Una lectura superficial de Daniel 8 y 9 podría parecer que indicara que no existe relación alguna entre los períodos proféticos de los dos capítulos. La razón básica para esto es que el período de tiempo que cubre la visión de Daniel 8 es 2.300 tardes y mañanas, mientras que la visión en Daniel 9 se refiere a 70 semanas. Sin embargo, en las siguientes líneas, se presentan los nexos entre Daniel 8 y 9 que conectan ambas visiones.

En primer lugar, la propia narración anuncia que existe una conexión evidente entre ambos capítulos. La visión de Daniel 8 inicia en el versículo 3 y termina en el versículo 14. Luego de la visión, Daniel no la comprendió, pues menciona que “procuraba comprenderla” (Dan. 8:15). Entonces, un ser celestial, Gabriel, vino a explicarle la visión (vers. 16). Al finalizar el capítulo 8, luego de la explicación dada por Gabriel, Daniel aún está “espantado a causa de la visión, y no la entendía” (vers. 27). Al iniciar el capítulo 9, Daniel sigue preocupado, al punto que revisa el período profético dado por Jeremías, en su intento por entender la visión (Dan. 9:2). Por lo tanto, parece que Daniel 8 no explica en plenitud la visión, razón por la cual Daniel 9 evidencia la preocupación del profeta.

Segundo, cuando Daniel recibe la primera explicación de la visión (8:3-14), los elementos explicados son el carnero con dos cuernos (8:20), el macho cabrío (8:21, 22) y el cuerno pequeño (8:23-25), pero no se da detalles concernientes a la visión de las tardes y las mañanas, sino solamente que es verdadera (8:26). En el capítulo 9, Daniel está preocupado por el tiempo, ya que revisa en Jeremías un período de tiempo (9:2). A esto se debe añadir el hecho de que, mientras Daniel oraba, el ángel Gabriel volvió a aparecer para hacerle entender la visión. La última visión que le fue presentada fue la del ­capítulo 8. Más aún, la explicación es referente al tiempo, 70 semanas.

Tercero, la palabra “visión” aparece trece veces en la versión en español. Sin embargo, en el hebreo, esta palabra se traduce de dos palabras diferentes. La primera es jazón y la segunda es mar’eh. Estas palabras son sinónimas, pero la forma en que se usan en estos dos capítulos es sumamente impor­tante para entender la relación entre Daniel 8 y 9. Daniel 8:1 y 2 introduce la jazón, que incluye toda la ­visión descrita en 8:3 al 14. En el versículo 13 se formula la pregunta de hasta cuándo duraría la jazón. Luego de terminada la visión, Daniel contemplaba la jazón y no la comprendía (vers. 15). Cuando Gabriel llegó, le explicó que la jazón era para el tiempo del fin (vers. 17) y para muchos días (vers. 26). El uso de este término, jazón, parece indicar que se refiere a toda la visión, desde la aparición del carnero con dos cuernos hasta la culminación de las 2.300 tardes y mañanas.

En Daniel 8 y 9 se usa también el término mar’eh de forma diferenciada. Cuando el ángel Gabriel aparece para hacer entender a Daniel la visión, se le dice: “Enseña a este la mar’eh” (Dan. 8:16). Entonces, se le explica a Daniel todo, y al término de la explicación se dice: “La visión [mar’eh] de las tardes y mañanas que se ha referido es verdadera; y tú guarda la visión [jazón], porque es para muchos días” (8:26). En este versículo se hace uso de las dos palabras de forma intencional. Nótese que la visión de las tardes y las mañanas es llamada mar’eh, y no jazón. Aparentemente, esta distinción es para definir que en toda la visión [jazón] está incluida la visión [mar’eh] de las tardes y las mañanas. Además, es interesante notar que se le explicó todo, menos el tiempo profético de las tardes y mañanas llamado mar’eh. En el capítulo 8, Daniel está perplejo, ya no por la jazón, como lo estaba en el versículo 15. Ahora está preocupado por la mar’eh, y no la entiende (8:27). Cuando el ángel Gabriel aparece por segunda vez, se le dice que ahora iba a entender la mar’eh (9:23); es  decir, la visión de las tardes y las mañanas.

A esto se suma que el comienzo de la explicación de la mar’eh en el capítulo 9 se inicia con un período de tiempo, que es justamente lo que no entendió Daniel en el capítulo 8, un lapso temporal. Daniel 9:24 dice: “Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo”. ¿Por qué se habla de setenta semanas? El profeta Daniel estaba preocupado por las 2.300 tardes y mañanas, y ahora se le dice “setenta semanas”; ¿por qué? La respuesta se encuentra en la palabra “determinadas”, que en hebreo es jataj y significa “cortar”. En otras palabras, setenta semanas han sido cortadas para tu pueblo. ¿Cortadas de dónde, o de qué cosa? Mientras Daniel espera una explicación sobre los 2.300 días, el ángel le dice: cortamos 490 días de los 2.300 para tu pueblo. Entonces, según los argumentos presentados anteriormente, se puede afirmar que el período profético de Daniel 9 es parte del período profético de Daniel 8, y estos deben ser entendidos como un todo.RA

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