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—¡Se necesitan misioneros para hablar de la segunda venida de Cristo en Sudamérica! ¿Quién puede aceptar el desafío? Los nuevos creyentes necesitan misioneros.

Este pedido se escuchaba en las reuniones realizadas en la Asociación General de la Iglesia Adventista en los Estados Unidos.

Frank y Mary Westphal se contagiaron con la idea.

—¿Y si vamos nosotros?

No necesitaron decir más. Luego de acomodar sus cuestiones familiares, Frank y su esposa, Mary Thurston, decidieron dejar las comodidades de su país de origen para venir a Sudamérica. Y quiero contar en estas líneas de qué forma el liderazgo de Mary influyó en la difusión de las creencias adventistas en el continente sudamericano.

¿Quién fue Mary?

Mary Vesta Thurston nació en Plainfield, Wisconsin, Estados Unidos, el 23 de octubre de 1860. De niña aceptó las creencias adventistas y de todo corazón anheló prepararse para ser misionera. Así que asistió al Colegio de Battle Creek y se graduó allí.

Mary empezó su primera experiencia de trabajo como secretaria de la Sociedad de Tratados de la Asociación donde trabajaba su padre. Durante algunos años, Mary aprendió todo lo relacionado con la distribución de materiales y la atención de correspondencia. Eso la preparó para desempeñar posteriormente la misma tarea durante varios años en Argentina, Sudamérica.

Mary se casó con el pastor Frank Westphal el 11 de mayo de 1887. Ellos tenían el mismo sueño: ser misioneros en lugares donde las creencias adventistas aún no se conocían. Mary trabajó junto a su esposo en diferentes lugares de los Estados Unidos. Entre 1890 y 1893, tuvo a dos de sus hijos: Carlos Edgardo, en 1890, y Helen, en 1893.

Francisco Westphal y Mary Thurston de Westphal, junto a tres de sus hijos.

Misionera en el continente descuidado

En 1894, Mary y su esposo aceptaron el gran desafío de ser misioneros en Sudamérica, “el continente descuidado”, como lo llamó Frank en su biografía, porque en su época todo lo que se escuchaba era sobre el progreso del adventismo en Europa, África, Australia y Asia. Con entusiasmo, Mary y su familia iniciaron su viaje en barco desde los Estados Unidos vía Inglaterra, y arribaron a la ciudad de La Plata, Argentina, el 18 de julio de 1894. Allí los esperaba Richard B. Craig, un colportor y encargado zonal de la distribución de publicaciones adventistas que había llegado el año anterior.

Al momento de su llegada, Mary se estableció junto a otras familias de misioneros en Buenos Aires, y se preparó para reemplazar la tarea de Craig. Mientras tanto, su esposo Frank iniciaba sus primeras giras de reconocimiento del territorio de la misión. Durante la ausencia de su esposo Mary tuvo que afrontar la enfermedad y la muerte de Helen, su pequeña hijita, ocurrida dos semanas antes del regreso de Frank de su viaje por Brasil durante la primera mitad del año 1895. Su pequeña Helen contrajo sarampión. Su enfermedad la debilitó y se complicó con fiebre escarlatina. Mientras Mary cuidaba a Helen, se enfermó también su pequeño hijito Carlos; pero mientras cuidaba a los dos, la pequeña Helen, de tan solo 18 meses, falleció. Mary agradeció enormemente la asistencia de un misionero de otra confesión religiosa, quien, junto con su esposa, acompañaron a Mary al cementerio de la Chacarita, donde Helen fue enterrada en el lugar designado a los extranjeros. ¡Cuánto anheló la presencia de Frank, su esposo, para soportar su dolor! Pero Frank ni siquiera había recibido las cartas en las que Mary le contaba de la enfermedad de su hijita.

Cuando Frank regresó, su corazón sangró por el dolor, pero ni él ni Mary se quejaron. Ellos cuentan que entendieron como nunca antes el maravilloso amor de Dios, y consagraron sus vidas a su servicio.

Desde 1896, Mary se encargó de enviar informes sobre el progreso de la misión en el continente sudamericano. Desde Buenos Aires relató la ocasión en la que su esposo, Frank, convocó a una semana de oración, la primera reunión de ese tipo que se realizaba en la Misión Sudamericana. El lugar del evento fue en Buenos Aires. Hasta ese momento todos los misioneros que habían llegado desde los Estados Unidos estaban dispersos, afrontando dificultades y dedicando sus mayores esfuerzos a la difusión del evangelio en este campo. Casi todos ellos eran misioneros que se sostenían como colportores, es decir, con la venta de literatura religiosa, pues no había suficiente dinero para que pudieran recibir un sueldo estable. En esas reuniones se bautizaron trece personas.

Frank, al hablar de su esposa, contaba:

“¡Cuánto le debo a mi fiel esposa en esos días difíciles! Mientras yo trabajaba como obrero en el campo y en la presidencia de la obra de la Costa Este, ella, además de sus tareas domésticas y del cuidado de los niños, sirvió como secretaria del departamento de Escuela Sabática y de la Sociedad de Tratados, y como tesorera de todo el campo. Mi labor hacía que me ausentara del hogar frecuentemente, a veces por varios meses, y ella permanecía sola en Buenos Aires, teniendo a su cargo todos los cuidados y las cargas del hogar al igual que su trabajo de secretaria, sin pedirme que regresara de mi trabajo ni una vez. Y tuvo que enfrentar sola las enfermedades de nuestros pequeños y la muerte de nuestra beba; sin embargo, ni una expresión de desaliento o insatisfacción cruzó por sus labios […]. Varias veces la Sra. Westphal me acompañó en mis viajes”.[1]

Mary relató una de sus vivencias de la siguiente manera:

“Necesitaba un cambio de clima y acompañé a mi esposo a Crespo [un centro de la gran obra que había comenzado entre los colonos ruso-alemanes de Entre Ríos]. El viaje remontando el río en bote fue hermoso, pero en el camino rompieron nuestro equipaje y robaron toda nuestra ropa de lana.

“Un buen número de hermanos nos recibieron en el puerto de Diamante y nos albergaron en el hogar confortable del hermano Riffel, donde permanecimos varias semanas. Los hijos de estos hermanos nunca habían tenido el privilegio de asistir a una escuela, así que los reunía todos los días en la casa del hermano Hetze y les enseñaba. Todos tenían pizarras por cuadernos; y nuestros libros de texto eran la Biblia en alemán y el himnario. ¡Qué hermosos momentos pasamos! Me producía gran gozo escuchar a los pequeños cantar, orar y repetir pasajes de las Escrituras. La hermana Hetze siempre me preparaba la cena.

“La gente era muy pobre en esos días, y vivían en casas de adobe; pero todos los niños deseaban hacer algo por mí, así que me traían huevos, leche, pan, tortas, etc. Hoy, algunos de aquellos pequeños a quienes les enseñaba en esa escuela informal son fieles obreros para Dios.

“Más tarde nos establecimos por un tiempo en la vecindad de Crespo. Al principio vivíamos en una casa pequeña de adobe con un solo cuarto, con la madre tierra por piso. Después, el hermano Lust nos construyó bondadosamente una casa con dos cuartos; el cuarto más grande servía para las reuniones.

“Los hermanos nos llevaban a sus hogares vez tras vez, y teníamos reuniones allí con ellos y les enseñábamos a cantar nuestros himnos.

“Los viajes largos se hacían en carros de madera. Dormíamos en camas duras, porque en aquellos días poca gente tenía camas de resortes. Había lugares donde abundaban las moscas y los mosquitos. Las langostas llegaban al campo cada año y comían todo lo verde. Pero dondequiera que íbamos, la gente estaba feliz de hacer lo mejor que podía por nosotros. Aquellos fueron días de bendiciones espirituales, y no hay pena por el sacrificio realizado. Si pudiera, volvería a vivir aquellos años y haría una mejor tarea para mi Maestro. Pero ‘solo pasaremos por ese camino una vez’, así que seamos fieles mientras vivimos cada día”.[2]

Mary tuvo a su hijo Earl en 1899 en Argentina. Mary fue una gran promotora para iniciar las reuniones de Escuela Sabática en el territorio. Sabía que era una importante actividad para el crecimiento espiritual de los miembros y también de interés para los más pequeñitos del rebaño. Se la nombró secretaria de la Escuela Sabática de la Unión.

Llamados para servir en Chile

En 1901, Mary y Frank regresaron a los Estados Unidos y permanecieron allí hasta 1904. Durante ese período, en 1903, nació Ruth Evangelina. En 1904, la familia Westphal recibió una invitación para continuar su obra en Sudamérica. Esta vez en Chile, la región Occidental. La menor de sus hijas, Grace Hazel, nació en Chile en 1905.

En ese lugar, Mary también fue nombrada encargada del departamento de Escuelas Sabáticas y de atender la correspondencia de los feligreses aislados en ese nuevo campo. Escribió varios artículos e informes para la Revista Adventista.

Fiel a su interés por la educación, en 1908, Mary colaboró con los emprendimientos educativos que tenía la Iglesia Adventista en Pitrufquén, Chile. Además, continuó a cargo del Departamento de Escuelas Sabáticas de la Misión de la Costa Oeste (Chile, Bolivia, Perú y Ecuador). En ese momento tenía mucho interés en preparar material para demostrar con ejemplos prácticos cómo enseñar a los niños las lecciones de la Escuela Sabática. Hizo una presentación de lo que estaba proponiendo en la I Convención de Escuelas Sabáticas de la Costa Occidental de Sudamérica, realizada los días 1º y 12 de septiembre de 1909 en la escuela de Púa, al sur de Chile. Continuó a cargo del Departamento de Escuelas Sabáticas hasta 1911. Sus informes y artículos dan cuenta de su entusiasmo por impulsar el estudio de la Biblia y apelar a la necesidad de ofrendar para la misión.[3]

Mary tenía en su corazón el anhelo de ayudar a instruir en cuestiones que fomentaran buenos hogares y lo importante que era que los niños adquirieran una educación.

En 1913, Mary y Frank asistieron felices a las reuniones de la Asociación General de los Adventistas que se celebraba en los Estados Unidos. El siguiente año, 1914, fue de mucho pesar para todo el mundo, pues quedó trastocado con el inició de la Primera Guerra Mundial. Mary escribió: “Estamos todos ocupados, haciendo cuanto podemos […]. Estos tiempos son solo los precursores de tiempos trabajosos […]. Trataremos de usar una gran cantidad del número especial de El Atalaya”.[4]

La disposición y el fervor misionero de Mary hicieron que se la nombrara como encargada del nuevo Departamento de Actividad Misionera en la Conferencia Unión Sudamericana, que comenzó en 1914. Mary recibió la responsabilidad de ese departamento hasta 1916.

Todas estas responsabilidades se sumaban ya a la estrecha colaboración de Mary para fundar una escuela y una iglesia en Pitrufquén, a pocos kilómetros al sur de Púa. Mary se encargaba del cuidado de los alumnos, de la gerencia contable de la institución y otras tareas para la buena marcha del colegio que se inauguró en 1917.[5] Esto repercutió en su salud.[6]

Deterioro de su salud y regreso a los Estados Unidos

En agosto de 1918, un estudiante escribió que lamentaban que Mary se hubiera ausentado por una grave enfermedad y solicitó a la iglesia que se uniese para pedir por la intervención de Dios en su salud.  El ejemplo y la abnegación de Mary “había captado la confianza y el aprecio de todos”.[7] Frank, su esposo, informó en diciembre que se habían trasladado a trabajar a Santiago y que ella continuaba enferma, pero que tenían “paz para con Dios”.[8]

El hijo mayor de Mary y Frank, Carlos Edgardo Westphal (1890-1965), se graduó en la Universidad de Chile como médico en 1918.[9] Fue una alegría para sus padres, pues con acierto vieron que haría una importante contribución como misionero en esa área tan necesitada en Sudamérica.

Debido a los problemas de salud de Mary, los esposos Westphal tomaron la triste decisión de regresar a Glendale, Estados Unidos, en 1921. A pesar de su estado de salud, Mary no dejó de trabajar por el Señor. Una de sus actividades fue enseñar español en su país. Mary falleció diez años después, el 27 de octubre de 1931, en Glendale, California, Estados Unidos.[10]

El legado de Mary

Mary fue una esposa y madre dedicada, una líder y administradora capaz, una educadora de empuje. Se relacionaba con calidez con quienes la rodeaban y conquistaba sus afectos para la misión. Desarrolló diferentes habilidades para colaborar en los distintos desafíos que demandaba la difusión de las creencias adventistas en diversos lugares. Los dones que Dios le concedió como educadora y administradora dieron sus frutos en el crecimiento de la Iglesia Adventista en estas tierras sudamericanas. Entre sus aportes se destacan sus ideas para mejorar la Escuela Sabática e impulsar la actividad misionera, su fidelidad en la administración de la Iglesia Adventista y su colaboración incansable durante los inicios de la obra educativa en la Argentina y en Chile. Siempre la sostuvo su confianza en Dios.[11]


Referencias:

[1] Francisco H. Westphal, Pionero en Sudamérica, trad. Silvia Scholtus de Roscher (Libertador San Martín, Entre Ríos: Centro de Investigación White, 1997), pp. 33-35.

[2] Ibíd., pp. 33-35.

[3] Mary T. Westphal, “La obra de la Escuela Sabática en Chile”, Revista Adventista, t. 11, nº 4 (abril de 1911), p. 12; “El estudio de las lecciones sabáticas”, Revista Adventista, t. 11, nº 5 (mayo de 1911), p. 8; “Informe de las Escuelas Sabáticas de la Conferencia Chilena, cuarto trimestre de 1910”, Revista Adventista, t. 11, nº 7 (julio de 1911), p. 13; “Informe de las Escuelas Sabáticas de la Conferencia Chilena, primer trimestre de 1911”, Revista Adventista, t. 11, nº 8 (agosto de 1911), p. 13.

[4] El Atalaya era la revista misionera de la Iglesia Adventista para el habla hispana. Véase Revista Adventista, octubre de 1914, p. 16, nota 6.

[5] M. T. de Westphal, “Escuela de iglesia de Pitrufquén, Chile”, Revista Adventista, t. 17, nº 10 (octubre de 1917), pp. 9, 10.

[6] F. H. Westphal, Sustentation Fund Application (22 de agosto de 1930), registro de servicios escrito por él mismo el 27/08/1930, en Los Ángeles, California, Estados Unidos.

[7] Revista Adventista, t. 18, nº 19 (12 de septiembre de 1918), p. 16.

[8] F. H. Westphal, “Chile”, Revista Adventista, t. 18, nº 25 (19 de diciembre de 1918), p. 7.

[9] F. H. Westphal, Pionero en Sudamérica, pp. 140, 141. Registro de Servicios de Carlos Edgardo Westphal, Unión Austral de la Iglesia Adventista del Séptimo Día (14 de septiembre de 1953). Fue médico (noviembre de 1919 a marzo de 1923) y director (marzo de 1923 a marzo de 1955) del Sanatorio Adventista del Plata.

[10] Los servicios fúnebres fueron realizados en la Iglesia de Glendale, el 31 de octubre de 1931. Los servicios fueron ofrecidos por los pastores E. W. Fransworth, J. C. Stevens, C. S. Nicolas, Harold Brown y J. W. Rich (“Obituaries”, Pacific Union Recorder, t. 31, nº 17 [26 de noviembre de 1931], pp. 6, 7; J. W. Rich, “Westphal”, Review and Herald, t. 108, nº 51 [17 de diciembre de 1931], p. 22).

[11] La historia completa de Mary Thurston de Westphal aparece en Silvia Scholtus, Liderazgo femenino. En los inicios de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en la División Sudamericana (Florida, Buenos Aires: ACES, 2013), pp. 17-30.

Una Respuesta

  1. David

    Gracias por escribir acerca de personas que ayudaron no en la Asociación General, no en el año 1800 y algo, sino casi en nuestra actualidad personas que si no fueran por ellas (como Mary de Westphal) no habría hoy escuela sabática, u otro departamento.
    Saludos desde Chile, Antofagasta. (OYiM Antofagasta 2019)

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