3, 4)

(C) Batalla en el cielo que se extiende a la tierra (vers. 7, 9)

(D) Júbilo por la victoria alcanzada (vers. 10, 11)

(C’) Victoria en el cielo, no hay victoria aún en la tierra (vers. 12)

(B’) Ataque del dragón a la mujer (vers. 13, 15)

(A’) Protección de Dios para la mujer (vers. 14, 16)

Como se observa, el centro del quiasmo es el júbilo por la victoria alcanzada con la ayuda de Dios (vers. 10, 11). En el versículo 10 vemos ese gozo consumado en su totalidad: “Ahora ha llegado la salvación, el poder y el reino de nuestro Dios”. Por lo tanto, la victoria de los versículos 10 y 11 se refiere a la ocurrida en primer lugar en el cielo (expulsión de Satanás, vers. 7-9), y por extensión, en la tierra, aunque esta última aún está en proceso. El versículo 12 enfatiza este punto: “Por eso, ¡alegraos, cielos y los que habitáis en ellos! ¡Ay de la tierra y el mar! Porque el diablo ha descendido a vosotros con gran furor, al saber que le queda poco tiempo”. Notamos en la primera parte de este verso que el cielo se debía alegrar, refiriéndose a la expulsión de Satanás, pero hay un “ay” por la tierra y el mar, ya que su liberación no se ha completado. A la vez es importante resaltar que tanto la tierra como el mar serían aquellas áreas desde donde nacerían los poderes que se oponen a Dios y a su pueblo en Apocalipsis 13. Por consiguiente, a pesar de que, por lo general, en Apocalipsis 12 se enfatiza la batalla entre Miguel y el dragón, y cómo esta se traslada a la tierra, en el centro del capítulo 12 el profeta quiere resaltar que lo principal no son las persecuciones, batallas y vicisitudes, sino más bien el júbilo que siente el pueblo de Dios al alcanzar la salvación por medio de Cristo Jesús.[6] En otras palabras, así como Isaías 27:1 enfatiza la derrota del leviatán y la liberación del pueblo de Israel por parte de Dios, Apocalipsis 12 y 13 presentan la derrota del dragón, la bestia marina, y la liberación del pueblo de Dios no por mano humana.

Conclusión

Al analizar el término “leviatán/dragón” en Isaías 27:1 en su contexto, y al compararlo con Apocalipsis 12:3 y 13:14, encontramos paralelos interesantes que nos dan la idea de una conexión estrecha entre ambos pasajes. Esta relación es tanto lingüística como contextual. Por lo tanto, es muy probable que Juan tomara prestado de Isaías la figura del leviatán para representar a Satanás y a la bestia marina de Apocalipsis 12 y 13.

El leviatán es un ser que vive en el mar, símbolo del caos, el cual se opone a Dios y a su pueblo. No obstante, es Dios quien está al control de todo, y así como él libró a Israel en el pasado, lo hará con su pueblo en el presente y el futuro. Esta liberación se da por medio de la “espada de Dios”, elemento del cual los cristianos pueden hacer uso, así como Cristo lo hizo en su ministerio terrenal (Mat. 4:4, 7, 10). Se puede concluir que no hay nada que temer al futuro, y podemos gozarnos en nuestra liberación, pues ella está muy cerca.


Referencias:

[1] Raúl Esperante, “What Does the Bible Say About Dinosaurs?”, Ministry, diciembre de 2009. Disponible en: bit.ly/2GcajwQ.

[2] William Sanford La Sor, David Allan Hubbard y Frederic William Bush, Panorama del Antiguo Testamento: Mensaje, forma y trasfondo del Antiguo Testamento (Grand Rapids, Míchigan: Libros Desafío, 2004), p. 361.

[3] F. D. Nichol et al., Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 4 (ACES, 1992), p. 133.

[4] Ibíd., p. 245. Para leer más información relacionada con la mitología del dragón de siete cabezas, ver Edwin Thiele, “The Seven-Headed Best of Revelation”, Ministry, t. 19 (1946). Disponible en: bit.ly/2O0Prz3.

[5] D. A. Carson y G. K. Beale, Commentary on the New Testament Use of the Old Testament (Grand Rapids, Michigan: Baker Academic, 2007), p. 1128.

[6] Mervin Maxwell, Apocalipsis: Revelaciones para hoy, 2.ª ed. (Florida, Buenos Aires: ACES, 2017), pp. 322, 323.

3 Respuestas

  1. Marta Ramona Bina

    Excelente análisis. Muy importante para nosotros, los laicos. Muchas gracias y muchas bendiciones.

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